|
| TODO HOMEOPATIA, SOBRE LA LEY DE HERING: NI LEY NI DE HERING . La llamada Ley de Hering es una de las guías más importantes en el seguimiento y pronóstico de un caso homeopático y se supone que sus enunciados orientan sobre lo correcto o incorrecto del camino seguido. Sin embargo dicha ley no es propiamente tal puesto que su autor seguramente nunca pretendió hacer tal cosa sino, como mucho, algún tipo de observación práctica por lo que sus proposiciones muchas veces no se cumplen en la práctica o son contradictorias. Asimismo se muestra la extrañeza de que conceptos en apariencia tan importantes y básicos se mantengan o tergiversen sin un mínimo filtro como ejemplo de un escaso rigor metodológico. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Ley, Hering, regla, observación, pronóstico, crítica .... Introducción .... ¿Qué diríamos si en un congreso de física, por poner el caso, alguien nos dice que la ley de gravedad de Newton no es una ley puesto que existen múltiples excepciones y que además dicha ley no es de Newton en su totalidad porque parte de ella, la más importante, ya la había formulado otro autor? ¿Y si además resultase que todo esto ya se hubiese expuesto con anterioridad pero aparentemente la comunidad de los físicos en su conjunto no hubiese “reparado” en ello porque no casa con la teoría predominante? ¿Y si, además, no se tratase de un caso aislado sino que con relativa frecuencia ciertos aspectos teóricos no se correspondiesen con la práctica pero se siguiesen repitiendo y repitiendo sin un mínimo replanteamiento y sin saber ya quién los enunció y porqué? ¿Y si encima esta disciplina se quejase amargamente de que la atacan malintencionadamente desde otros ámbitos y no le dejan ocupar el lugar que le correspondería en “la ciencia”? Pues seguramente se nos ocurrirían varias cosas. Una de ellas sería que el rigor no es precisamente una de las características de dicha disciplina. Esta es, a mi entender, la situación actual de la medicina homeopática y aunque en los últimos años se ha avanzado mucho, el peso de cierta tradición mal entendida se deja aún notar con bastante intensidad. Tal como yo lo veo, la homeopatía debería aclararse primero y aclarar después en qué tradición quiere insertarse, si en la científica, en la chamánica o en cualquier otra (todas muy legítimas) y actuar en consecuencia. Esto significa dotarse de unos argumentos claros, sencillos, abiertos a la crítica y en un lenguaje propio de la tradición en la que se quiera insertar (la científica si es el caso). ¿Y por qué digo todo esto? Porque son ya varios los ejemplos en que a poco que se escarbe en conceptos aparentemente consolidados y básicos se descubren inexactitudes llamativas, desencaje con la realidad clínica, inconsistencias varias, etc. Como muestra, y quiero recalcar lo de muestra porque aquí se ven reflejados aspectos que van más allá del caso concreto, abordaré en este artículo la llamada Ley de Hering. Y como en el ejemplo de Newton expondré en primer lugar cómo no es ni nunca pretendió ser una Ley y, en segundo, que tampoco es de Hering en su totalidad. Hering No sería exagerado afirmar que después de Hahnemann la figura de Constantine Hering (1800-1880) aparece como una de las más importantes de la historia de la homeopatía. En efecto sus aportaciones son múltiples y variadas y todas ellas capitales. Enumeremos algunas: experimentador y por tanto introductor principal del medicamento Lachesis, el veneno de la temible serpiente surukuku, en un proving cuasi épico en la Guyana holandesa, introductor en medicina de la nitroglicerina (Glonoinum) para cefaleas y dolores cardíacos 30 años antes de su uso en medicina convencional, considerado con justicia “el padre de la homeopatía americana” fue el fundador de la primera academia homeopática en 1836 en Allentown, Pennsylvania, autor de los Guiding Symptoms of Our Materia Medica en 10 volúmenes, donde plasmó su experiencia clínica de más de 50 años, una de las obras más importantes de toda la historia homeopática. Como se ve cualquiera de estos logros aisladamente ya sería merecedor por sí sólo de la máxima grandeza homeopática, no digamos ya todos ellos en su conjunto. Ley de Hering Sin embargo se conoce también a Hering por una supuesta Ley pronóstica que se supone también los homeópatas vienen utilizando desde hace más de 150 años para orientarse en el seguimiento de una caso. Esta “ley” se puede enunciar de varias maneras pero la más usual sería que para considerar que estamos en el camino correcto tras una prescripción la curación debería de ir: De dentro afuera De los órganos más importantes a los menos importantes De arriba abajo En el orden inverso a su aparición, o sea, los últimos síntomas en presentarse son los primeros en desaparecer. Y tal es la reputación de esta “ley” que incluso se invoca en círculos no estrictamente homeopáticos como el naturismo, herbalismo, acupuntura y otras terapias alternativas... Hacía unos años que me había llamado la atención el comprobar, al hacer un trabajo sobre Sankaran (1) y leer un comentario suyo sobre esta supuesta ley, que el último enunciado de ella pertenecía a Hahnemann (Enfermedades crónicas) y por tanto no a Hering. Por otro lado, tampoco en mi práctica ni en los casos que leía en las revistas ni en los que podía comprobar de los colegas veía cumplirse en su totalidad tal ley, pero como en tantos otros aspectos la tendencia en homeopatía es pensar que algo hacemos mal nosotros y no que la teoría pueda fallar. Y menos aún en este supuesto concreto tan importante y en apariencia confirmado de sobra por el paso de los años. Origen histórico Fue un libro de un estudioso y prestigioso homeópata, el canadiense A. Saine (2), justo es reconocerlo, con el que finalmente pude ir atando cabos en todo este asunto. La pregunta, aunque parezca sorprendente a estas alturas, sería ¿cuándo y dónde habla Hering de esta supuesta ley? La primera sorpresa es que le dedica muy poquito espacio considerando el conjunto de su obra. Como dice Saine ningún homeópata contemporáneo suyo menciona una ley de dirección de la cura y menos atribuida a Hering. Y estamos hablando de Boenninghausen, Jahr, Wells, Lippe, Guernsey, Dunham, Farrington, Allen, Nash, Close, Roberts... o sea, los homeópatas más destacados de la historia en la época más floreciente de la homeopatía. Igualmente cuando se reunieron homeópatas de todo el mundo a la muerte de Hering para rendirle homenaje nadie hizo mención a su famosa ley. Qué extraño todo... ¿Cuál es, pues, la verdadera historia? La primera referencia la encontramos hacia 1845 en el prefacio a la edición americana de Las enfermedades crónicas de Hahnemann. Ahí Hering enuncia básicamente las observaciones de Hahnemann y dice que para una enfermedad crónica se cure totalmente debe acabar en una erupción, aunque también puede aparecer (la erupción) si la curación es imposible o si el remedio es inadecuado...Habla también de que esta erupción representa la totalidad de la acción mórbida que va de dentro afuera y que alivia el sufrimiento del paciente y previene una afección más peligrosa. Y, en la parte más importante para nuestro tema, dice [traducción, cursivas y paréntesis míos]: “...todo homeópata debe haber observado que la mejoría en el dolor (¡sólo habla de dolor!) va de arriba abajo, y el de las enfermedades, de dentro afuera...” Habla también después de una especie de “ley de orden” (order, en inglés, puede tener varios significados) en la que los órganos más importante son curados primero y en la que la curación desaparece en el orden en la cual los órganos fueron afectados, siendo los más importantes en ser los primeros aliviados, después los menos importantes y la piel en último lugar. A propósito de ello y como comenta el Dr. Jean Claude Grégoire (3) este último enunciado es lo contrario de lo que escribe Hahnemann, a saber, que la enfermedad desaparece en el orden inverso en el que aparece... Pero dejando eso a un lado, lo importante es concluir que se trata de un prefacio como presentación de la obra de Hahnemnan y Hering intenta corroborar sus afirmaciones. Pero en lo que a nuestro asunto se refiere Hering habla claramente de dolor y no de otros síntomas. Por otro lado, es obvio que el último enunciado de la “ley” es realmente de Hahnemann y no de Hering puesto que es Hahnemann quien lo escribe en 1828 en Las enfermedades crónicas (4): “Los síntomas que han aparecido los últimos en una enfermedad crónica... son los que ceden primero con el tratamiento antipsórico...” Pasan los años y Hering no vuelve a mencionar nada al respecto hasta 1868 en que en “Hahnemann's three rules concerning the rank of symptoms” ya no habla de ninguna ley sino de unas observaciones, de un plan, una regla práctica y donde, ahora sí, dice que: “...en las enfermedades crónicas donde los síntomas han ido viniendo en cierto orden, en tales casos, el orden durante la curación debería ser el inverso; los últimos deberían desaparecer primero y los primeros los últimos...” Sigamos mencionando de paso que estamos hablando de un artículo de una revista de la época para situarnos en la importancia que podemos darle en el conjunto de su obra. Finalmente en 1875, en Analytical Therapeutics of the Mind sólo se refiere ya al último enunciado de la “ley” (el del orden inverso...) como una regla evidente y práctica y no menciona en absoluto las otras proposiciones. Queda claro pues que Hering nunca pretendió hacer ninguna ley, que todos sus contemporáneos así lo entendieron y que como mucho habla de ciertas reglas u observaciones, y que la proposición aparentemente más importante, la del orden inverso en la desaparición de los síntomas, es de Hahnemann. Sobre esto último, y para estimular la controversia, habría que decir que estamos hablando de los síntomas presentes y quizá no podemos esperar que en un tratamiento homeopático reaparezcan todos los síntomas del pasado del paciente. Práctica En la práctica clínica se ven también situaciones contradictorias con los otros enunciados de la ley. Si tenemos por ejemplo un paciente con una afectación emocional-mental, un problema cardíaco y otro de piel (por este orden), ¿qué debería desaparecer primero, lo mental porque debe ir de dentro afuera, o la piel, porque debe desaparecer en el orden inverso? O como comenta Saine ¿acaso para la desaparición en el orden inverso no habría que tener en cuenta la reversibilidad de las lesiones? Porque muy bien una lesión artrítica podría ser reversible pero otra no y mejorar una y no la otra y la curación no sigue por ello ningún orden aparente. Más ejemplos, puesto que la curación debería ir de dentro afuera (de los órganos más importantes a los menos) quiere decir que previamente la enfermedad habría ido de fuera adentro, profundizando cada vez más... Sin embargo las denominadas enfermedades psicosomáticas parecen ir en sentido contrario puesto que es bastante frecuente que se afecte lo emocional-mental primero y después lo físico (un eccema por ejemplo) y tampoco es infrecuente que se cure primero el eccema (lo físico, o sea lo más externo) y después lo emocional-mental (lo más interno) con lo que se contradice la curación de dentro-fuera, o incluso, también frecuente, que vayan mejorando progresivamente las dos cosas a la vez. En fin que más allá de la bondad de estos ejemplos lo cierto es que se dan situaciones que parecen no adaptarse al dogma de la ley aunque como reglas u observaciones puedan tener su mayor o menos utilidad. Reflexiones finales ¿Cómo se generó entonces todo el equívoco? Quizá no tenga mayor importancia... Saine lo atribuye a Kent, que en un artículo de 1911, Correspondencia de órganos y dirección de la cura”, escribe que “Hering introdujo la ley de dirección de los síntomas...” y seguidamente enuncia las proposiciones de la ley. En todo caso, seguramente no es tanto la responsabilidad de Kent sino la del conjunto de homeópatas que, tan puntillosos a la hora de seguir a pie juntillas a Hahnemann, parecen olvidarse de lo más importante, el espíritu que siempre le guió y que no fue otro que el de poner en duda todo aquello que no pudiese ser corroborado por la experiencia. Y más aún si pensamos que como sucede en otros aspectos de la homeopatía la crítica y/o llamadas de atención ya han sido hechas en el pasado por otros eminentes homeópatas, que nadie inventa nada (y menos este modesto artículo) pero que la comunidad homeopática parece preferir, por razones que se me escapan, el mirar para otro lado en todo aquello que contravenga algún “principio” o postulado que considera intocable ya sea por pereza o por ideología o por no se sabe bien qué. A nivel personal puedo decir que al finalizar la ponencia de la que este artículo es reflejo hablé con un par de colegas de mayor experiencia, y, de nuevo para mi sorpresa, uno ya estaba totalmente enterado del asunto (lo que me hace pensar que muchos otros también) y, la otra, incluso ya había presentado algo similar en otra ponencia hacía años (5). Bien, si esto es así ¿por qué no está al alcance del conocimiento de todos lo que sucede realmente para que no se confundan en su práctica? ¿Por qué no se habla claramente? ¿Por qué a los alumnos de másters y postgrados en homeopatía se les sigue preguntando que enuncien o expliquen y, aún peor, apliquen la Ley de Hering? En fin, por si sirve de algo acabaré con un escrito del mismo Hering (6), como homenaje a su persona y al mismo espíritu crítico que compartía con Hahnemnan. Esta sí me parece la postura no sólo de un verdadero científico sino la de un verdadero sabio. “Sea que las teorías de Hahnemann estén destinadas a perdurar más o menos tiempo, sea que sean las mejores o no, sólo el tiempo lo puede determinar; en todo caso es una cuestión de poca importancia. Generalmente se me considera como discípulo y partidario de Hahnemann, y estoy entre los más entusiastas en rendir homenaje a su grandeza; no obstante también manifiesto, que desde mi primer encuentro con la homeopatía en 1821 hasta hoy, nunca acepté teoría alguna del Organon sólo porque estuviese allí promulgada. No tengo inconveniente en admitirlo ante el venerable sabio en persona. El genuino espíritu hahnemanniano es hacer caso omiso de toda teoría, incluso las elaboradas por uno mismo, cuando resultan contrarias a los resultados de la pura experiencia. Ninguna tiene en absoluto ningún peso hasta que conduzcan a nuevos experimentos y proporcionen unos mejores resultados.” Referencias (1) G. Fernández, P. Udina, Filosofía homeopática de Sankaran, Revista homeopática de la AMHB, 40: 5-11 (2) André Saine, Psichiatric patients I, Lutra Services .B. V., Eindhoven 1997, p. 4-11 (3) Samuel Hahnemann, Les maladies chroniques, Ecole Belge d’Homeopathie, Bruselas, 1985, p. 255 (4) Samuel Hahnemann, Les maladies chroniques, Ecole Belge d’Homeopathie, Bruselas, 1985, p. 190 (5) Dr. Isidre Lara, Dr. Anna Pla, comunicación personal (6) C. Hering. Preface to the first American edition. In the Organon of Homœopathic Medicine. New-York: William Radde, 1836, citado en A. Saine, Hering's Law: Law, Rule or Dogma?, http://www.homeopathy.ca/ Autor: Dr. Gonzalo Fernández Quiroga, responsable del departamento de Bases Teóricas de la Academia Médico Homeopática de Barcelona. Ponencia presentada en el III Congreso Nacional de Homeopatía. Valladolid, 2-4 mayo 2008. Correspondencia: 24428gfq@comb.es Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Homeópatas clásicos, Teoría homeopática Mise au point doctrinale Le monde homœopathique est en plein bouleversement. En effet, depuis l'élan donné par Masi il y a quelques décennies, de nombreuses nouvelles façon de dénicher le simillimum ont fait leur apparition parallèllement à la méthode répertoriale kentiste. A travers ces quelques lignes, le Dr Ph. Servais de Paris nous livre ses réflexions personnelles et lance le débat. Pour situer dans son contexte historique la position doctrinale actuelle d'homéopathes classiques comme moi, issus du Kentisme (et dans la lignée de Pierre Schmidt), je repartirai des années 50-60 avec le docteur Paschero. Celui-ci, influencé par la psychanalyse, a été le premier à remettre véritablement en cause la classification miasmatique traditionnelle (Hahnemann puis Allen etc.). Désireux d'enfin comprendre le patient dans sa dynamique de vie, il a formulé l'idée qu'il n'y avait pas trois miasmes figés et caractérisés par leur type de symptômes (et des malades figés dans leur miasme du moment) mais que chaque patient pouvait exprimer sa maladie ou son mal-être sous trois aspects dynamiques différents qui n'étaient que des expressions réactionnelles d'une même susceptibilité. En rejetant des images toute faites et fixées - comme une photographie - du patient (cf. les tableaux de Tyler), il introduisait, dans la clinique, une dimension vivante, dynamique et réelle, nécessaire à la compréhension du malade. (Comme le rappelle Marc Brunson, dans le passé déjà, Phatak avait permis une autre avancée conceptuelle : la maladie n'est pas exogène comme l'imaginait Hahnemann mais endogène). A la suite de Paschero, le docteur Elizalde Masi va aller plus loin. Alors que son maître n'avait porté sa compréhension et son analyse nouvelle qu'essentiellement sur le patient, Masi - conscient du fondement même de l'homéopathie c'est-à-dire de l'analogie entre un individu et une substance - va extrapoler cette approche dynamique à l'étude des remèdes et aux remèdes eux-mêmes. Là va être son génie. Cette compréhension nouvelle permettra à l'homéopathie de faire un énorme bond en avant. Ainsi donc, il n'y a pas trente types d'individus différents en fonction de remèdes constitutionnels qui leur correspondraient mais il y en a mille sinon un nombre infini ! De ce jour, l'homéopathie ne sera plus jamais la même. Beaucoup d'homéopathes contemporains, même parmi les plus illustres, ont inconsciemment intégré cette idée d'approche dynamique du patient et du remède et ne se rendent plus compte de ce qu'ils doivent au docteur Elizalde Masi sans qui leurs avancées actuelles n'auraient pu voir le jour. Malheureusement, à chaque découverte son revers ! Comme le dit encore Marc Brunson, il y a la doctrine (utile à l'amélioration de la qualité de compréhension du patient et de la matière médicale et donc à la qualité de prescription : prescrire moins en prescrivant mieux) et il y a la méthodologie (techniques utiles pour faciliter le choix du remède). Et la tendance naturelle de tout chercheur consiste à vouloir, à un moment donné, trouver une grille de lecture efficace qui pourrait s'adapter ou se superposer aux connaissances acquises. L'important est alors de rester le plus proche possible du réel et d'avoir la grille la plus ouverte possible. Et c'est là que nombre de collègues et moi-même, tout en ne remettant pas en cause les fondements de la pensée novatrice de Masi, allons prendre une certaine distance. En effet, il va imaginer et entreprendre, chapeautant ses remarquables études et approches des remèdes, dans un essai démiurgique d'appréhension du monde, une relecture théologique (inspirée par Thomas d'Aquin) de la matière médicale, rattrapé ainsi par la vieille tradition moraliste de l'homéopathie transmise par Hahnemann, Allen et Kent. Dans un remarquable et laborieux travail d'application de sa méthode, Marie-Luc Fayeton et, avec elle l'AFADH, va prendre la relève et pousser cette recherche au plus haut avec l'intention, in fine, de trouver, pour chaque remède et donc pour chaque patient, son ״attribut divin envié״. Nous avons alors décroché face à ces hautes sphères de l'intellectualité (pour moi trop distantes de mon expérience clinique, de mon expérience de la vie et même de mon expérience spirituelle). D'une certaine manière, deux tendances inconscientes ont toujours cohabité dans l'histoire de l'homéopathie : celle qui consiste à garde le cap d'une compréhension profonde de la vraie similitude et celle qui consiste à vouloir lui échapper pour réintégrer une pensée plus scientiste. Paschero et Masi ont ce mérite d'avoir remis cette règle de similitude au centre du débat. A partir de 1987, nombre d'entre nous ont donc progressivement intégré une compréhension ״dynamique״ de l'homéopathie. Dès cette époque, grâce à une approche souvent multidisciplinaire, quelques groupes (essentiellement francophones) et, en particulier, pour ce qui me concerne, le GEHU, (parallèlement à ce qui se faisait à l'AFADH avec qui les rapports ont toujours été excellents), ont développé une recherche basée à la fois sur l'approfondissement de la matière médicale (relier par thèmes, en donnant du sens, les pièces éparses du puzzle), sur les cas cliniques révélateurs et sur l'essai de compréhension de la souche grâce à l'étude de la botanique, la minéralogie, la chimie, la symbolique, la tradition etc. A partir de ce substrat, nous nous sommes efforcés de confronter nos hypothèses à la réalité cliniques (approche inductive). Et c'est ce que nous continuons à faire. Tous, nous partageons et échangeons nos résultats. Le partenariat entre le GEHU et le CLH a toujours été particulièrement fructueux. Si des homéopathes comme moi privilégient cette voie de recherche devenue aujourd'hui classique pour tenter de découvrir l'essence d'un remède, c'est qu'elle s'appuie sur le trépied : étude de la pathogénésie/étude de la substance/étude de la clinique. La méthode déductive pure nous apparaît nettement plus aléatoire. Il en est de même pour l'approche du patient. Sans d'abord s'appuyer sur l'un ou l'autre symptôme pathogénétique (ou du moins sur des symptômes vérifiés par des résultats cliniques sérieux), si possible spécifique, il me paraît hasardeux de vouloir prescrire. Se contenter de faire rentrer le patient dans une grille de lecture classifiante (par définition théorique) et figée nous paraît insuffisant. C'est l'éternel mythe de Procuste ! A l'heure actuelle, notre impression est que, à vouloir coller au plus près à une nouvelle approche, d'ailleurs plus méthodologique que doctrinale (la vieille notion de diathèse remise au goût du jour : images fixes et non dynamiques de description du vivant) et dans un souci excessif de classification et de synthèse (qui peut, quelquefois, n'avoir pour but que de trouver une martingale), il y a danger de s'écarter à nouveau de cette notion de similitude. Là est notre inquiétude face à la nouvelle grille de lecture en vogue actuellement, celle entre autres de Rajan Sankaran. Celle-ci exprime un abord déductif et non inductif de la matière médicale : elle ne part pas du patient, de la clinique ni même de la spécificité d'une pathogénésie pour tenter de mieux comprendre un remède dans son essence mais d'un a priori théorique et classificateur. Le remède est alors prescrit ״mécaniquement״ à partir d'une démarche déductive, parfois d'ailleurs complexe. Diverses techniques rationnalisantes et ״facilitantes״ pour trouver le remède ont ponctué l'histoire de l'homéopathie, celle de Rajan Sankaran nous paraissant en être le dernier avatar. Elles sont toutes sûrement occasionnellement utiles mais toutes ont leur limite. Il est donc capital d'être avant tout conscient que l'outil utilisé … n'est qu'un outil et que pour la réussite d'une œuvre (en l'occurrence pour nous la guérison du patient), plusieurs outils seront sûrement nécessaires. Si tel est le cas, il n'y a plus de problème à balayer le champ des possibles. L'important est d'avoir toujours à l'esprit le paradigme qu'on utilise. Ce qui peut distinguer l'homéopathe uniciste moderne dit classique de celui qui suit des voies plus ״New Age״ est la conviction du premier que la base de la pratique homéopathique est et doit rester ce qui en a été le critère fondateur à savoir la pathogénésie. En pratique, il me paraît indispensable de continuer à approfondir la connaissance des remèdes dans leur essence et, pour ce faire, de poursuivre les recherches entreprises. Il est également indispensable d'apprendre à toujours mieux comprendre le patient, non seulement dans sa souffrance et sa maladie mais aussi dans sa dynamique de vie ce qui inclut pour moi son histoire propre. Je me suis attaché, depuis quelques années, - je parle ici en mon nom propre - à développer, en consultation, l'étude de la biographie du patient dans laquelle, je l'observe, l'essence même du simillimum se trouve enfouie. Je me suis ainsi attaché à substituer à la simple idée d'un patient porteur d'une certaine spécificité l'idée d'un véritable personnage singulier à découvrir, pleinement participant à la grande comédie humaine. Aussi ai-je été surnommé le sagaïste de la bande ! Contrairement à certaines approches plus structurées et systématiques du malade, la mienne, peut-être moins transmissible, est essentiellement plus intuitive et globale, faite surtout d'imprégnation du ressenti du patient et de son histoire, à la recherche du symptôme ״qui parle״. Et, s'il faut se définir, je me présenterais volontiers comme un ex-Kentiste, disciple défroqué de Masi, vieux souchiste avant la lettre et jeune sagaïste encore incompris ! _______________________ En début 2002, dans le cadre d'une journée de ״Rencontres״ de l'INHF, j'ai présenté une douzaine d'histoires cliniques, chacune représentative d'un remède et d'un profil de patient. Relisant cette conférence aujourd'hui, quatre ans après, je m'aperçois que tous les cas ont tenu avec le même remède … sauf un qui, hélas, ״s'est cassé la gueule״ en 2003, soit l'année qui a suivi la conférence. Et, bien sûr, vexation suprême pour un homéopathe, il s'agit du remède le plus rare de ceux présentés ! Exit le cas d'Hecla lava, seul cas au monde jamais exposé de ce remède ! Est-ce à dire que sa présentation en était nulle et non avenue ? Non, mais il ne s'agissait que d'un excellent simile et, par conséquent, la compréhension que j'avais pu en tirer du personnage rejoint l'océan des fausses découvertes ! Et pourtant, il me semblait bien que … J'ai essayé de comprendre mon erreur et j'ai fini par trouver ! Emporté par mon enthousiasme d'avoir ״sorti״ un cas de remède rare, j'ai manqué de discernement et suis tombé dans le piège, tant de fois décrié par moi-même, celui de confondre similitude de signifiants et identité d'objet. Ce patient m'avait mis sur la piste en me disant qu'un de ses rêves récurrents le plus habituel était de rêver d'éruption volcanique. Comme, tout en lui, autant ses symptômes que sa vie, évoquait un volcan, j'ai sauté sur le seul remède connu issu d'un volcan. Ce remède a ״tenu״ deux ans pour, ensuite, brutalement, ne plus avoir aucun effet. On peut donc considérer qu'il s'agit d'un cas intéressant. Mais, malheureusement, il ne nous apporte pas ce qu'on peut souhaiter de ce genre de cas où un remède rare est utilisé : une compréhension de l'essence d'un nouveau remède. Etait-il prévisible que cela se passe ainsi ? Tout à fait. Pourquoi ? Pour deux raisons. La première est que je ne me suis pas appuyé sur un symptôme pathogénétique, la seconde est que je ne me suis pas appuyé non plus sur l'idiosyncrasie de la souche. Cette considération simpliste qui consiste à penser ״il me fait penser à un volcan, donc je vais lui prescrire du volcan ״ n'a rien d'une démarche homéopathique et est plutôt d'inspiration ״paracelsique״ (la doctrine des signatures). Ce que je veux affirmer simplement, c'est qu'il était logique que ce remède ainsi prescrit ne se présente pas à terme comme véritable simillimum. Qu'est ce qui est caractéristique d'Hecla lava ? Probablement sa nature volcanique. Mais quelle en est l'idiosyncrasie, la spécificité ? Sûrement pas sa nature volcanique ! Si nous expérimentions une série de pierres de volcan, il est probable que nous retrouverions, dans les pathogénésies, des symptômes évoquant Vulcain. Mais nous ne serions pas encore là dans la véritable homéopathicité. La question à poser devrait être : qu'est-ce qui fait que cette substance est différente de toutes les autres et tout particulièrement des autres laves de volcan. Quelle en est sa nature intime ? Le seul et unique moyen de le savoir est de passer par son expérimentation sur l'homme sain, ce qui, à ma connaissance, n'a pas encore été fait très sérieusement. Nous serons sûrement surpris de découvrir un univers très personnel et subtil, à côté de symptômes bien sûr très ״minéraux״ et très ״volcaniques״. Si nous suivons les voies de certains homéopathes ״new age״, nous pouvons par contre trouver dans la littérature des cas d'Hecla lava comme celui-ci (RS) que j'ai découvert sur l'Encyclopedia. Il s'agit d'un homme atteint de sinusite qui ressent sur le sinus une pression vers l'extérieur lui donnant l'envie d'exercer dessus une pression contraire. Il ressent dans ce sinus une grande chaleur avec l'impression que cela pourrait exploser et il a évidemment l'envie d'éjecter brutalement cette inflammation. Il a donc véritablement une sensation de ״volcan״. En outre, dans sa vie, il éprouve aussi cette sensation de ״pression״ du milieu comme beaucoup d'entre nous. Il se dit trop impulsif, se contrôlant difficilement (impulsion d'achat). Et, comme beaucoup d'entre nous, il a ressenti dans son enfance la ״pression terrible de ses parents״. Et voilà, vite fait, un nouveau cas Hecla lava ! Et si, dans la même veine que ces fantaisies nouvelles, nous extrapolions, la matière médicale d'une autre lave, Vesuvio lava par exemple, que pourrions-nous imaginer ? A côté des sensations de pression, d'explosion auxquelles on ne pourrait sûrement pas échapper, je verrais bien des symptômes du genre ״tout geste du quotidien est ressenti comme pouvant être le dernier״ ou ״impression que le ciel peut lui tomber sur la tête à tout instant״ ou encore ״brutale sensation de brûlure partant des pieds pour ensuite remonter vers la tête״ ! Un nouveau remède est né dont il n'est même plus nécessaire de faire la pathogénésie ! Je me souviens avoir entendu décrire un nouveau remède à la mode, Lac delphinium, d'une telle manière que mon ami Yves Maillé, à côté de moi, me fit cette très juste réflexion : ״on dirait un inventaire de tous les poncifs qui ont cours sur les dauphins dans les documentaires pour enfants״. S'agissait-il vraiment d'un compte-rendu de proving réalisé avec sérieux ? J'en doute ! Dans la même inspiration orientale, n'ai-je pas entendu parler de l'utilisation de la pierre du mur de Berlin comme remède ! Et qu'en était-il dit ? Que, "pour ce remède ״Mur de Berlin״, la matière contient le concept de séparation" !!! (Sic) Arrêtons ces délires, au risque de donner raison à nos détracteurs. Ne nous laissons pas aller à ces facilités ! Arrêtons de chercher désespérément des méthodes simplificatrices pour prescrire plus aisément ! L'histoire de l'homéopathie est ainsi jalonnée de recherches désespérées de martingales ! Aucune n'a tenu avec le temps. Emporté par son enthousiasme lié à des résultats cliniques prometteurs, dans les années quatre-vingt dix, Masi avait un moment laissé entendre que, pour la connaissance d'un remède, la clinique sans pathogénésie pouvait quelquefois suffire. Il a très rapidement compris le danger de ce genre de proposition. En effet, mal comprise elle pouvait laisser entendre que, dorénavant, les provings devenaient inutiles. Or, avoir un bon résultat clinique avec une substance dynamisée ne signifie pas faire de l'homéopathie. Il y a essentiellement deux méthodes pour faire avancer la connaissance de la matière médicale. 1/ La première, traditionnelle, consiste à faire une expérimentation fouillée de la substance, d'en relever tous les symptômes y compris et surtout les plus frappants, les plus spécifiques. A partir de cette pathogénésie et de sa mise en répertoire, le praticien va pouvoir prescrire. La réussite de cas cliniques va permettre d'amplifier la compréhension du remède et de confirmer les symptômes pathogénétiques. 2/ La deuxième consiste, à partir de bribes de pathogénésies, de cas cliniques sauvages réussis ou encore, pourquoi pas, d'une intuition, d'extrapoler une hypothèse de compréhension de la substance et d'essayer de la prescrire pour voir si cette hypothèse se vérifie. En cas de réussite de plusieurs cas abordés selon cette compréhension et seulement à cette condition, l'hypothèse se transforme en proposition sérieuse. C'est ce que l'on appelle faire une induction c'est-à-dire une opération mentale consistant à remonter des faits à la loi, à remonter de cas donnés singuliers à une proposition plus générale. Il s'agit alors d'une proposition porteuse d'une vérité potentielle. Un exemple extrême : ce cas d'Acer negundo que m'a envoyé Marie-Luc Fayeton. Passionnant mais hasardeux ! A partir de quatre symptômes banals, peu valorisés, elle tombe sur Acer circinatus ! Comme ce remède n'existe pas en pharmacie, elle donne Acer negundo (avec l'idée que le patient exprime beaucoup le thème de la beauté et que la plante Acer negundo est plus belle qu'Acer circinatus !). Prescription audacieuse s'il en est ! Pourquoi pas ! En exergue de ce cas qui n'a que quelques mois de recul, elle écrit : ״Il voit et mémorise tout ce qui se passe autour de lui mais ne voit pas ce qu'il fait״. Il ne s'agit ici que d'une pure hypothèse de compréhension de ce remède inconnu, une piste éventuelle qui demande confirmation. 3/ Il existe, dans le monde homéopathique actuel, une troisième méthode, nouvelle. Elle consiste à employer systématiquement, hors pathogénésie ou expérience clinique, le mode déductif pour tenter d'approcher un remède encore inconnu. (Rappelons que la déduction est un procédé de pensée par lequel on conclut d'une ou de plusieurs propositions données à une proposition qui en résulte, en vertu de règles logiques. On s'appuie alors sur une construction intellectuelle purement logique pour en déduire les vertus d'une substance). On s'appuie alors sur une construction intellectuelle purement logique pour en déduire les vertus d'une substance. C'est la méthode utilisée par les adeptes du tableau de Mendeleïev. Pourquoi pas ! Mais, comme précédemment, les remèdes ainsi découverts n'auront ״valeur homéopathique״ qu'après confirmation des hypothèses proposées par une pathogénésie ou au moins par plusieurs cas cliniques réussis. Le danger de répandre et de généraliser une telle méthode est de faire croire aux homéopathes sans expérience que le raisonnement logique (sans recherche des symptômes spécifiques au patient) peut être une source fiable et sûre de prescription, alors qu'il ne s'agit que d'une pure proposition de technique expérimentale de recherche avancée pour homéopathes confirmés possédant parfaitement la connaissance de la matière médicale classique ! Si cette méthode de recherche, en soi, ne me dérange pas, je m'inscris en faux contre son utilisation généralisée en pratique clinique et plus encore dans l'enseignement. Autre méthode déductive, celle appliquée au monde végétal. Là, bien plus que pour le monde minéral avec le tableau de Mendeleïev (qui a le mérite d'une classification scientifique rigoureuse, vérifiée au fil des décennies), l'aléatoire me paraît être la règle. Vu ce que l'on sait de la classification morphologique des plantes, les prémisses utilisées (regroupement par famille) me paraissent très approximatives et l'abord déductif par conséquent peu fondé. Autre méthode déductive encore, celle qui consiste à imaginer la spécificité d'un composé minéral à partir de la connaissance qu'on a (ou qu'on croit avoir) des deux éléments simples qui le forment. Tout homéopathe expérimenté a un jour, devant un patient légèrement amélioré par Sulfur et par Calcarea, tenté de lui prescrire Calcarea sulfurica ! La plupart du temps, ce raisonnement ne donne hélas pas de résultat, ce qui est logique puisque le composé a lui-même sa propre idiosyncrasie qui ne se résume pas à la pure juxtaposition des deux éléments qui le structurent. Par cette méthode, on en arrive malheureusement (les légendes deviennent vite des vérités dans le monde homéopathique !) à des descriptions de remèdes totalement fantaisistes. Ajoutons que ceux qui ont lancé cette mode semblent en outre très mal connaître leurs bases de matière médicale ! Ainsi, Jan Scholten attribue-t-il au radical ״nitric״ ou ״kali״ des vertus pour le moins étonnantes, bien éloignées de la réalité clinique. Les prémisses ici sont non plus seulement aléatoires mais carrément fausses ! Nous avons à notre disposition une science merveilleuse dont le fondement est sa méthode expérimentale originale. Nous avons parallèlement toute la richesse de notre clinique, pour peu que nous restions rigoureux dans notre pratique. Confrontant inlassablement ces expérimentations avec cette clinique, nous continuons tous les jours à découvrir d'autres horizons, des champs inexploités, des remèdes nouveaux ou oubliés. Partant toujours de ces pathogénésies et de cette clinique, nous forgeons des hypothèses nouvelles sur certains d'entre eux que nous confrontons inlassablement à la réalité de notre pratique. Ainsi pouvons-nous confirmer ou infirmer certaines pistes de compréhension. Et il s'avère que nous parvenons quelquefois, par cette voie rigoureuse, à élargir nos connaissances pour le plus grand bien des patients. Laissons à d'autres divagations et vaticinations ! Mais alors, si nous nous refusons aux dérives présomptueuses qui ont parfois pour but d'asseoir une réputation de prescripteur hors-pair, de fine lame ordonnancière face aux collègues subjugués, ne nous faut-il pas d'autant plus sérieusement et scrupuleusement analyser le résultat réel de nos prescriptions face à nos malades ? Dans notre clientèle, nous nous retrouvons le plus souvent confrontés à des maux chroniques divers et variés. Sans même parler de maladies chroniques bien définies, nous avons à prendre en charge des organismes fonctionnant de travers, cahin-caha. Nous avons la nécessité d'abord de faire le relevé précis de tous ces dysfonctionnements. Les âmes étant aussi en peine, nous avons également à en relever les plaintes. Pourquoi cet état des lieux préalable, précis et exhaustif, si ce n'est pour définir, avec le patient, la hauteur du projet de guérison et, par voie de conséquence, l'intention que nous, praticien, allons mettre dans notre prescription ? Si ce n'est également pour, après traitement, pouvoir juger objectivement des améliorations ou guérisons obtenues et ne pas considérer comme guérison ce qui ne l'est pas ? En d'autres termes, à la fin d'une consultation et lors de la prescription, nous devons nous poser la question : qu'est-ce que j'attends du remède donné ? Nous connaissons, pour l'avoir tous vécu, les possibilités parfois incroyables de l'homéopathie. Il nous faut donc définir le cadre du possible, en mettant bien sûr la barre au plus haut. Nous savons pouvoir guérir une polyarthrite rhumatoïde ou un lupus, nous savons pouvoir aider nos patients à transformer leur vie en les allégeant du poids de la peur et de l'angoisse. Mais de là à nous affubler des atours de demi-dieu comme des homéopathes ont pu le faire, il y a de la marge ! Certains en effet ont quelquefois dépassé cette limite. Fréquentant depuis des lunes le monde homéopathique, j'ai vu courir les idées les plus folles, qui ont, hélas parfois, causé à leurs auteurs de sérieux ennuis et fait courir à l'homéopathie les plus grands dangers par accusation de pratique sectaire. J'ai également vu des confrères, impressionnés par l'idéalisme extrême de certaines doctrines, ne plus oser prescrire quoi que ce soit par crainte de faire une suppression ! Suppression signifiant alors enfer et damnation. Imaginez ! Bien prescrire c'est-à-dire prescrire le fin du fin du simillimum, ce serait permettre au patient de se réconcilier avec Dieu et, accessoirement, … de guérir de ses maux ! Hors cette prescription magistrale, point de salut ! Mon intention, par ces quelques réflexions à bâtons rompus, est de vous enjoindre à garder, en bon praticien, les pieds sur terre. En effet, par sa nature même, subtile, l'homéopathie pourrait facilement nous faire glisser vers ces horizons neptuniens où la raison n'a plus cours. Ne soyons - et cette remarque s'adresse tant à moi qu'à vous tous - ni trop présomptueux dans l'exercice de notre art (de façon ou innocente ou triomphante) ni trop fanatique (le fanatisme se situant, en ce qui nous concerne, dans l'au-delà de la rigueur) ! Auteur: Dr Philippe Servais, 2006. Publié sur le portail Homeobel le 25 Décembre 2008. Source: http://www.homeobel.org/?page=article&id=37 Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Epistemología homeopática ¿MEDICINA ALTERNATIVA? UNA APROXIMACIÓN A LAS METÁFORAS DE SALUD Y ENFERMEDAD EN LOS DISCURSOS MÉDICOS OFICIAL Y HOMEOPÁTICO 1. INTRODUCCIÓN La Modernidad ya no es lo que era. La confianza ciega que antaño tuvimos en la ciencia se ha quebrado, la promesa de un futuro siempre mejor gracias a los avances de la tecnología y el conocimiento aplicados a la vida cotidiana ha dejado de ser una creencia casi unánimemente compartida. Asistimos en el cambio de milenio al que pudiera ser el principio del fin del monopolio del conocimiento por parte de la ciencia. La amenaza de la degradación del medio ambiente por la acción humana, el solitario anonimato que experimentamos cuando acudimos a los grandes aparatos de la burocracia estatal, la frialdad con la que las grandes empresas apuntan a su cuenta de costes las víctimas de un escape de gas venenoso, la ansiedad que nos produce simplemente comer porque desconocemos qué componentes tóxicos habrán sido empleados para producir nuestro alimento... La ciencia y la técnica ya no son sólo aquel compañero que haría nuestra existencia más plena. Hemos tomado conciencia de los riesgos que comporta para la vida misma el dominio de la tecnociencia en todos los aspectos de la vida (Beck, 1998). Por eso cada vez buscamos más alternativas en conocimientos antiguos y olvidados, o en los procedentes de culturas que hasta ahora nos resultaban ajenas y hasta inferiores (Aparicio Mena, 2007). Al mismo tiempo, nos volvemos contra ese colectivo al que antes confiábamos sin dudar nuestra suerte para pedirle explicaciones de ese saber que tan celosamente se ha mantenido apartado del escrutinio público (Moral Ituarte y Pedregal Mateos, 2002). Por vez primera se articula una crítica al conocimiento científico, a menudo desde dentro de la propia ciencia (Bochatay et. al., 2002). Por su parte, los defensores de la ciencia dura se repliegan y contraatacan calificando de superchería y barbarie cualquier conocimiento ajeno al que ellos producen (Lizcano, 2006:73-92). El conflicto está servido, y ya ha sido incluso bautizado: las Science Wars, las guerras de ciencia (Blanco, 2001). La medicina es probablemente la ciencia más presente e influyente en nuestra vida cotidiana, y para gran parte de las personas representa el único contacto directo con la práctica científica. Interviene sobre una dimensión universal de la vida humana, como es la salud, de ahí que constituya un campo dónde las tendencias descritas más arriba se manifiestan con mayor claridad. La medicina occidental comienza a ser cuestionada, mientras nuevas disciplinas emergen proponiendo terapias radicalmente distintas a las de aquella, de las cuales la homeopatía es quizá la más extendida y socialmente aceptada. Ahora bien, teniendo en cuenta que la intervención sobre el cuerpo está regulada legalmente en nuestras sociedades, y más adelante veremos por qué, el conflicto entre la medicina "convencional" y las medicinas "alternativas" se recrudece y politiza intensamente cuando las segundas reclaman su incorporación a un marco legal hasta el momento monopolizado por la primera (Mantero de Aspe, 2000). Una situación que vivimos actualmente en España. Ahora bien, ¿cuáles son las diferencias reales entre la medicina convencional y la homeopatía?, ¿cómo perciben y construyen el cuerpo sobre el que actúan? En este texto me propongo acceder a la estructura subyacente de ambos discursos a través del análisis de las metáforas que lo constituyen. Con Paul Ricoeur (2001), George Lakoff y Mark Johnson (2007) y Emmanuel Lizcano (1999, 2006) consideraré que las metáforas son algo más que una figura literaria de fines puramente estéticos. Por el contrario, la metáfora es un mecanismo cognitivo fundamental presente en todo discurso, imprescindible para organizar la percepción. La metáfora nos sirve para definir objetos difíciles de aprehender por su novedad o relatividad (por ejemplo, el amor, la confianza, etc.), de modo que los entendamos en términos de otros más concretos o más familiares para nosotros. En este sentido, todo concepto es siempre metafórico. Respecto al presente estudio, me concentraré en aquellas metáforas referentes a cómo se entienden el cuerpo, la salud y la enfermedad y el papel del profesional desde los dos tipos de medicina. No me detendré en las metáforas que cotidianamente encontramos en nuestra cultura (y que Ricoeur califica de muertas, precisamente porque hemos olvidado que lo son), ni aquellas típicas de la ciencia como modo de conocimiento, como por ejemplo, el uso de metáforas visuales (observación, a la vista de, etc.) o la ocultación del sujeto hablante para crear sensación de distanciamiento. He escogido dos textos como ejemplos de la cosmovisión de las dos medicinas. El primero, alineado con la medicina científica, es un dossier elaborado por la asociación Arp - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, a petición del Institut d’Estudis de la Salut (Departament de Sanitat i Seguretat Social de la Generalitat de Catalunya). Titulado "¿Es efectiva la homeopatía?", lo firman Carlos Tellería, Victor J. Sanz y Miguel A. Sabadell y se encuentra disponible en Internet en la dirección http://www.arp-sapc.org/articulos/homeopatia/ . Por su parte, el documento con el que estudiaré el discurso homeopático, de título "Homeopatía: Fundamentos Científicos", es un artículo aparecido en el volumen 6-número 2 de la revista FMC-Formación Médica Continuada en Atención Primaria (disponible en la web) correspondiente a febrero de 1999. Sus autores son tres médicos, los doctores Alfredo Ballester Sanz, M.J. Sanz Franco y Electo Galán Grau. El interés principal de ambos reside en que comparten un mismo tono y un mismo contenido, aunque desde posiciones opuestas: la legitimación de la perspectiva propia y la crítica a la del contrario. De este modo, en los dos se encuentran claramente expresados los principios de cada disciplina, tanto por parte de quienes se adscriben a ella como por sus adversarios. No obstante, cabe aclarar respecto a la homeopatía que no se trata de un saber tan unificado como la medicina oficial, de manera que existen diferentes corrientes autodefinidas como homeopáticas pero que difieren profundamente en sus enfoques. De todas maneras, no he seleccionado el texto prohomeopático como representativo de esta disciplina en general, ni de ésta o aquella tendencia dentro de la misma, sino de un estilo de concebir el cuerpo y la salud desde las medicinas alternativas, como se verá más adelante. Finalmente, me gustaría aclarar que desde estas líneas no pretendo juzgar la mayor eficacia de una u otra terapia, tarea que excede con mucho las posibilidades de este artículo. Mi objetivo será únicamente examinar los pre-juicios (en sentido literal del término: los juicios previos) con los que la medicina oficial y aquellas que se presentan como alternativa construyen su objeto de estudio y entienden su propia labor como saberes. 2. LA SALUD DESDE LA PERSPECTIVA DE LAS CIENCIAS SOCIALES Los conceptos de salud y enfermedad son universales culturales. Todas las sociedades conocidas conciben en sus imaginarios estados saludables y no saludables del cuerpo, así como discursos para explicar el paso de unos a otros y prácticas preventivas, curativas y de protección de la salud. Ahora bien, la variabilidad de estos relatos y prácticas relativos a la salubridad es enorme, distinta para cada cultura. El carácter expansivo de la cultura occidental y su hegemonía mundial en los últimos siglos ha provocado que creamos posible sólo una medicina, la medicina científica, la propia de nuestra cultura. Y sin embargo, existen muchas medicinas posibles, o mejor dicho, muchas posibles formas de afrontar la salud y la enfermedad, de las cuales la nuestra es sólo un ejemplo. La medicina científica occidental se diferencia notablemente de cualquier otro modo de comprender y actuar sobre la salud y la enfermedad, principalmente en cinco puntos: 1) En su forma de concebir el cuerpo. Como todo el pensamiento científico occidental, la medicina cosifica el cuerpo, lo piensa como objeto, reduciéndolo a variables mensurables. De esta forma, el cuerpo pasa a ser sólo un espacio en el que se desarrollan los procesos de salud y enfermedad (Foucault, 2007). 2) En su explicación de las causas de la salud y la enfermedad. Al objetivar el cuerpo, la medicina lo convierte en un caso, concreción de una normalidad estadística. En consecuencia, la salud no se explica por la relación de la persona en un medio ambiente (natural y social), sino que se individualiza en el cuerpo aislado. La enfermedad pasa a ser un proceso exclusivamente biológico, y se describe asociando síntomas físicos a cuadros típicos, estadísticamente definidos. Dicho de otro modo, la atención se desplaza desde los enfermos a las enfermedades (Idem., Illich, 1978). 3) En el papel del sanador. Aunque la existencia de personas cuyo oficio es contribuir a la salud de la comunidad es muy antigua, el rol del sanador varía sensiblemente en la medicina científica. Tradicionalmente, el sanador ejercía el papel de mediador entre el sujeto y el medio ambiente. En la medicina occidental moderna, el médico pasa a monopolizar el ámbito de la salud hasta el punto de asegurarse legalmente que sólo un profesional de la medicina puede intervenir sobre el cuerpo. Los médicos son los únicos capacitados para producir salud y controlar la enfermedad: sólo ellos conocen el oscuro mundo de la enfermedad y sólo ellos tienen la competencia para utilizar las tecnologías (en sentido amplio) necesarias para restaurar la salud (Illich, op. cit.; Szasz, 1979). 4) El sujeto queda así despojado de la capacidad de controlar su propia salud, en la medida que su cuerpo es un objeto manipulable sólo por profesionales sanitarios. Históricamente cada cultura disponía de una serie de reglas de conducta (morales, dietéticas, sexuales, etc.) individuales y colectivas que el sujeto asimilaba para cuidar de su propia salud. La medicina moderna extrae de la sociedad la capacidad de velar por la salud y se la asigna para sí. De este modo, el individuo pasa a una posición heterónoma, en la que depende del médico para conservar su salud (Illich, op. cit.: 171-79). 5) Por último, la medicina científica difiere también en la definición de su tarea. En lugar de integrar la experiencia del dolor y la muerte en un sistema de significado que los haga inteligibles para el ser humano, como había sucedido hasta el presente, la medicina científica se fija como misión la eliminación de aquellas (Ibid.: 179-278), lo que René Dubos (1975) calificó como el espejismo de la salud. Obviamente, se trata de un objetivo inalcanzable, mas la medicina no deja de perseguirlo como un horizonte perpetuo. En el proceso la presencia de la medicina en la vida cotidiana no deja de crecer, acentuando así la posición dominante de sus profesionales y la dependencia del resto de la sociedad para afrontar la salud y la enfermedad. En suma, la medicina científica moderna supone una ruptura histórica con los modos de tratar y comprender la salud y la enfermedad. Se ha constituido como un campo, en el sentido que Pierre Bourdieu (1997:199-201) le da a este concepto, caracterizado en otras cosas por separar nítidamente lo sagrado de lo profano, vale decir, los sabios y los legos. Sin embargo, es un campo expansivo, extiende su influencia por toda la sociedad al asegurarse el control de una dimensión fundamental de la vida humana como es la salud. Por ello también podemos considerar con Foucault que la medicina científica constituye un dispositivo de saber-poder, esto es, una multiplicidad de instituciones, discursos y prácticas dispersos por todo el cuerpo social, estructurando un orden de jerarquías, posibilitando una determinada lectura del mundo y construyendo a los individuos como sujetos y objetos del conocimiento (Moro Abadía, 2003). Como todo saber, la medicina no se define únicamente como un conjunto de reglas de producción de discursos considerados ciertos, sino que produce efectos de poder (Foucault: 1991, 1997). Aunque discrepo de Foucault y sus seguidores en considerar la voluntad de poder como el único motor de la producción simbólica (1), es indiscutible que la medicina científica no puede entenderse si se oculta (como a menudo trata de hacer la profesión médica) la dimensión de poder/ dominación que entraña (Rodríguez y De Miguel, 1990). Ésta se compone al menos de cinco ejes: A) Control social: la medicina es uno de los principales dispositivos de ejercicio del biopoder. Para Foucault (1987:161-194; 1996:193-220) la característica fundamental de la Modernidad es la particular forma en la que se ejerce el poder. Si tradicionalmente el poder se ejerce sobre la tierra, en la Modernidad el poder se aplica directamente sobre la vida: persigue la potenciación y multiplicación de la fuerza vital sometida. La vida, tanto a nivel de la especie como del cuerpo individual, pasa entonces a ser un problema político, de modo que se construyen dispositivos de control que atraviesan todo el campo social: la demografía (con la que se mide el movimiento natural de población, y las consiguientes medidas de regulación de la natalidad), la sexualidad, los espacios en los que se encierran, vigilan y disciplinan los cuerpos (la escuela, la fábrica, la cárcel, el sanatorio mental, etc.) y por supuesto la medicina (Zola, 1972). Todos ellos actúan del mismo modo: problematizan el cuerpo como objeto de estudio y lo disciplinan normalizándolo, ajustándolo a parámetros reconocibles por el poder y susceptibles de ser manipulados por éste. B) Explotación: si en la Modernidad el poder busca multiplicar y a la vez dominar la vida es porque no se basa tanto en la extracción de riqueza como en la de tiempo y trabajo de los cuerpos. El capitalismo, ese rey sol a cuya sombra se despliega la entera vida moderna, es inseparable del cuerpo social, lo explota, se sostiene y reproduce en él, tanto la vigorización como el control de los cuerpos se vuelve política y económicamente rentable. Por eso la medicina no sólo cumple una función de control, sino de ajuste de la población a los procesos económicos y de inserción de los cuerpos en el aparato productivo (Foucault, 1992: 144-149). De ahí la prioridad que la medicina científica otorga a la curación sobre la prevención: uno de sus objetivos primordiales es la reincorporación del enfermo a la cadena de producción y consumo (Chossudovsky, 1983). C) Distribución: La medicina contribuye, además, a reforzar las desigualdades sociales. A pesar de la censura que la profesión médica ejerce sobre las causas sociales de la enfermedad, numerosos estudios muestran que las desigualdades sociales explican gran parte de las diferencias en salud, de modo que al ignorar éstas como causas de la insalubridad la medicina reproduce las estructuras jerárquicas de la sociedad (Durán, 1983; Muntaner y Benach, 2005; Navarro, 1978; Rodríguez y De Miguel, 1990: 53-97; Waitzkin, 1989). Además, los recursos sanitarios se distribuyen de un modo escandalosamente injusto: se gasta más en quien menos lo necesita (Rodríguez y De Miguel, 1990: 12-13; Waitzkin, 1983). La clase social es también un factor de diferenciación de las capacidades de salud. Las clases altas disponen de más recursos para acceder a los mejores medios sanitarios y capacidad para emplearlos y relacionarse con los profesionales. Las clases populares en cambio se ven despojadas por el monopolio médico de sus tradicionales medios comunitarios de regulación de la salud, por lo que se ven a merced de un complejo sanitario que se les presenta como única alternativa (Boltanski, 1975). Por último, la investigación médica privilegia la búsqueda de remedios a enfermedades propias de los grupos dominantes, como han puesto repetidamente de manifiesto las críticas feministas (Fox Keller, 1991; Ortiz Gómez, 1999). D) Profesional: El monopolio de los médicos sobre la salud de la población les confiere una posición dominante en la estructura social. Los médicos definen la salud y la enfermedad, asignan recursos, dirigen el complejo sanitario, controlan la educación en salud y la formación de los futuros profesionales, designan los procesos terapéuticos y se aseguran que nadie sino ellos pueda llevarlos a cabo. Todos estos elementos hacen de los médicos uno de los cuerpos profesionales con mayores privilegios y capacidad de decisión e influencia. No es tampoco de extrañar que sea una de las profesiones mejor valoradas y retribuidas (Illich, 1978; Freidson, 1978, 1986). E) Acumulación de capital: la salud es también un negocio que proporciona gigantescos beneficios. La atención sanitaria privada, las corporaciones farmacéuticas, de producción de tecnología y bienes de equipo sanitarios y últimamente las de productos dietéticos o las editoriales de libros y revistas de promoción de la vida saludable componen un complejo industrial al que interesa -y mucho- mantener y aumentar la dependencia de la medicina científica por parte de la población. Constituyen un formidable grupo de presión que fortalece una demanda de salud que sostenga el mercado sanitario (Huertas, 1998; Starr, 1982; Waitzkin y Waterman, 1974). En suma, el saber médico se encuentra articulado con un conjunto de intereses que le inclinan a mantener, e incluso intensificar, sus postulados fundacionales. En dos sentidos principalmente. Primero, en que profundice cada vez más en el cuerpo buscando las causas de la enfermedad, de modo que un mecanismo del campo médico es prestigiar la investigación cuanto más pequeño, abstracto e impenetrable es el objeto de estudio, proceso que comparte con otras ciencias, siempre en busca de principios constituyentes, como la física de partículas (Thuillier, 1990: 172-74). Segundo, en sentido casi contrario al anterior, medicalizar cada vez más aspectos de la vida, como un modo de extender la influencia y poder de la medicina en la sociedad. Los trastornos mentales, la dieta, la belleza, la sexualidad, la discapacidad, las adicciones e incluso el comportamiento (merced a su supuesta explicación por la genética) han pasado a ser considerados objetos del conocimiento médico, y como tal susceptibles de ser tratados por el mismo, lo que equivale a decir que pueden ser curados (Allué, 2003; Conrad y Schneider, 1980; Marquez y Meneu, 2007; Sontag, 1980; Szasz, 1962). Mientras tanto, la medicina científica muestra cada vez una incapacidad mayor para asegurar la salud en nuestras sociedades, en especial con relación al descomunal volumen de inversión que moviliza (Carlson, 1975; Illich, 1978). Se manifiesta que la medicina pone sus propias necesidades por encima de las de la población a la que supuestamente sirve. Empieza a plantearse la existencia de una contradicción entre salud y sanidad (Rodríguez y De Miguel, 1990: 1-46). Este es el escenario en el que otras medicinas, en principio opuestas a la oficial, se ofrecen como alternativa. 3. EL TRATAMIENTO HOMEOPÁTICO La homeopatía es un medio terapéutico que tiene su origen en el médico alemán Samuel Hanneman (1755- 1843), si bien algunos homeópatas lo remontan a Hipócrates y reivindican también el papel de Paracelso (Ballester Sanz et. al., 1999: 71-73). Como metodología sanitaria, la homeopatía se sitúa en la tradición empirista, en oposición al racionalismo cartesiano típico de la medicina oficial. Así, mientras ésta procede deductivamente buscando en lo particular tendencias generales (esto es, enfermedades en los síntomas de cada persona), la homeopatía se concentra en el caso concreto y lo relaciona con la generalidad del ambiente en el que se encuentra inserto el cuerpo (Ibid.). El principio en el que la homeopatía apoya su sistema curativo es la Vis Natura Medicatrix o fuerza vital, equivalente al physys griego, y que da cuenta de la capacidad natural del cuerpo para sanar autónomamente (Esteva de la Sagra, 2006: 86-87). La tarea de la terapia sería entonces el apoyo y dinamización externa de dicha potencialidad del cuerpo para sanar por sí mismo. De ahí parte la crítica homeopática a la medicina científica, por ignorar la virtud de la Vis Natura Medicatrix, empleando en su lugar remedios químicos externos, potencialmente tóxicos o agresivos para el organismo. ¿Cuál es la alternativa propuesta desde la homeopatía? Basándose en las observaciones de Hanneman, en principio confirmadas en estudios posteriores, la terapia homeopática defiende que la curación no debe proceder de elementos contrarios a los que provocan los síntomas de las enfermedades -como sucede en la medicina científica- sino de sustancias que produzcan los mismos síntomas. A este principio se le conoce como ley de semejanza, y de él toma nombre la homeopatía, etimológicamente "curar con lo mismo" (2) (Ullman, 1990: 30-35). La homeopatía afirma que el tratamiento basado en la ley de semejanza sigue la misma lógica que uno de los procedimientos más extendidos de la medicina oficial: la vacunación. Al igual que en una vacuna, los remedios homeopáticos pretenden curar a partir de sustancias que produzcan en el cuerpo los mismos síntomas que la enfermedad, aunque viendo reducida su potencia. Así, se estimula la capacidad autocurativa del organismo al exponerlo a estímulos similares a los de la enfermedad. La toxicidad de las sustancias que componen los medicamentos homeopáticos se reduce diluyendo en agua en dosis infinitesimales y agitando repetidamente el preparado, presumiendo que el agua adquirirá de este modo las propiedades de dicha sustancia (Ibid.: 38-42). Esta metodología se fundamenta en la llamada ley de infinitésimos, y constituye uno de los principales blancos de crítica a la homeopatía por parte de la ciencia oficial, en la medida que contradice algunas de las teorías centrales de la química. Los homeópatas por su parte se defienden afirmando que su disciplina no persigue tanto explicaciones causa-efecto como efectividad en el proceso terapéutico, toda vez que además sus remedios son mucho menos agresivos para el organismo que los de la medicina oficial (Ballester Sanz et. al., op. cit.: 73). Por otro lado, los preparados homeopáticos no son genéricos, algo que contradiría algunos de los postulados fundamentales de su filosofía. Cada remedio debe adaptarse al caso concreto, de modo que su efecto depende del metabolismo del sujeto, que a su vez depende de su estado general: temperamento, genética, medio social, etc. Este es el tercer principio de la homeopatía, la ley de individualización, y se resume en una máxima: no hay enfermedades, sino enfermos (Ullman, op. cit.: 33-38). La homeopatía localiza en la persona unos síntomas, para el cual selecciona unos remedios de similares características, y ajusta la dilución y composición final del mismo en función de las particularidades del caso. Así pues, la homeopatía es una terapia holista y empírica, preocupada antes de los procesos curativos que de la acumulación de conocimientos. Constituye por tanto un saber muy distinto al de la medicina científica. Al menos en principio. 4. METÁFORAS DEL CUERPO Y LA TERAPIA EN DOS SISTEMAS TERAPÉUTICOS Una vez repasados a grandes rasgos las características más significativas de las medicinas científica y homeopática vamos a comenzar el análisis de sus discursos a partir de las metáforas que los sustentan y de las jerarquías establecidas entre las mismas. Recordemos que me limitaré a las metáforas específicas de los discursos sobre la salud, el cuerpo y el papel del médico en el proceso curativo, obviando aquellas comunes a nuestra cultura en general y a los discursos científicos en particular. Comenzando por el texto alineado con la medicina científica, no sorprende que la principal operación metafórica ataña a la inversión operada entre sujetos y objetos. Así, las principales metáforas referidas a la persona enferma la construyen como objeto, subrayan su pasividad e impotencia en el conjunto del proceso curativo: "Sin embargo, esto no es suficiente para postular que los pacientes estaban afectados por la misma enfermedad" "Ahora bien, durante esta experiencia no se realizó ninguna investigación sobre los virus (estudios virológicos) causantes de los síntomas gripales observados en los diferentes pacientes" "(...) interpretó que estaba padeciendo los síntomas propios de la fiebre, como enfermedad" "(...) enfermos repartidos en dos grupos de forma aleatoria, uno de los cuales recibe el oscillococcinum y el otro un placebo" He ahí el por qué del nombre con el que la medicina nos califica al tratarnos: el paciente, metáfora que comparte campo semántico con pasividad, que sugiere inmovilidad, resignación, conformidad. El paciente recibe, es observado, es atacado, es prescrito. Pero nunca interviene en su propia salud, nunca adopta una posición activa, participativa (3). Resulta igualmente significativo el abundante uso de formas verbales en modo pasivo o pasivo reflejo, que tienen la virtud además de ocultar al sujeto hablante, una estrategia retórica típica del discurso científico. Por lo demás, a partir de la metáfora principal que cosifica a la persona se desarrolla una red de metáforas secundarias que refuerzan esta objetivación. Una de las más importantes es la que considera al enfermo un recipiente: "En efecto, en una vacunación se inocula a un paciente un germen debilitado, buscando la reacción natural del organismo" "Así, en el caso de la medicina científica, ésta tiende a conocer todos los procesos que ocurren dentro del organismo, a fin de conocer las causas de los males... " En el mismo sentido, otra metáfora es la que retrata al individuo como un espacio o superficie: "Los efectos observados en su propio organismo fueron precisamente los típicos de un estado febril, lo que llevó al médico alemán a asociar los síntomas producidos por la sustancia en un individuo sano, con sus efectos sobre un enfermo con idénticos síntomas." "No existen cuadros específicos y universales de una enfermedad, sino que los síntomas son únicos en cada enfermo" O la que lo entiende como producto: (...) ¿Cómo pueden realizarse experimentos clínicos si, en virtud de la ley de la individualización, es imposible obtener grupos homogéneos de enfermos?" De hecho, uno de los pocos momentos en los que se reconoce actividad por parte del enfermo es precisamente para subrayar que, al fin y al cabo, ha de aceptar su condición de parte pasiva en la relación con la medicina: "La publicación de los resultados satisfactorios que algunas personas creen haber tenido tras someterse a un método homeopático parece surtir más efecto en la comunidad que los artículos explicando que los productos homeopáticos no tienen efectos farmacológicos." El rol de sujeto es, sin embargo, mucho más difuso. Recae en una serie de elementos que intervienen en la salud y la enfermedad, que tienen poco en común entre sí salvo por dos puntos. Primero, todos son de rango inferior al cuerpo, es decir, son más pequeños o elementales que el cuerpo de la persona: componentes del mismo (órganos, tejidos, sistemas, células, hormonas, genes...) o elementos externos orgánicos (virus, bacterias, hongos, etc.) o inorgánicos (sustancias, elementos químicos, medicamentos, etc.). Segundo, todos ellos entran dentro del campo de conocimiento casi exclusivo del saber médico, ya sea por su aparente invisibilidad -escondida en el espesor del cuerpo al que sólo el profesional tiene acceso, u observables sólo a través de su atenta mirada o empleando sus instrumentos-, ya por la complejidad en su entendimiento, en la comprensión de su existencia y funcionamiento, terrenos reservados del experto, fuera de la capacidad del lego. Estas dos características coincidentes son, en realidad, coherentes entre sí y con la construcción discursiva de la persona como objeto. En efecto, como ya comentamos más arriba, el mecanismo explicativo de la salud en la medicina oficial pasa por buscar sus causas en procesos exclusivamente físicos anclados en el cuerpo, si bien la enfermedad siempre proviene de elementos externos, desplazando la atención desde la totalidad a los componentes microscópicos. No es de extrañar entonces que este saber emplee lo que Lakoff y Johnson (op. cit.: 63-70) denominan metáforas ontológicas, aquellas que personalizan los objetos dotándoles de cualidades humanas, cuando habla de estos microcomponentes. Otorgándoles un protagonismo que niega al mismo ser humano, la medicina científica asegura su monopolio del conocimiento y la práctica sanitarios, pues sólo el médico dispone de los recursos necesarios para penetrar en su mundo opaco, sólo su mirada se encuentra convenientemente entrenada para atisbarlos tras el síntoma visible. El mismo enfermo carece de la competencia necesaria para comprender lo que le sucede, o mejor, lo que sucede dentro de su cuerpo y por debajo de su percepción. Necesita, en consecuencia, al especialista. Así, la propiedad compartida por esta multiplicidad de objetos, agentes de la salud y la enfermedad, la que motiva que se constituyan en blanco de las metáforas ontológicas, es quedar fuera del conocimiento común, ser aprehensibles únicamente por el saber médico. Por ello, a efectos sintéticos condensaré esta variedad de objetos-sujeto en el concepto dominios médicos, que pasaré a utilizar a partir de este momento. Corresponde entonces a los dominios médicos la agencia en la salud y la enfermedad del paciente, como reflejan numerosos pasajes del texto: "Toda sustancia activa farmacológicamente, provoca en el individuo sano y sensible un conjunto de síntomas característicos de dicha sustancia." "Mediante ingeniería genética es posible conseguir cepas bacterianas idénticas a las originales, pero con el gen productor de la toxina bloqueado o eliminado, lo que las hace incapaces de producir enfermedad alguna" "Pero si partimos del hecho de que la causa de las enfermedades no es un desequilibrio en la energía vital, sino que su origen está en agentes patógenos externos." De nuevo, se despliega en el texto una serie de metáforas dependientes de la dominante, consistentes con ella y encaminadas a fortalecer los efectos de sentido que produce. Dado que los dominios médicos son sujetos de la salud y la enfermedad, son capaces de muchas actividades que creíamos propias sólo de seres humanos (4). La metáfora bélica es una de las que con más frecuencia aparecen en este sentido: "Para los homeópatas, sólo existen dos formas de atacar a una enfermedad; con lo mismo, “por simpatía”, mediante aquello que se orienta en la misma dirección que el mal, y con el contrario, “por antipatía”, mediante aquello que se opone al mal directamente." "Mantienen sin embargo su especificidad, por lo que serán reconocidas por el sistema inmunológico como agentes invasores nocivos." "(...)—los elementos químicos y las moléculas inorgánicas no son antígenos, y no disparan ningún tipo de mecanismo inmunológico—" "(...) sistemas de defensa desconocidos para la inmunología" En cualquier caso, los dominios médicos pueden hacer muchas otras cosas. Se relacionan y comunican entre sí, producen e intercambian como en la economía, residen en espacios, median y reaccionan como en los conflictos políticos, tienen propiedades, manipulan objetos y por supuesto curan y enferman: "Los experimentos ideados por Benveniste consistían básicamente en poner en contacto preparados de leucocitos con suero de cabra cada vez más diluido en agua destilada, y comprobar si los leucocitos (o más concretamente, mastocitos y basófilos) reaccionaban frente a los anticuerpos anti-IgE presentes en el suero (antisuero anti-IgE), liberando histamina y otros mediadores vasoactivos e inflamatorios." "Como la penicilina produce una reacción alérgica, entonces cura la urticaria. Como puede curar una neumonía, también puede provocarla. Como cura la gonorrea, la debería causar a los sanos. Como la estreptomicina puede curar la tuberculosis pulmonar, puede hacer enfermar de tuberculosis a los sanos. De igual forma, los antihipertensivos deben ser igualmente capaces de producir un aumento de la tensión arterial." "Una segunda hipótesis sería aquélla según la cual el principio activo modifica no se sabe qué característica del disolvente, que conservaría así las cualidades de aquél" "¿Por qué el soluto transmite al disolvente sus cualidades curativas y no su toxicidad?" "Para la Homeopatía y demás Pseudomedicinas, las causas de las enfermedades no son las mismas que las que investiga y descubre la Medicina Científica, a lo más, sólo participan como coadyuvantes, sólo son comparsas en la producción de las enfermedades." Asimismo, los dominios médicos también tienen cualidades similares a las nuestras: "Así, los medicamentos fuertes —o sea, los que matan, como el arsénico— deben administrarse en dosis poco elevadas; los menos fuertes, en dosis más elevadas; y los débiles, a personas sanas de constitución delicada, irritable y sensible." "Esto lo explican diciendo que con dosis infinitesimales disminuye la toxicidad del preparado —algo que resulta obvio—, pero simultáneamente aumenta su efectividad y rapidez curativa" "Para realizar un diagnóstico correcto homeopáticamente hay que realizar una lista exhaustiva de la sintomatología pero, debido a la ley de la Individualización, fijándose en aquellos que sean los más sorprendentes, originales, inusitados y personales." Ahora bien, si los dominios médicos son los sujetos de la salud y la enfermedad, ¿cuál es entonces el lugar del médico? Usurpada la actividad del profesional, éste necesita un espacio dónde ubicar su práctica, y que necesariamente no puede ser la intervención activa, pues está reservada a los dominios médicos. Y sin embargo, el médico participa, si no nos veríamos obligados a cuestionar su existencia. Esta contradicción se resuelve discursivamente asignado al médico la metáfora del gestor. Como un funcionario o un técnico, el doctor se limita a una aplicación racional de una metodología rigurosa. No se implica, sino que orienta el proceso que se desarrolla dentro del organismo. Al igual que al escribir, la medicina tiende a reducir la participación del médico como sujeto activo, probablemente con la intención de evitar cualquier sospecha de que su subjetividad forma parte de la terapia: "La curación se puede obtener mediante la administración de una pequeña cantidad de la sustancia cuyos efectos sean similares a los de la enfermedad" "Este proceso desencadenado por la vacunación supone además una diferencia notable entre la vacunación y un tratamiento homeopático." "En el caso de la homeopatía, se pretende extender el método de vacunación a síntomas —no a gérmenes específicos—, suministrando principios activos no necesariamente biológicos" "No existen cuadros específicos y universales de una enfermedad, sino que los síntomas son únicos en cada enfermo, y por tanto la aplicación del tratamiento es único e intransferible" Otra metáfora que habla del médico y que coincide parcialmente con la anterior, es la del mecánico. De nuevo, el médico aparece como un técnico: repara las piezas de un mecanismo, que en realidad funciona por sí mismo: "Ya sólo le queda a Roy poner en práctica las técnicas homeopáticas, es decir, poner a punto un tratamiento “eficaz” en las enfermedades" Por supuesto, además de administrar el médico observa y nombra. De su mirada depende que el síntoma indique la enfermedad que aqueja a su paciente, y en consecuencia la curación más apropiada, las cuales están ya prescritas. El profesional debe limitarse a aplicarlas: "(...) la Homeopatía ni diagnostica verdaderamente ni trata causalmente las enfermedades" "Este estudio consiste en la ya mencionada suministración de distintas sustancias a un individuo sano, para observar si los síntomas producidos son iguales a los de la enfermedad que se desea curar" Hasta aquí he atendido a las metáforas que articulaban el discurso del texto crítico con la terapia homeopática. Lo que más sorprende cuando se afronta el documento que defiende la postura contraria, favorable a la homeopatía y crítica con la medicina oficial, es que el uso de las metáforas es el mismo. Veamos por ejemplo cómo se conceptualiza metafóricamente el cuerpo desde el discurso homeopático: "(...) los pacientes que recibieron los medicamentos homeopáticos mejoraron apreciablemente más que los que recibieron su correspondiente placebo" "(...) seleccionando a pacientes de un solo remedio como premisa de inclusión" "(...) por lo tanto, no cubre la totalidad del enfermo" "(...) el proceso de curación avanza desde las partes más profundas del organismo (mental, emocional y órganos vitales) hacia las externas, como la piel y las extremidades" El cuerpo como objeto, como recipiente, como superficie: las mismas metáforas que se ponían en juego en el discurso crítico con su práctica. En cuanto al papel de los dominios médicos, volvemos a encontrarlos como verdaderos responsables de la salud y la enfermedad: "La acción de un medicamento es diferente según el estado del sujeto o del órgano afectado." "(...) si repetidamente damos en personas sanas este medicamento reproduce síntomas muy parecidos a los de la gota" "El medicamento homeopático interviene en ese esfuerzo natural del organismo organizándolo, desbloqueándolo y estimulándolo, para conseguir finalmente la restauración de la salud" "El Profesor Bonavida, en la Universidad de California, está actualmente estudiando los efectos biológicos de ciertas moléculas antitumorales a concentraciones inferiores a las tóxicas usadas en la actualidad. Los resultados obtenidos indican que, a dosis 1.000-10.000-100.000 veces menores, no tienen efecto ellas solas" En principio, asumir las metáforas que invierten la relación sujeto-objeto entre el cuerpo y los dominios médicos parece que pudiera ser contradictorio con los principios homeopáticos, que defienden la capacidad de autocuración de la persona. Si el enfermo tiene un potencial de curación, no parece apropiado construirle como objeto. Esta contradicción es salvada por el discurso homeopático introduciendo nuevos sujetos: el organismo, la fuerza vital: "La fuerza vital es la expresión que los homeópatas emplean para referirse a los procesos energéticos y defensivos interconectados en el organismo, es decir, la capacidad innata del cuerpo para protegerse y curarse por sí mismo. La homeopatía reconoce la capacidad innata del organismo para mantenerse sano gracias a su fuerza vital, que regula sus funciones y reacciona de manera automática ante las agresiones externas, con el objetivo de restituir la salud. Esta capacidad de la fuerza vital, llamada vis natura medicatrix..." "La fuerza vital gobierna al organismo material tanto en el estado de salud como en el de enfermedad. Los síntomas son la expresión del desarreglo de la fuerza vital (fuerza directora de las funciones vitales)." Aunque "el cuerpo" o "el organismo" son figuras que se encuentran más próximas a una definición de la persona como tal, en el discurso homeopático no dejan de ser una mediación semántica que escamotea un papel consciente y participativo del ser humano en su propia salud. Una vez más el enfermo es apartado del proceso curativo, dejando que sean la energía vital dentro de sí o su organismo quienes lo comanden. Del mismo modo, la homeopatía encuentra un espacio para el profesional, que de nuevo vuelve a ser el de gestor riguroso de unos procesos y unas metodologías que escapan al conocimiento de la mayoría: "[La curación] puede obtenerse mediante la administración (a dosis infinitesimales), de la sustancia que produce experimentalmente en el individuo sano síntomas semejantes a los del enfermo." "La homeopatía es un método terapéutico que favorece la reacción del organismo enfermo mediante la aplicación de la Ley de semejanza." "Los tratamientos homeopáticos son aplicables tanto en niños, adultos o embarazadas." Escudándose en el método impersonal, la participación activa del homeópata es eufemizada. Se limita a aplicar, a administrar, a gestionar. No nos resulta una novedad. El discurso homeopático comparte, con apenas unos pocos ajustes, las mismas metáforas con el de la terapia que dice criticar. Lo cual nos indica, en primer momento, que construyen su perspectiva del mismo modo. Pero, ¿cómo es posible que dos saberes que parten de principios tan diferentes acaben llegando a una misma meta? El análisis de sus metáforas puede volver a sernos de utilidad para tratar de averiguarlo. 5. DENTRO Y FUERA DEL LÍMITE Una de las grandes paradojas de nuestro tiempo es que hemos comenzado a cuestionarnos la ciencia en el mismo momento de su triunfo casi definitivo, aquel en el que definitivamente se ha coronado como el saber por excelencia, el más reconocido en toda la sociedad. De hecho, quizá el único conocimiento legítimo. Quizá sea por que, como reza la conocida máxima del gran Antonio Gramsci, lo viejo ha muerto sin que lo nuevo acabe de nacer. Por el momento no podemos renunciar a la ciencia, pero tampoco la aceptamos acríticamente. Ni con la ciencia, ni contra la ciencia. Esta ambigua posición es muy común en el pensamiento contemporáneo y está dando lugar a saberes híbridos, difusos, fronterizos. Considero que la homeopatía es uno de esos saberes. Ya su fundador, Samuel Hahnemann, mostraba una actitud ambivalente hacia la ciencia. Sus seguidores no han hecho sino acentuarla. Deseosos de alcanzar el reconocimiento como saber, los homeópatas, o al menos una parte del movimiento, llaman a la única puerta que puede garantizárselo: la de la ciencia. De ahí que abracen lo que Steve Woolgar (1991) ha llamado la ideología de la representación característica del cientifismo, y que afirma que el conocimiento científico es una fiel representación de unos hechos externos que están ahí para ser descubiertos, sin participación del sujeto del conocimiento. El distanciamiento, la anulación de la subjetividad, ese gran mito moderno, es la precondición de respetabilidad en el mundo científico, al que la homeopatía aspira. Esa es la razón por la que, en mi opinión, la homeopatía toma el arsenal discursivo de la ciencia, y en concreto el de la medicina, y lo utiliza con la esperanza de ser reconocida como terapia. De ahí el uso de las mismas metáforas en los dos textos. Precisamente el análisis metafórico va a ayudarme a ilustrar mi argumento. Dado que los dos documentos escogidos suponen una crítica cruzada entre las dos terapias, sus discursos explicitan claramente la cuestión de la cientificidad (lo que sin duda equivale a legitimidad) de la homeopatía. Unos, para reclamarla, los otros para negársela. Como no podía ser de otro modo, los argumentos de ambos muestran una profusa utilización de metáforas, que además vuelven a ser coincidentes. La primera de ellas es la que piensa la ciencia como un espacio, acotado por unos límites. Ello implica que en la ciencia se está o no se está: "Sus propias palabras constituyen un rechazo de la ciencia como forma de conocimiento, fenómeno éste muy frecuente en toda una serie de doctrinas y disciplinas actuales que se ubican a sí mismas “en las fronteras de la ciencia”." "(...) si partimos de la respetabilidad de los resultados como un punto fundamental dentro del método científico" "En Octubre de 1989 se celebra en Toulouse un “Foro de las medicinas alternativas y de la vida natural”. En ella tenían sitio propio, desde la homeopatía y la acupuntura, clásicos ya de las alternativas a la medicina, hasta terapias más recientes como la nutriterapia, la macrobiótica, la aromaterapia o la astrología médica. En medio de ellas, y muy en su lugar, estaba Jacques Benveniste presentando una ponencia sobre la memoria del agua" (Texto crítico con la homeopatía) Especialmente en esta última cita podemos visualizar la lógica metafórica de la ciencia como espacio. La ciencia tiene unas fronteras que la definen claramente y unos puntos que la cartografían en el interior, se sobrentiende, los del método científico. Quienes no se encuentran dentro de él, tienen un sitio, pero no es el de la ciencia. Por su parte, los homeópatas directamente abren su artículo con la siguiente frase: "La homeopatía es una medicina actual que se integra perfectamente dentro de la corriente de ciencias médicas y humanas que llamamos medicina holística." Además de la metáfora espacializadora que trata de disipar cualquier duda acerca de la interioridad de la homeopatía en ciencia, los autores añaden que su disciplina se encuentra dentro de una corriente. Esta segunda metáfora añade un componente que sugiere el movimiento, y acaso también el carácter imparable, de la medicina holística: se está desplazando hacia dentro del espacio científico. A partir de este momento, se produce un esfuerzo continuo por localizar la homeopatía en la ciencia. Como el camino de baldosas amarillas del cuento El Mago de Oz, los autores insisten en que la metodología homeopática sigue el camino de la ciencia y que sus cimientos se enraízan en su campo: "Todo el método de Hahnemann está basado en la experiencia, que no es ciega o casual, sino que adquiere el carácter de experimento científico al seguir los pasos del método inductivo en el descubrimiento y comprobación de la “ley de semejanza” Finalmente, los homeópatas culminan su introducción en la ciencia desplazando a la propia medicina del futuro de la sanidad: "La medicina del siglo XXI, posiblemente, se centrará en métodos que estimulen las respuestas inmunológicas más que en tratar los síntomas" Así, mientras quienes están dentro de la ciencia tratan de expulsar de sus fronteras a la homeopatía y ponerla en su lugar, los aspirantes a introducirse se imaginan recorriendo un camino que inexorablemente les llevará no sólo a ocupar un sitio en la ciencia, sino a expulsar del centro de la misma a sus actuales ocupantes. En terminología foucaultiana podemos decir: un campo se ha constituido como espacio de luchas, dentro de las cuales un mismo objeto puede ser revertido tácticamente. Una segunda metáfora en la que el conflicto se manifiesta es más típica del discurso científico: la legalidad. El método científico es una ley, o más bien un código legal, cuyo estricto cumplimiento y aplicación es otra condición de legitimidad del saber. De nuevo las dos posturas comparten la metáfora, pero la emplean como arma en sentidos diferentes: los críticos de la homeopatía afirman que ésta viola las leyes, mientras que desde la posición contraria se proponen demostrar su respeto a las mismas: "Hay que señalar que los medicamentos homeopáticos no cumplen los mismos controles que los fármacos" "Estos principios, establecidos por Hahnemann y que son aceptados como dogmas por los homeópatas, contradicen abiertamente los principios de la física, la química, la farmacología y la patología" "Atendiendo a la historia de la medicina, es muy sospechoso que los principios homeopáticos no hayan sido puestos en tela de juicio y se los considere casi como leyes fundamentales de la naturaleza." (Texto crítico con la homeopatía) Para los autores de este documento, no es que la homeopatía no tenga leyes, es que sus leyes se oponen a las de la ciencia, suponen un código legal diferente y lo que es peor contradictorio con el de la ciencia. Si se aspira a ser científico, ha de aceptarse que se juzgue la legitimidad de sus principios con el código legal de la ciencia, algo de lo que ellos mismos se encargan. Veredicto: culpable. La homeopatía está fuera de la ley científica. Los homeópatas, por su lado, reproducen la misma estrategia discursiva que realizaron anteriormente. En un primer momento, buscan una legitimidad interna, recordando que su disciplina está regulada, tiene leyes: "Cuando se utiliza un solo remedio en todos los enfermos para una enfermedad no puede decirse que se cumplen las leyes homeopáticas de la individualización del remedio" En segundo lugar, la homeopatía no sólo tiene sus propias leyes sino que también cumple con la legalidad científica: "[Hahnemann] Aplicó los pasos del método científico de modo irreprochable" Por último, se invierte la posición del contrario, recordando que determinadas técnicas sanitarias de la medicina oficial cumplen las leyes homeopáticas. Si un elemento aceptado como científico por la medicina tradicional es respetuoso con la ley homeopática, entonces todo el código legal de la homeopatía ha de ser reconocido como científico: "Un ejemplo de un medicamento que cumple la ley de semejanza es Colchicum (colchicina) para tratar la gota" 6. A MODO DE CONCLUSIÓN El conflicto entre la medicina tradicional y la medicina homeopática forma parte de una batalla más amplia, en la que están en juego los medios de legitimación del saber. La salud es uno de sus principales frentes, en tanto concierne a una dimensión fundamental de la vida humana. El cuestionamiento de la medicina científica, que algunos autores denominan incluso como crisis de la salud (Rodríguez y De Miguel, 1990: 3), abre la posibilidad a que nuevas terapias establezcan una concepción más activa e integral de la salud, que no oculte las causas sociales y ambientales de la enfermedad como ha venido sucediendo en los dos últimos siglos. La homeopatía es una de las disciplinas que con más fuerza apuestan por llenar este vacío. Sin embargo, la búsqueda de legitimación de su saber motiva que algunos de sus partidarios prefieran adoptar todos los tópicos del discurso científico en lugar de establecer uno propio y original, una auténtica alternativa que recupere el lugar de la colectividad en la regulación de su salud. Evidentemente, no pretendo extender esta pesimista conclusión a todas las medicinas alternativas, y ni siquiera a todo el saber homeopático. Para intentarlo sería necesario al menos ampliar la muestra documental. No obstante, sí permite advertir que una construcción del discurso fundamentado en las metáforas de la ciencia tradicional muy probablemente conduzca al fracaso. Como recuerda Emmanuel Lizcano (2006: 251-55), los grandes proyectos de transformación social han fracasado en parte por que no han sido capaces de liberarse de las metáforas del enemigo. Y aunque las metáforas vivas -aquellas que se perciben todavía como tales y que aspiran a ser nuevas interpretaciones de la realidad (Ricoeur, op. cit.)- necesiten relacionarse con las metáforas dominantes para consolidarse en lo social (Lizcano, op.cit.: 68-71), asumir todo el aparato discursivo del rival supone jugar en su terreno, aceptar sus pre-juicios y por tanto tener la batalla perdida. Dicho en términos bourdieanos, si se acepta entrar en un campo, han de aceptarse también las reglas que rigen en el mismo (Bourdieu, 1997). Los homeópatas que tratan que su disciplina sea reconocida como parte de la ciencia pretenden jugar con su baraja un juego que no es el suyo y en el que el oponente tiene todos los ases en la manga, si se me permite el símil. Difícilmente podrá ser admitida la homeopatía en el campo científico si renuncia a la búsqueda de explicaciones del tipo causa-efecto, prioriza la efectividad terapéutica sobre la modelización formal, niega la posibilidad de un conocimiento acumulativo y se enfrenta a la mayor parte de los principios de otras ciencias como la química. Los fundamentos teóricos de la homeopatía tienen difícil ajuste con la metodología científica tal y como se encuentra formulada hoy día, algo de lo que parecen ser más conscientes sus críticos que los propios homeópatas. Si existe alguna posibilidad de que la terapia homeopática se asiente como un saber legítimo, ésta no pasa por la academia, sino por establecer un lenguaje propio y, por supuesto, por que la sociedad, o al menos parte de ella, lo asuma como válido. BIBLIOGRAFÍA Allué, M. (2003), DisCapacitados, Barcelona, Bellaterra Aparicio Mena, A.J. (2007), "La Antropología Aplicada, la Medicina Tradicional y los Sistemas de Cuidado Natural de la Salud", Gazeta de Antropología, 23, Texto 23-14, disponible en http://www.ugr.es/~pwlac/G23_14AlfonsoJulio_Aparicio_Mena.html Ballester Sanz, A., Sanz Franco, M.J. y Galán Grau, E. (1999), "Homeopatía. Fundamentos Científicos", FMC-Formación Médica Continuada en Atención Primaria, 6(2): 71-78 Beck, U. (1998), La Sociedad del Riesgo, Barcelona, Paidós (ed. orig.1987) Benach J y Muntaner C. (2005), Aprender a mirar la salud. Cómo la desigualdad social daña nuestra salud, Barcelona, Montesinos-Viejo Topo Blanco, R. (2001), "Guerras de la Ciencia, Imposturas Intelectuales y Estudios de la Ciencia", Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 94: 129-152 Bochatay, L., Maglio, F., Brondino, A., Feldman, R. y Flichtentrei, D. (2002), " Los Saberes y la Cardiología Contemporánea: Una Mirada Crítica al Conocimiento Médico". AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, 21, disponible en http://www.aibr.org/antropologia/boant/articulos/EN0201.html Boltanski, L. (1975), Los usos sociales del cuerpo, Buenos Aires, Periferia, (ed. orig.1971) Bourdieu, P. (1997), Razones Prácticas, Barcelona, Anagrama, (ed. orig.1994) Carlson, R.J. (1975), The End of Medicine, Nueva York, John Wiley Chossudovsky, M. (1983), "Derechos Humanos, Salud y Acumulación", en Vicente Navarro (comp.) Salud e imperialismo, Madrid, Siglo XXI Conrad, P. y Schneider, J.W. (1980), Deviance and Medicalization: From Badness to Sickness, St. Louis, Mosby Dubos, R. (1975), El Espejismo de la Salud: Utopías, Progreso y Cambio Biológico, México DF, FCE, (ed. orig.1959) Durán, M.A. (1983), Desigualdad Social y Enfernedad, Madrid, Tecnos Esteva de la Sagra, J. (2006), "La homeopatía: Interpretación histórica de un debate interminable", OFFARM, 25 (4):86-91 Foucault, M. (1987), Historia de la sexualidad: Volumen 1, la Voluntad de Saber, Madrid, Siglo XXI, (ed. orig.1976) Foucault, M. (1991), Saber y verdad, Madrid, La Piqueta Foucault, M. (1992), Microfísica del poder, Madrid, La Piqueta Foucault, M. (1996), Genealogía del Racismo, Santa Fé, Caronte, (ed. orig.1976) Foucault, M. (1997), Las palabras y las cosas, México DF, Siglo XXI, (ed. orig.1967) Foucault, M. (2007), El Nacimiento de la Clínica. Una Arqueología de la Mirada Médica, Madrid, Siglo XXI, (ed. orig.1963) Fox Keller, E. (1991), Reflexiones Sobre Género y Ciencia, Valencia, Alfons el Magnanim, (ed. orig. 1985) Freidson, E. (1978), La Profesión Médica: Un Estudio de Sociología del Conocimiento Aplicado, Barcelona, Península, (ed. orig.1970) Freidson, E. (1986), Professional Powers: A Study of the Institucionalization of Formal Knowledge, Chicago y Londres, The University of Chicago Press Huertas, R. (1998), Neoliberalismo y Políticas de Salud, Barcelona, El Viejo Topo-FIM Illich, I. (1978), Némesis Médica, México DF, Editorial Joaquín Mortiz, (ed. orig.1976) Lakoff, G. Y Johnson, M. (2007), Metáforas de la Vida Cotidiana, Madrid, Cátedra (ed. orig.1980) Lizcano, E. (1999), "La Metáfora Como Analizador Social", Empiria, 2: 29-60 Lizcano, E. (2006), Metáforas que nos Piensan, Madrid, Bajo Cero-Traficantes de Sueños Mantero de Aspe, A. (2000), El Ejercicio Médico de la Homeopatía en España a Finales del Siglo XX (Análisis Médico-Legal), Tesis Doctoral del Departamento de Toxicología y Legislación Sanitaria de la Facultad de Medicina de la UCM, Madrid, disponible en http://www.ucm.es/BUCM/tesis/19972000/D/0/D0113501.pdf Márquez, S. y Meneu, R. (2007), "La Medicalización de la Vida y sus Protagonistas", Eikasia. Revista de Filosofía, II (8): 65-86, disponible en www.revistadefilosofia.com/4Lamedicalizacion.pdf Moral Ituarte, L.D. y Pedregal Mateos, B. (2002), "Nuevos Planteamientos Científicos y Participación Ciudadana en la Resolución de Conflictos Ambientales", Documents d'Anàlisi Geogràfica, 41: 121-134 Moro Abadía, O. (2003), "¿Qué es un dispositivo?", Empiria, 6: 29-46 Navarro, V. (1978), La Medicina Bajo el Capitalismo, Barcelona, Crítica, (ed. orig.1972) Ortiz Gómez, T. (1999), "Feminismo, Ciencias Naturales y Biomédicas: Debates, Encuentros y Desencuentros", La Aljaba, IV (001), disponible en http://www.redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/278/27800602.pdf Ricoeur. P (2001), La Metáfora Viva, Madrid, Ediciones Cristiandad, (ed. orig.1975) Rodríguez, J.A. y De Miguel, J.M. (1990), Salud y Poder, Madrid, CIS Sontag, S. (1980), La Enfermedad y sus Metáforas, Barcelona, Muchnick, (ed. orig.1978) Starr, P. (1982), The Social Transformation of American Medicine, Nueva York, Basic Books Szasz, T. (1962), The Myth of Mental Illness, Nueva York, Paladin Szasz, T. (1979), The Theology of Medicine, Oxford, Oxford University Press Thuillier, P. (1990), El Saber Ventrílocuo. Como Habla la Cultura a Través de la Ciencia, México DF, FCE, (ed. orig. 1983) Ullman, D. (1990), La Homeopatía. Medicina del Siglo XXI, Barcelona, Martínez Roca, (ed. orig.1988) Waitzkin, H. (1983), The Second Sickness: Contradictions of Capitalist Health, Nueva York, Free Press Waitzkin, H. (1989), "A Critical Theory of Medical Discourse: Ideology, Social Control, and the Processing of Social Context in Medical Encounters", Journal of Health and Social Behavior, 30:220-239 Waitzkin, H. y Waterman, B. (1974), The Explotation of Illness in Capitalist Society, Indianapolis, Bobbs-Merril Woolgar, S. (1991), Ciencia: Abriendo la Caja Negra, Barcelona, Anthropos, (ed. orig. 1988) Zola, I.K. (1972), "Medicine as an Institution of Social Control", The Sociological Review, 20 (4): 487-509 Notas: (1) Foucault, y por ende todos aquellos que parten de su enfoque, consideran que poder y saber son siempre dos caras de una misma moneda. El poder y el saber aparecen siempre juntos, de manera que el primero posibilita la emergencia de regímenes discursivos que hagan visible y enunciable el mundo como objeto de conocimiento, lo cual es una precondición del ejercicio del poder (Foucault, 1991; 1997). No niego la relación entre saber y poder, pero considero que no toda práctica social puede reducirse a un juego de poder. Esta perspectiva deja fuera de la comprensión los comportamientos expresivos, la búsqueda de sentido, la sociabilidad o el deseo de autonomía, prácticas que en ningún caso pueden condensarse como partes constitutivas de la lucha por el poder. Sin duda guardan relación con ella, pero someterlas teóricamente supone, creo yo, pecar de reduccionismo. (2) También por esta razón los homeópatas llaman medicina "alópata" (curar con lo diferente) a la medicina oficial. (3) Curiosamente, esta asunción del enfermo como "paciente" no resulta contradictorio con las nuevas tendencias de "culpabilización", en la que se achaca al propio enfermo las causas de su enfermedad. Se trata de una estrategia muy común en la sanidad contemporánea, ante su incapacidad para afrontar determinadas patologías, como el cáncer. Probablemente esto se deba a que las recomendaciones de la medicina para prevenir la enfermedad no dejan de ser dictadas desde una posición paterna, de una autoridad que habla sin posibilidad de que el receptor replique. La sociedad debe seguir los dictados de los médicos, pero nunca cuestionarlos. Esto no problematiza la posición subordinada del enfermo respecto al profesional, por lo que no hace incurrir al discurso médico en la incoherencia: las metáforas utilizadas en su construcción siguen siendo válidas. (4) Irónicamente, una de las principales críticas que los autores del documento hacia la homeopatía explicita conscientemente el mecanismo de metaforización ontológica. Al observar en la ley de semejanza una contradicción afirman que "Parece como si las moléculas de una sustancia activa tuvieran personalidad propia y muy mala avenencia. Así, cuando éstas se encuentran en gran número, prevalecen los efectos perjudiciales que provocan, mientras que en pequeño número se incrementa considerablemente su capacidad benefactora". ¡Achacan al adversario precisamente la misma operación discursiva que se repite constantemente en su texto! Autor: José A. Cerrillo Vidal (Instituto de Estudios Sociales Avanzados – IESA/CSIC) Artículo publicado en Intersticios: Revista Sociológica de Pensamiento Crítico, Vol. 2 (1) 2008:115-130 — http://www.intersticios.es/ Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 1 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Crítica sanitaria, Epistemología homeopática LA IMPORTANCIA DE LA EXPERIMENTACIÓN UNA MIRADA CRITICA Quiero hacerles llegar la siguiente reflexión sobre un tema que vengo observando en los últimos años y no creo que el camino en que ha derivado sea el correcto. Me refiero a la “corriente de homeopatía” que plantea un cambio en la forma de entender y valorar uno de los principios básicos de la homeopatía, las patogenesias. Este cambio viene dado por la posibilidad de elegir un remedio atendiendo a características de orden simbólico o de analogías o al orden que ocupa en determinada clasificación según su composición, estructura, naturaleza, sin tener en cuenta para la elección del remedio los síntomas de su patogenesia porque dicha sustancia no ha sido experimentada en personas sanas como exigía Hahnemann, es querer rediseñar la materia médica en base a parámetros en los que los síntomas de las experimentaciones no se consideran imprescindibles para la aplicación clínica. Entiendo que esta aplicación terapéutica de prescribir sustancias sin ser antes experimentada en personas sanas busca el mismo objetivo que la homeopatía, la curación del enfermo, y que su utilidad clínica puede ser efectiva y obtener buenos resultados, pero creo que debemos ser conscientes que este proceder no puede mantenerse dentro de la Homeopatía. No pongo en duda ni cuestiono el éxito de estos tratamientos realizados con sustancias que no han sido experimentadas, pero sí dudo de que podamos llamarlo homeopatía. Hahnemann consideró necesario el estudio de la persona enferma en todas sus dimensiones; espiritual, mental y física, y anotar los cambios que se producen en el proceso de enfermedad. Este estudio tiene como finalidad buscar las características que definen el “cambio de rumbo” que ha tomado el organismo enfermo y oponer al mismo un remedio que haya provocado este mismo cambio en personas sanas. Esta es la Ley de Similitud, Ley Universal que emana de la misma Naturaleza y que como todos sabemos es el pilar en el que se fundamenta la Homeopatía y de la que nace el Método de Tratamiento Médico Homeopático. Dicho método exige el conocimiento del sufrimiento de la persona enferma, la enfermedad que padece, y el conocimiento de la sustancia que vamos a aplicar como medicamento. Con el mismo énfasis en que se esmeró en estudiar al enfermo, Hahnemann recomienda estudiar las sustancias que se van a emplear por medio de la experimentación en personas sanas. Hahnemann en su época ya mostró su desacuerdo con los que intentaban sustraer alguno de los principios al método de tratamiento que él había confeccionado, y los que dudaban de su efectividad era porque no lo aplicaban correctamente. No voy a hablar de los principios de la homeopatía, pero sí voy a precisar el porqué nacieron las patogenesias. Todos sabemos que en la época en que Hahnemann ejercía la profesión de médico, era común el uso de sustancias y otras medidas supuestamente curativas sin ningún criterio de uso. Así se aplicaban sin ninguna razón y sólo en base a hipótesis y supuestos varios, esta o aquella sustancia que en la mayoría de los casos sólo venían a agravar los males del paciente. Fue ésta una de las grandes razones que llevó a Hahnemann, cansado de ejercer una medicina sin principios ni bases sólidas, a dejar la práctica médica y dedicarse a la traducción, a estudiar e investigar cuál podría ser la manera de conseguir remedios fiables y de fácil aplicación. A raíz de esta inquietud y del conocimiento del uso de la quina y después de los hechos por todos conocidos acaecidos posteriormente, descubre una posible relación entre las sustancias a emplear como remedio y la enfermedad que se pretende curar y dedica muchos años de su vida al conocimiento y estudio de las sustancias medicinales, tanto las que ya tenían un uso determinado en esa época como otras desconocidas e incluso sustancias consideradas inertes, con el fin de obtener de ellas toda la información posible y que esta fuera fiable para poder usar dichas sustancias como remedios seguros y efectivos. Para ello Hahnemann dice que la mejor y única forma de conocer el poder medicinal de cualquier sustancia es realizar experimentaciones con la misma en personas sanas. Es el nacimiento de las patogenesias. A partir de este punto, Hahnemann y los Grandes Maestros de la Homeopatía, nos recomiendan la necesidad de seguir experimentando sustancias para conocer su poder medicinal. Harris L. Coulter manifestó que si Hahnemann sólo nos hubiese dejado sus patogenesias pasaría a la historia de igual modo como investigador y médico extraordinario. Reconozco que practicar homeopatía no es tarea fácil, que se quiera buscar formas que nos ayuden en la elección del remedio, que queramos entender mejor y de forma más clara cuál es el sufrimiento del paciente, y para ello utilicemos todas las herramientas del conocimiento del ser humano que están a nuestro alcance y nos puedan aproximar al mismo, pero igualmente sé que necesitamos conocer la sustancia que vamos a emplear, qué información encierra, qué síntomas la caracterizan y la herramienta para ello son las experimentaciones. Es cierto que actualmente conocemos una forma más rica de expresión, que la comunicación no verbal nos ofrece la oportunidad de obtener datos tan objetivos como los que se obtienen por medio del lenguaje verbal, que el lenguaje repertorial se ha quedado chico y que hay muchos datos y síntomas que no se han recogido por desconocimiento de los nuevos acercamientos en la observación y estudio del ser humano y su comportamiento y que no se tenían en la época en que se hicieron la mayoría de las experimentaciones. Pero esto no invalida ni lo más mínimo la necesidad de realizarlas ni la obligación de tenerlas como referencia para poder aplicar la sustancia como remedio. Esto nos hace ver la necesidad de realizar nuevas experimentaciones y completar la recogida de síntomas con los nuevos conocimientos que hemos adquiridos en estos dos siglos. “La homeopatía es una de las pocas terapias que ha sobrevivido desde hace siglo y medio, sus medicamentos han seguido siendo activos y fiables. En cualquier otra medicina y en especial la medicina clásica, es raro que un medicamento dure más de 5 años”. Dr. P. Schmidt “La utilidad del Medicamento Homeopático se ha mantenido a través de los años porque su indicación es clara gracias a los síntomas de su patogenesia. Así Belladona dilata la pupila y siempre lo hará." Dr. P. Schmidt “La Homeopatía, es considerada como un método de tratamiento porque tiene unos principios claros y precisos y desde su inicio se caracteriza por el conocimiento más o menos exhaustivo de las sustancias utilizadas como remedios, lo que todos conocemos por patogenesias.” “En la terapéutica homeopática, la observación de sus leyes exige encontrar un remedio, el simile, en la Materia Médica y la sintomatología de este remedio debe de cubrir la totalidad de los signos recogidos en el examen del individuo enfermo”. Dr. Dominique Senn La ley de similitud asegura la validez del método homeopático, de su doctrina, de su farmacopea. El cuadro experimental del remedio servirá como guía para tratar de aproximarse al enfermo. Si no tenemos síntomas de un remedio nunca podremos enfrentarlo a los del paciente para hacer efectiva la aplicación de dicha Ley. La expresión de la enfermedad son los síntomas y signos del paciente, el conjunto de los mismos es lo que debemos comprender. “Cuando una persona cae enferma, es la fuerza vital la que sufre la desviación y sólo es reconocible por sus efectos en el organismo a través de sus manifestaciones anormales en las sensaciones y en las funciones de aquellas partes del organismo accesibles a los sentidos del observador y del médico, es decir, por los síntomas morbosos y no de otro modo puede darse a conocer”. Hahnemann (Órganon, parágrafo 11) “...no podemos percibir nada más que los síntomas, debiendo ser sólo ellos el medio por el cual la enfermedad pide e indica el remedio conveniente...”. Hahnemann (Órganon, parágrafo 7) La búsqueda de la comprensión del sufrimiento del paciente, va ligada a la definición de los síntomas del mismo. En las patogenesias se hallan las bases para comprender y entender las enfermedades. Sin las patogenesias no podemos realizar una verdadera comprensión porque no tenemos las bases para el conocimiento. “La comprensión proviene del conocimiento de las cosas, cuando se obtiene el conocimiento de las cosas se logra la comprensión”. Confucio La tentación de innovar es consustancial al ser humano y motor de nuevos acontecimientos y adelantos y hacerlo con el método homeopático no es nada nuevo. Desde la homeopatía han surgido diferentes formas de tratamiento (Sales de Schüssler, Medicina Antroposófica, Homotoxicología, incluso podríamos incluir los Remedios Florales y otros) y todas han ido definiéndose como un método diferenciado del homeopático aunque hagan uso de alguno de los principios. Esto no significa que su utilización no traiga beneficios al paciente o que sean tachados de falsos, simplemente no cumplen con las reglas y principios del Método de Tratamiento Homeopático y no pueden ser consideradas como tal y de hecho así han terminado reconociéndose la mayoría. “La técnica puede haber evolucionado y los conceptos pueden haber madurado en la medida que se han sumado conocimientos, pero la ética de Hahnemann es absoluta desde el principio y marca la doctrina...”. Dr. Hugo Carrara Considero que en Homeopatía tenemos la suerte de contar con una filosofía que nos ayuda a comprender al ser humano tanto en la salud como en la enfermedad y nos hace a nosotros mismos mejores personas, enmarca nuestro trabajo en la clínica y nos da pautas para poder aplicar un método terapéutico que como cualquier método tiene definido sus reglas y principios. Podemos discutir sobre los principios filosóficos de la homeopatía, sobre su forma de entender la salud o la enfermedad, sobre lo miasmático, si es mejor escoger síntomas particulares o generales, si el estudio de los síntomas del paciente lo hacemos desde el psicoanálisis, la analogía, simbología o la cábala, pero no podemos poner en duda que los síntomas escogidos en el paciente deben corresponderse con aquellos obtenidos en la experimentación de la sustancia que vamos a emplear como remedio. La aplicación de un método debe de estar sujeto a principios de fácil comprensión e inequívocos, no podemos dibujar una homeopatía en la que cada cual aplique su método de tratamiento y sólo él conozca en base a qué reglas y principios lo hace, porque un método debe de ser entendido por todos los que lo usen correctamente. El conocer los síntomas del paciente, el entender su sufrimiento y su enfermedad es quizás lo más difícil de nuestro trabajo como homeópatas. Supone no sólo el conocimiento del paciente sino también el sufrimiento de la humanidad. El intentar comprender esto tiene muchos caminos y formas de enfrentarnos al estudio del mismo, pero no nos dejemos equivocar, las conclusiones que saquemos no son aplicables en la homeopatía si los síntomas no pertenecen al paciente y a la sustancia a aplicar como medicamento. A lo largo de la historia las singularidades del comportamiento asociado con los temperamentos ha intrigado siempre a los hombres. Desde los taoístas, tibetanos y chinos, que observaron las reacciones particulares del organismo frente a lo caliente, lo frío, la humedad o sequedad. Desde los griegos con Pitágoras, Platón e Hipócrates, que convirtieron estos elementos reaccionales en los cuatro humores, pasando por los neohipocráticos como Allendy, Caton, Pende. Las ideas de Aristóteles sobre las analogías morfológicas resucitadas en su fisiognomonía de Gall y Lavater. Adamantius, Porta en la Edad Media, Linneo, Geoffroy St.Hilaire, Chailon, se basaron en modalidades glandulares y endocrinológicas. Kretschmer en Alemania habla de los tipos ciclotímicos y esquizotímicos. Los trabajos de Pavlov, Martiny, etc. y las investigaciones de Freud, Adler, Jung, Lacan, y más modernamente los estudios de psicología humanista, la Gestalt, el posracionalismo y otros, han intentado comprender las singularidades del ser humano y su reacción ante diversos estímulos y circunstancias. “La totalidad de los signos y síntomas disponibles debe de expresar una idea, no es por consiguiente un revoltijo de síntomas reunidos sin ton ni son.” Dr. Stuart Close De este estudio de la totalidad sintomática y de su definición, han surgido diversas corrientes en Homeopatía: Los miasmas El síndrome mínimo El trípode de Hering La totalidad de los síntomas recogidos en orden jerárquico. El acercamiento a lo fisiológico y lo particular a través de los síntomas locales. Todas ellas recogidas de alguna forma y avaladas por Hahnemann y algunos de sus discípulos más relevantes. Pero todas estas aproximaciones tienen como base común la utilización de las patogenesias para la búsqueda del medicamento. Para conocer las características de la persona enferma podemos basarnos en estudios de muy diversa índole: religiosos, psicológicos, simbólicos..., pero para aplicar el método de tratamiento homeopático debemos basarnos en lo que Hahnemann nos dejó: un modo de actuar y unas indicaciones precisas en las que fundamentar nuestro trabajo en la clínica diaria. Como todo método, la homeopatía tiene que evolucionar, lograr fórmulas que ayuden a una mayor y mejor comprensión del enfermo y un mejor conocimiento del remedio. Lo primero se consigue con el mayor conocimiento del ser humano, de sus reacciones y emociones, y condición “sine qua non” es el estar libre de prejuicios. Pero este conocimiento del ser humano en homeopatía, no se entiende ni tiene fundamento si no es para aplicar el método terapeútico ideado por Hahnemann y para ello debe de desarrollarse paralelamente la experimentación de las sustancias medicinales. El desarrollo de nuevos y mejores métodos de experimentación nos ayudarán a conocer en toda su extensión el poder medicinal del remedio para aplicarlo por similitud con mejores y mayores beneficios para la persona enferma. “El estudio de la patogenesia nos ayuda a entender y comprender la esencia del ser Humano enfermo.” En la práctica diaria en ocasiones medicamos en base a impresiones, intuición, por la forma de ser, por analogías o simbolismos... y no anotamos los síntomas por los cuales hemos hecho la prescripción. Considero que lo que hemos hecho es sustraer la imagen o vivencia del remedio y aplicarla, pero para ello tenemos que conocer el remedio. Esta forma de obrar requiere mayor saber y experiencia ya que presupone un conocimiento profundo de la materia médica. Obrar así supone llevar la práctica homeopática a sus más altas metas y ejercer lo que Hahnemann definió como el Arte de Curar. Pero este Arte debe ser posible transmitirlo, debe de poder ser adquirido por otras personas que al igual que nosotros desean ejercer la homeopatía para curar a sus pacientes, y al igual que nos debemos a nuestros pacientes, tenemos la obligación de poder transmitir nuestros conocimientos a aquellos que nos lo pidan... A mí me enseñaron en homeopatía a buscar en el remedio lo que conocemos como la “imagen del medicamento”, el esquema básico y fundamental de la acción medicinal para anteponerla al sufrimiento del paciente. Es un ejercicio en ambos casos, imagen del remedio-sufrimiento del paciente, que requiere conocimientos que van más allá del mero síntoma o suma de síntomas. Ha sido una práctica que ha dependido en gran medida de mi capacidad de análisis de los síntomas y de su significado tanto en el paciente como en el remedio y en muchas ocasiones no deja de ser una interpretación subjetiva sujeta a mi estado de lucidez o emocional. Luego, sin dejar de tener en cuenta este planteamiento, he ido objetivando más mi percepción del remedio y del paciente y para ello me ha hecho falta ceñirme lo máximo posible a la presencia de los síntomas en el paciente y su coincidencia con el remedio, con su patogenesia, porque es lo que no se modifica ni depende de mi estado de lucidez para interpretar mejor o peor los síntomas. He descubierto así nuevos remedios que al estudiarlos en las materia médicas y en sus patogenesias me han clarificado esa visión siempre “dudosa” del sufrimiento del paciente, ayudándome a realizar mejores prescripciones y sobre todo “prescripciones tranquilizadoras”. Voy a terminar con una reflexión sobre la actualidad de la homeopatía y lo que puede representar para la misma el no tener un método de tratamiento con unos principios estables y de fácil comprensión. Actualmente la Homeopatía vive una realidad que está en el filo de una navaja, tanto podemos caer para un lado y retroceder años en nuestro reconocimiento como método de tratamiento médico, como caer hacia el otro lado y reforzar nuestra presencia en la comunidad científica. Se habla mucho de homeopatía, los pacientes acuden a nuestra consulta, tenemos éxitos más o menos importantes en el tratamiento de enfermedades difíciles, pero...siempre hay un pero...no estamos lo suficiente consolidados como para que la homeopatía sobreviva y progrese por sí misma. No es igual que la alopatía, que no hay que darle propaganda, impulsarla ni defenderla, nosotros todavía estamos haciendo propaganda, dando pasos hacia su consolidación en el ámbito de la ciencia médica y como a todos nos consta últimamente, defendiéndola de los ataques cada vez más furibundos y disparatados. Los logros que se han hecho en cuanto a su aceptación en algunas universidades, con los Colegios de Médicos y de Farmacéuticos o Veterinarios, son sólo un inicio de lo que debe ser considerada la Homeopatía. Nos falta estar presentes en las facultades de medicina, farmacia, veterinaria y que se nos considere como un método más de tratamiento médico. Que en hospitales, centros de salud, no se nos considere como unos iluminados y podamos trabajar en ellos. Debemos mejorar en el estudio de los medicamentos, en hacer nuevas y mejores experimentaciones, en confirmar los síntomas de las ya existentes, en presentar estudios clínicos que, respetando los principios homeopáticos, demuestren su efectividad en la curación de las enfermedades adaptándolos a las premisas de la ciencia médica, manteniendo la objetividad y respeto por la integridad de la salud del ser humano que ha caracterizado a la homeopatía. Demostrar que la apertura en el estudio de la enfermedad que da la homeopatía, no sólo es necesaria sino que debe marcar futuras investigaciones para no seguir considerando al ser humano un sistema cerrado sin conexión con el exterior, para no considerarlo sólo como el resultado de numerosas y variadas reacciones químicas. Si presentamos a la homeopatía como un Método de Tratamiento Médico, debemos demostrar que cada uno de los principios en los que se basa son sólidos y necesarios para llevar a cabo el ideal más alto del médico, la curación. No puede existir un “Método de Tratamiento Homeopático” sin que se cumplan los principios que lo rigen y uno de los primordiales e imprescindible es el conocimiento de la sustancia medicamentosa por medio de la experimentación en las personas sanas. Por lo tanto, no podemos considerar Tratamiento Homeopático a aquello que no cumpla alguno de sus principios aún cuando en su forma se asemeje porque utiliza uno o varios de los mismos. El Método de Tratamiento Médico Homeopático es la aplicación de la Ley de Similitud y en ésta se unen el estudio del ser humano enfermo y el de las sustancias medicamentosas por medio de su experimentación en el Hombre Sano. Autor: Dr. Francisco J. Villanueva Afonso. C/ Aguadulce 55, 1º C. 35004 Las Palmas de Gran Canaria (Islas Canarias). chivillanueva@hotmail.com Ponencia presentada en el II Congreso Nacional de Homeopatía. Tenerife, 28 Abril a 1 Mayo de 2006. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 1 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Epistemología homeopática, Provings, Teoría homeopática Cómo llegar a ser un homeópata ejemplar En mis impagables desvelos porque el aspirante a homeópata pueda abrirse camino en el siempre difícil y proceloso “mundillo homeopático”, y para facilitar al ya sólidamente formado ese par de tontos peldaños que se le resisten y aún le quedan por alcanzar, he confeccionado con mucho cariño y algo de mala lac en dilución homeopática, este pequeño opúsculo al cual estoy seguro todos podemos contribuir añadiendo algunas cosas más. Se puede aplicar aquí también lo que dice Watzlawick (1) sobre amargarse la vida: que eso es algo que lo puede hacer cualquiera, pero amargársela a propósito es un arte que hay que aprender de forma un tanto sistemática, así que tampoco deben considerarse estas indicaciones como exhaustivas, sino únicamente como una guía que facilite a los más perspicaces el desarrollo de un estilo propio. 1. El aspirante a homeópata ejemplar habrá mitificado convenientemente la homeopatía (¡error!) y a los que la practican (¡¡horreur!!), sobre todo si llegan a ella por decepción de otros tipos de sistemas curativos (como en el caso de Samuel). Esto contribuirá a cierta sensación de omnipotencia hipnótica, que desembocará a su vez, muy probablemente, en una nueva decepción al confrontarlo más tarde con la realidad. Ni sus curaciones son tan mágicas ni sus compañeros son como se había imaginado, a fuerza de oírles decir tantas cosas bonitas como dicen. Sin embargo, el homeópata ejemplar, inasequible al desaliento, hará caso omiso de todo ello y seguirá adelante con la máxima que ya le acompañará para siempre (en frase atribuida a Hegel):“si los hechos no concuerdan con la teoría, tanto peor para los hechos”. 2. El homeópata ejemplar adquirirá una serie de pequeñas confusiones que serán imprescindibles para el buen devenir de su tarea. Confusiones que superará no meditándolas con parsimonia, sino tragándolas sin mayores problemas, como se dice en política que se tragan los sapos. Mejor cuanto antes lo haga. Menos agobios. 2.a). Confundir la salud (y la homeopatía) con la moral La discusión de este punto crucial rebasa la finalidad de este artículo. Sin negar la probable dimensión espiritual de conceptos tales como enfermedad y curación, mezclar juicios morales con estado de salud, y la homeopatía tiene una larga tradición en ello, sólo puede traer confusionismo. En mucha de nuestra literatura encontramos con frecuencia este tipo de fraseología: conducta degenerada, criminal, viciosa, coitos impuros, deshonestos, etc. Por citar sólo un ejemplo, a Med., como representante del miasma sycótico, se le ha asignado una siniestra imagen que no cuadra con los provings originales hechos por Swan, ni con las descripciones efectuadas por Hering o Allen y, sobre todo, con la realidad cotidiana (2). El propio Samuel tampoco parece confundir ambas cosas al decir en el famoso parágrafo 9 que “ en el estado de salud... de modo que el espíritu dotado de razón... puede emplear libremente estos instrumentos... para los más altos fines de su existencia” (3) A remarcar el puede [M. Candegabe (4)]. O sea, que también podría no hacerlo. Asimismo, en una famosa y bella nota de su álbum, escrita hacia el final de su vida, dice que “los tesoros más inestimables son una conciencia irreprochable y una buena salud; el amor de Dios y el estudio de sí mismo dan lo uno, la homeopatía lo otro”. Aquí también se ve con claridad cómo diferencia la salud de la moral. 2.b). Confundir la homeopatía con una especie de religión. Se puede empezar con frases en apariencia tan banales como: “la homeopatía es toda una filosofía de vida” “...es mucho más que una medicina” “...es mucho más que curar”, etc. y puedes acabar en una especie de secta (lo de “divina” vendrá más tarde). Es más, muchos homeópatas al darse cuenta de ciertas contradicciones se consuelan con otra máxima histórica utilizada con frecuencia en otros gremios: “haz lo que digo pero no lo que hago”. Y tan panchos. 2.c). Confundir a una persona con un remedio. Todos los homeópatas lo negarán, pero su lenguaje les traiciona y seguirán hablando p. ej. de “remedio constitucional”, “de fondo”, “su” remedio, etc. Esto lo decimos todos para entendernos, pero muchas veces en estas expresiones subyace el anhelo y la creencia (¿inconsciente?) de una especie de estado en el que la persona esté libre de casi de todo tipo de enfermedades. Es lo que Scholten llama “estado utópico” (5). El homeópata ejemplar olvida que no hay salud sin enfermedad y viceversa. Que son dos caras de la misma moneda. Que hasta morir, y para poder seguir evolucionando, la vieja rueda de la vida nunca se para, y cada nuevo paso puede conllevar nuevas situaciones y/o enfermedades. 2.d). Confundir a las personas con sus argumentos. Esto será bastante sencillo porque, dada su extensa implantación social, el aspirante habrá adquirido suficiente práctica en su vida cotidiana. A modo de ejemplo, el homeópata ejemplar nunca dirá que “lo que dice fulanito es impresentable porque bla bla bla”, sino que “fulanito es un impresentable porque dice que bla bla bla”...Si además le pone un poco de imaginación léxica y lo adereza de sutiles insultos, siempre le será más fácil el granjearse unos cuantos adversarios y/o enemigos, muy útiles para ir haciendo currículum o proyectar en ellos, más adelante, lo que fuere menester. 3. El homeópata ejemplar siempre será muy individualista. Ya nació así, como otros nacen agrimensores, agentes de la propiedad o Dios sabe qué. ¿Egocéntrico? ¿Egoísta? No, su modélica generosidad también es innata. De este modo podrá realizar mejor la alta misión a la que (cree) estar llamado desde su más tierna infancia. 4. El homeópata ejemplar siempre será firme y coherente (aunque otros pudiesen denominarlo dogmático, inflexible o, más vulgarmente, cabeza cuadrada). Estas cualidades le serán muy útiles para defender siempre con presteza lo que, un tanto solemnemente y con el consabido uso de las Mayúsculas, a las que nuestros clásicos son tan dados, Las Leyes Inmutables, La Doctrina, etc. El homeópata ejemplar, siempre con el “Organon” en la mano, como una Biblia, a falta de alguna espada más flamígera, [por cierto ver lo que dice Sankaran del síntoma “Religious affections, bible all day, wants to read, the” (6)] será especialmente vigilante con todo aquella teoría o interpretación que no coincida plenamente con la suya y/o con la de su Escuela. Porque el homeópata ejemplar, no hace falta decirlo, será persona de probada tolerancia y amplia apertura de miras con todas las nuevas ideas y formas de entender la homeopatía, siempre, claro está, que antes ya lo hubiese dicho (o pensado) él o su Escuela. 5. El homeópata ejemplar siempre será humilde, muy humilde, y en su abnegada humildad, creerá que puede cambiar radicalmente la vida de la gente. En todo caso, sólo hace falta escarbar un poco (calma, que la mayoría de veces ni eso) para encontrarnos uno de los orgullos y sentidos de superioridad más desproporcionados que se hayan visto en la faz de la tierra. Aunque bien mirado eso siempre le dará un poco de salsa a sus relaciones, ya sea con sus colegas o los demás simples mortales. En cuanto a lo de cambiar a la gente es otra de sus pequeñas confusiones, otra de sus delusions, porque aún en el caso de que así fuera, siempre es la gente, o sea ellos, quienes cambian. 6. El homeópata ejemplar deberá confesarse enfermo en alguna ocasión (¡!), pero (tranquilos) para vanagloriarse seguidamente, de forma harto discreta pero asegurándose bien que todo el mundo se entera, de algunos de los remedios que ha tomado y que le parezcan prestigiosos y ocultando otros que se lo parezcan menos, en una clara demostración de que aún no ha entendido nada de nada. Pero él, pelillos a la mar, incluso con el tiempo confesará, con la misma discreción y humildad, que normalmente se automedica, sí, a veces toma una dosis de esto o aquello porque, en realidad, y siendo sinceros (como acostumbra)...¿a quién va a ir él a contar su vida?; y, sobre todo, ¿quién mejor que él mismo puede curarse a sí mismo? 7. El homeópata ejemplar siempre tendrá a la solidaridad y sus afines como términos hegemónicos en su vocabulario. Toda agrupación homeopática que se precie tendrá, por supuesto, una sección de HSF o de Solidaridad o Ayuda a necesitados que, también por supuesto, languidezca adecuadamente por la falta de eso mismo entre sus miembros, o sea que como para repartir estamos... Asimismo todo el “merchandising” homeopático desde libros, cursos, remedios, programas, etc. tendrán un coste más bien oneroso. ¿Será para que no se pierda la tradición elitista homeopática?, ¿para probar la templanza de carácter del futuro homeópata? ¿para obras de caridad? No, será porque, además de todo eso, también es un negocio. Y muy lícito, por cierto. Pero por un extraño prurito, muchos lo tendrán que seguir justificando aludiendo como siempre al “beneficio de la Divina Homeopatía” y los homeópatas ejemplares, como son tan altruistas, sufrirán especialmente esa extraña esquizofrenia 8. El homeópata ejemplar siempre se ocupará de asuntos serios, muy serios y elevados, y quizá por ello, desde allá arriba, su sentido del humor será más bien escaso (por no decir nulo). Alguien dice algún comentario gracioso de Allen y enseguida dudan si se trata de Timothy F. Allen, o Henry C. Allen, o James H. Allen, y no, resulta que no, que no era ninguno de ellos, que no era otro sino ... ¡Woody!. Sacrilegio será reírse de todo lo que tenga que ver con homeopatía, enfermedades y, sobre todo, de sí mismos. Para ello, nuestro homeópata ejemplar siempre tendrá presente la cara grave y adusta de aquellos retratos en blanco y negro de algunos insignes y venerables Maestros del siglo pasado. Si es necesario, se ejercitará flagelándose delante de ellos para que sus facciones adquieran la gravedad adecuada. 9. El homeópata ejemplar siempre tendrá las pertinentes y muy legítimas aspiraciones políticas y de prestigio personal y social. ¡Y sabe Dios cuánto se las merece nuestro sufrido amigo!. Pero todo ello siempre será también descaradamente rotulado como “en beneficio de la Divina Homeopatía” (por cierto, uno de los más maravillosos, felices e insuperables hallazgos expresivos de nuestra disciplina). De este modo, toda discrepancia o renuencia siempre podrá ser tachada de insolidaria con la causa u otras lindezas semejantes 10. El homeópata ejemplar siempre estará muy ocupado, terriblemente ocupado. ¡Pobre!, y encima todos le acusan de no dedicarles el tiempo suficiente: la familia, los amigos, los compañeros... Pero es que puestos a hablar de cosas serias no hay tiempo para tales menudencias... Y sin embargo, lo más chocante es que tampoco le sobra (el tiempo) para discutir con sus colegas cuestiones referentes a su divina homeopatía por muy interesante y provechoso que esto fuera. Aún si viniese el mismísimo Samuel a dar una conferencia él aún no sabría si podría “arreglarlo”. ¿Reuniones? ¿Interacción? ¿Comunicación? No, hombre, no, homeopatía, homeopatía, o sea, cada uno a lo suyo, cada uno a su propia guerra, qué le van a enseñar a él ahora, que sabrán ellos... 11. El homeópata ejemplar, una vez llegado aquí, estará ya en condiciones de empezar a sentirse obstaculizado. Primero por la medicina convencional (despreciable y absurda) y después por otros homeópatas pluralistas, complejistas, etc. (nada que ver con ellos). Esto es fácil y todos lo podremos hacer sin dificultades, pero el homeópata ejemplar no se conformará con estas minucias y empezará a sentirse fastidiado también por los homeópatas unicistas de otra corriente teórica (y no os preocupéis que estas abundarán). Después, incluso, por los de su misma Escuela y, al final, por los de su misma Academia o Asociación de trabajo cotidiano. Será altamente meritorio si al referirse a algunos miembros de estos últimos, sus palabras adquieren un matiz mínimo, casi inapreciable, de desprecio, de manera que nunca nadie pudiera decir que los está menospreciando, pero que todos entiendan bien que lo está haciendo. Todo el mundo puede ser vulgarmente grosero, pero si se quiere ser un auténtico artista, hay que alcanzar este grado de sutileza al que sólo llegan los más aptos, los verdaderamente cualificados y superiores. Al final, como es obvio, incluso se sentirán obstaculizados por sí mismos. Pero esto, lejos de representar un defecto, no deja de ser un tipo de refinamiento superior que, una vez superado de forma adecuada, como nuestro héroe supera siempre cualquier contradicción, harán de él un genuino espécimen que, con el tiempo y Dios mediante (¡y no sé cómo va a poder dejar de mediar si ya casi serán colegas!), llegará incluso a formar su propia escuela (la meta -¿inconsciente?- de todo espécimen de homeópata ejemplar que se precie). 12. El homeópata ejemplar tendrá el honor y la responsabilidad de transmitir todas estas cualidades a las próximas generaciones de homeópatas (7). Esto es lo último pero lo más importante, el círculo del eterno retorno, lo realmente torero, lo que realmente le hará inmortal. Así, gracias de nuevo a su (modélica) generosidad, las próximas generaciones de homeópatas también podrán gozar con alborozo de sus miserias. Bueno, pues así somos también, como todo el mundo, como tampoco podía ser de otro modo: autoritarios, egoístas, tercos, peseteros, trepas, chulos, envidiosos, mezquinos, orgullosos... Ignorarlo y creernos otra cosa hace más fácil que pase lo que pasa. De todas formas, como en el cuento zen de los caballos (8), todo ésto puede ser una gran gran suerte. Yo así lo creo. Tan sólo depende de nosotros. REFERENCIAS: 1. Paul Watzlawick, El arte de amargarse la vida, Barcelona, Herder,1989. 2. Catherine R.. Coulter, Portraits of Homoeopathic Medicines, Vol. II, p. 189, Berkeley, North Atlantic Books, 1988. 3. Samuel Hahnemann, Organon de la medicina, p.90-91, Buenos Aires, Albatros, 1989. 4. Marcelo Candegabe, Seminario, Barcelona 1999. 5. J. Scholten, Homoeopathy and the Elements, p. 827. 6. R. Sankaran, The Spirit of Homoeopathy, p.202 (trad. cast. El Espíritu de la Homeopatía, p. 242). 7. C. Cremonini, The Seven Capital Sins of Homoeopathic Doctor, 45 Congreso de la LMHI, Barcelona 1990. 8. Erase una vez en China un niño pobre sentado a la puerta de su casa. Lo que más deseaba en el mundo era un caballo, pero no tenía dinero para comprarlo. Justo ese día pasó el dueño de una manada de caballos, que tenía un potrillo incapaz de seguir al grupo y que sabía del deseo del niño. Le ofreció el potrillo y el niño aceptó encantado. Un vecino, al verlo, le dijo al padre del niño que su hijo tenía mucha suerte. “¿Por qué?” dijo el padre. “¡Hombre!, porque lo que más deseaba tu hijo era un caballo y justo le regalan uno”. “Puede ser una suerte o puede ser una desgracia”, contestó el padre. El niño cuidó con mucho mimo al potro, pero un día éste se escapó. “¡Qué desgracia!” - dijo el vecino –. “Le regalan un potro que era lo que más deseaba y ahora se le escapa”. “Puede ser una suerte o puede ser una desgracia” contestó el padre. Pasó el tiempo y un día el caballo regresó con toda una manada de caballos salvajes. El niño, ya muchacho, los cercó y se adueñó de ellos. “¡Vaya suerte!” –dijo el vecino cotilla- “se le escapa el caballo y vuelve con una manada...”. A estas alturas ya os imagináis lo que contestó el lacónico padre: “Puede ser una suerte o puede ser una desgracia”. Pasó el tiempo y un día el muchacho se fracturó la pierna montando a caballo. “¡Qué desgracia!” –insistió el vecino, que seguro que hoy día sería “fan” de “Gran Hermano”- “justo ahora que lo tenía todo, va y se rompe una pierna...” “Puede ser una suerte o puede ser una desgracia” contestó el padre. En esos días el país entró en guerra y todos los jóvenes fueron reclutados excepto el muchacho de la pierna rota. “¡Qué suerte! –dijo el vecino...” etc. etc. etc. Nota: Agradezco a la Dra. Consol Casajoana su ayuda y sugerencias. Autor: Dr. Gonzalo Fernández Quiroga, miembro de la AMHB, Correspondencia: 24428gfq@comb.es Ponencia presentada en la IV Trobada de la Academia Médico Homeopática de Barcelona, Vilanova i la Geltrú, 2000. Publicada en la Revista Homeopática, tercer trimestre del 2001, nº 43: 7-9. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática LOS HIJOS DE SAMUEL Uno de los asuntos menos representados en la literatura homeopática es el que hace referencia a los propios homeópatas. Invocamos y nos sentimos respaldados por la ciencia moderna cuando dice que los fenómenos no se pueden observar desde fuera, que no se puede hablar ya de objetividad, sino que la propia observación altera el fenómeno observado. Lo que se necesita ahora, pues, es una teoría del que describe, es decir, más un estudio del observador que de lo observado (1). Sin embargo, a mi entender, aún no hemos comprendido de forma cabal todo lo que esto implica y en realidad seguimos actuando de acuerdo a los antiguos presupuestos, “desde fuera”, desde una presunta y aséptica “objetividad “. Hace tiempo que nos preguntamos, al respecto, el porqué los homeópatas, acostumbrados a oír y tratar las delusions más abigarradas de nuestros pacientes, somos tan renuentes, en general, a mirarnos a nosotros mismos y ser más conscientes del rol que interpretamos en las distintas situaciones de nuestra vida y, sobre todo, en las relaciones entre nosotros (2). En una palabra, ser más conscientes de nuestras delusions. Ya apuntábamos allí que “...después de todo, somos tan o tan poco humanos como los demás, y quizá así también deba ser”...Pero dada la importancia que tiene este estado de cosas, como veremos más adelante, podríamos profundizar un poco más en ello. Y eso es lo que vamos a hacer. (Motivo de consulta) Cierto es que la división, la maledicencia y otras mezquindades en general, no son privativos del campo homeopático y, por tanto, no serían síntomas a repertorizar si de eso se tratara, pero su tradición y persistencia son tales que sí podríamos considerarlo con mucho fundamento un rasgo prominente entre los homeópatas. En la actualidad no hace falta mirar muy lejos para constatar su tradicional implantación. En la mayor parte de nuestras agrupaciones y asociaciones florecen este tipo de actitudes que por no ser ni mucho menos casos aislados y por lo llamativo de su cansina repetición serían dignas, al menos, de algún tipo de estudio. Otro rasgo prominente, muy unido al anterior y también de mucha tradición histórica, es la sensación de que no nos comprenden, de que desde fuera no hacen sino obstaculizarnos continuamente en nuestro trabajo e impedir que la homeopatía (¿y nosotros?) ocupe el rango que le corresponde (y que no es uno cualquiera, como muy bien habéis adivinado). El mundo aún no está preparado para la homeopatía, se dice en nuestros círculos, pero está próximo el día en que todo cambie. En contra de lo que pudiera parecer la trascendencia de todo esto no es poca. Llega un momento en que dejamos de hablar de anécdotas más o menos graciosas o de estar haciendo una especie de psicoterapia barata de salón entre nosotros, para referirnos a acontecimientos de indudable importancia histórica en el devenir homeopático. Por citar sólo dos ejemplo (y abundan) recordemos lo que dice D. Ullman (3) sobre el declive de la homeopatía en USA a principios del s. XX: “...junto con los diversos factores externos que dificultaron el desarrollo de la homeopatía, hubo problemas entre los propios homeópatas. Las diferencias de criterio en el seno de la homeopatía tiene una larga tradición...” “...En 1901, y a causa de diferencias diversas entre los homeópatas, Chicago contaba con cuatro sociedades médicas homeopáticas distintas”. Tampoco es de extrañar en una disciplina cuyo fundador cambió muchas veces sus puntos de vista pero que insistía que sus discípulos deberían tomar su palabra por ley en todos los casos (4): “Aquel que no siga la línea que yo he trazado, aquel que se desvíe, ni que sea sólo en la anchura de una pajita, hacia la derecha o hacia la izquierda, es un apóstata y un traidor” (5). Mencionemos también a J. Baur (6) cuando habla acerca de las críticas a la M.M. Hahnemaniana realizada por los propios homeópatas: “...suscitaron tanto problemas que fueron fuente de polémicas a veces acerbas. Pero cuando los problemas se inflan de una dimensión sentimental o emocional se vuelven insolubles. Las polémicas del último siglo no aportaron ninguna respuesta a los problemas que se estaban planteando. Desembocaron en la formación de escuelas rivales que se enfrentaron entre sí o a través de sus verdades particulares”. Así pues, para que la historia no se siga repitiendo, aquí también como farsa, necesitamos preguntarnos acerca de éstos y otros rasgos similares para intentar averiguar su procedencia y hacernos algo más conscientes de ellos, si cabe, para atenuar en la medida de lo posible sus devastadores efectos. Veamos pues el caso. Sabemos el motivo de consulta de la Sra. Homeopatía: que desde siempre no la comprenden y que se merece otro lugar que el que ocupa, que la obstaculizan, la persiguen... Sabemos muchos de sus rasgos (no sé si síntomas): orgullosa, individualista, en el fondo se cree más que los demás, pretenciosa, no tolera demasiado bien la contradicción, seria... Veamos ahora sus antecedentes personales, que en este caso son de vital importancia porque todas estas quejas las presenta desde siempre, desde que nació. Intentemos saber algo más del estado de los padres durante la concepción. (Antecedentes) De su madre no nos vamos a ocupar mucho porque lo que conocemos es un tanto contradictorio, aunque sugerente. La verdadera madre de la homeopatía es, a mi entender, no la sufrida e históricamente maltratada Henriette, sino la segunda esposa de Samuel, Melanie. Su biografía, como decía, no está totalmente perfilada: por un lado superficial, frívola, inestable, orgullosa, con ansias de riqueza, de “grandeur”, en fin, con muchos rasgos de una “neurótica histérica” (7), o por el otro, abnegada, fiel, generosa, inteligente, con gran capacidad para relacionarse, artista talentosa, etc. No sabemos bien con qué quedarnos. Quizá las dos. O quizá las tres, si incluimos a Henriette. ¿Y el padre? Sí, aquí tenemos a Samuel. Este artículo no pretende ser un estudio exhaustivo de la personalidad de Samuel a través de sus biografías. De todas formas, de las consultadas, podemos extraer algunas conclusiones. Como de sus virtudes ya se nos ha informado reiteradamente, vamos a fijarnos aquí en sus otros rasgos más “en negativo” que es como se trabaja en homeopatía. Así veremos que Samuel también era un tipo autoritario, dogmático, obstinado, orgulloso, individualista, desconfiado, agrio, con aires de superioridad... (Historia biopatográfica) En un principio llama la atención dos de los títulos consultados, que no hacen sino confirmar el endiosamiento que sus acólitos le profesan [recordemos que Samuel se llama el Lutero, el Melanchton de la Medicina (8)]. El primer título “Hahnemann, El Mesías de la Medicina” (9) ya lo dice todo. El segundo es una especie de vida novelada “La Vida Sobrehumana de Samuel Hahnemann” (10). Biografías ambas, a menudo, sonrojantes hasta para el idólatra hahnemanniano más contumaz. Frases grandilocuentes y afectadas se suceden sin respiro. Probablemente ha habido, a lo largo de la historia, personas que han contribuido tanto o más que Samuel al progreso de la humanidad, con una vida tanto o más dificultosa (después de todo al final de su vida Samuel gozó de prestigio, riqueza y reconocimiento) y es más bien raro que se les dediquen esos adjetivos. La de García Treviño (11), basada como la mayoría en la de Richard Haehl (12), ya nos habla, sólo por poner algunos ejemplos, de cómo “ataca las concepciones médicas... sin la menor consideración para con sus colegas, manifestándose, por su modo de atacar, como el futuro polemista que llegó a ser” (pág. 19), o cómo fue apedreado y asaltado su carruaje en Muhlhau (pág. 53), cómo el Dr. Pulchet, alópata pero defensor de la homeopatía, deplora el menosprecio con que Hahnemann trataba a sus adversarios, el desdén por sus argumentos (pág. 78), cómo algunos médicos del príncipe Schwarzenberg deseaban conocer la homeopatía, pero Hahnemann, pésimo diplomático, no se prestó... La de Ritter (13) es la más crítica. Se habla de su “carácter dominante e intransigente (pág. 36), testarudez, estrechez de miras y prejuicios (pág. 97); su obstinación e inflexibilidad y sus calificativos de bastardos y miserables a algunos homeópatas que él creía se apartaban de su directrices y por eso se le acusa de fanatismo (pág. 110); los insultos a los conversos: “...son sólo seres híbridos, anfibios que la mayoría de las veces se arrastran en el pantano fangoso de la alopatía y sólo muy rara vez...”( pág. 92); cómo M Müller, homeópata, dice que los insultos dirigidos por Hahnemann a personas con diferentes convicciones no ayudaron en nada a la homeopatía y que habría que diferenciar la homeopatía y los méritos de Hahnemann de la personalidad de éste (pág. 117-118); la escueta nota impersonal y fría de sus propios seguidores alemanes cuando marcha a París, “contentos de haberse librado de las eternas exhortaciones, insolencias y egotismos de este anciano desagradable” (pág. 125); cómo los homeópatas franceses, a la muerte de Samuel, declararon que con su comportamiento irrazonable había dañado más su escuela de lo que lo habían hecho todos sus opositores (pág. 141), etc. Pero detengámonos un poco más en la de Coulter (14), quizá la más objetiva, un historiador respetado y nada sospechoso de antihomeopático: - La obstinación como rasgo prominente de su carácter (pág. 307). - Al lado de su gran capacidad intelectual, su don de lenguas, y demás rasgos precoces de su infancia (como la mayor parte de sus biógrafos se empeñan en resaltar para mejor probar así, supongo, su pronta genialidad), hay un Samuel solitario que apenas tuvo una verdadera infancia y adolescencia (y que incluso para los genios suelen ser beneficiosas), como él mismo escribió más tarde: “...el esfuerzo mental y el estudio son ocupaciones antinaturales para los jóvenes cuyo desarrollo físico aún no es completo, especialmente para aquellos que están dotados de especial sensibilidad. Esto casi me costó la vida entre los 15 y lo 20 años”(pág. 307). - Rígida intolerancia hacia sus oponentes o hacia aquellos de sus seguidores que no le siguiesen precisa y absolutamente (pág. 312). - En la pág. 313 da Coulter un perfecto resumen de todo lo dicho hasta ahora (la cursiva es mía): “la historia temprana de la homeopatía fue moldeada por el carácter y el pasado (background) de Hahnemann (yo me atrevería a borrar lo de “temprana”). - “...fue el primero en su familia en alcanzar el estatus médico y tuvo que trabajar largo y duro para ello. Había idealizado la vocación médica durante sus muchos años de contemplar su inalcanzable meta. Cuando la obtuvo y vio el comportamiento de sus colegas caer tan por debajo de los estándares que el había imaginado que tenían, su frustración fue más grande. - “Aunque con dos mujeres y once hijos tenía más contactos personales que Paracelso, Hahnemann fue una persona solitaria en quien la escasez de relaciones humanas fue reemplazada por un abstracto amor a la humanidad”. - “...su origen de clase baja, el aislamiento de su vida y su idealización de la vocación médica lo alejaron de sus colegas, más aristocráticos y bien conectados. (Los remedios) En estos momentos el lector avezado ya se habrá dado cuenta de que estoy siendo más bien negativo, muy “negativfo” (como cierto entrenador de fútbol achaca como “hecho probado” a algunos periodistas) puesto que Samuel también tenía otros rasgos mucho más virtuosos. Pero en homeopatía no se prescribe en base a rasgos de personalidad positivos y constructivos, sino en los que definan el estado patológico (15). Para ello precisamos la ayuda de algunos osados autores que se han atrevido a hacerlo. ¿Qué medicamentos le habríamos dado a Samuel?. Vamos a citar algunos a modo de ejemplo: - C. Coulter: Sulphur (16). - Grandgeorge: Lachesis (17), Platina (18), Conium? (19) - Scholten: Rubidium (20). Para la homeopatía, en concreto, este autor recomienda Ytrium (21) - Lamothe: China (22) - Sankaran: China (23) Es posible que Samuel no necesitase ninguno de estos remedios o quizá, y más probablemente a mi entender, sólo algunos de ellos en diferentes épocas de su vida. Es lo de menos. Afortunadamente una persona es mucho más que un remedio (como se repetirá más adelante). Lo interesante es fijarnos y reflexionar sobre ellos, porque muy bien podrían hacer a nuestro caso de la Sra. Homeopatía y sus quejosos practicantes. De todos ellos, sin embargo, no sé si el más acertado, pero sí el que más me gusta, el más bonito, es el de China. El paralelismo sintomático es evidente [hay que recordar también que Samuel contrajo la malaria en su época de Transilvania (24)], pero si creemos, además, que en el universo todo está interconectado, entonces se cuadra el círculo al pensar que quizá no fuera casualidad que fuera éste el primer remedio experimentado por Samuel. Podía haber sido cualquier otro, pero fue China quien le estaba esperando, quizá un remedio muy bueno para él y que con mucha probabilidad le ayudó personalmente. Desde este punto de vista, quizá tampoco fuera casualidad que de esa experimentación surgiera la homeopatía, una disciplina que aún no habría tomado suficientes dosis del remedio que la vio nacer. (La reflexión) Mi idea, por tanto, es que la mayor parte de los rasgos aludidos al principio del artículo nacen con la propia homeopatía y forman parte del carácter que nos legó nuestro padre Samuel. Sus hijos seguimos, de alguna manera, viviendo sus propias delusions existan ya o no los estados intensos externos que los provocaron (y a lo mejor hasta justificaron) tal y como dice Sankaran (25). En todo caso, a mi entender, los estados externos son lo de menos, porque si no existen los crearemos. Y de hecho lo hacemos cuando, por ejemplo, protestamos vehementemente contra las “persecuciones” de que la homeopatía ha sido y es objeto (“y eso son hechos -dirá alguno- y no imaginaciones”). Y siempre lo haremos, como toda delusion, de forma tan conveniente y rotunda que nadie pueda dudar de su existencia. Habitualmente cuando un paciente cualquiera nos dice que lo persiguen o lo quieren mal o lo que sea, y nos dá además ejemplos de “hechos “ que así lo prueban, abordamos el caso con circunspección intentando ver qué actitudes de esa persona están contribuyendo de alguna forma a crear una situación de ese tipo. No nos importa tanto el que de verdad sean “hechos” o fantasías de la persona. Porque en realidad, y en este contexto, ¿qué diferencia hay entre los supuestos “hechos” y las “delusions”? Sin embargo, cuando somos nosotros “los pacientes” no actuamos así y, por lo visto, enseguida nos sentimos víctimas de alguna (supuesta) confabulación. Más valdría quizá que empezáramos a reflexionar acerca de qué es lo que hemos hecho y seguimos haciendo en la actualidad para que persista esa situación de la que tanto abominamos. Podemos seguir culpando indefinidamente a la alopatía opresora, al mundo injusto y cruel y a todo lo que se quiera, pero mientras cada uno no empiece a mirar dentro de sí, nada o muy poco va a ser diferente en nuestras relaciones con el mundo externo y, sobre todo, entre nosotros. Podemos seguir increpando al espejo indefinidamente que la cara no va a cambiar (26). Y ahí es donde creo que está gran parte de la génesis de nuestros problemas Y ahí seguiremos, lamentándonos y esperando no sé qué cambios para “la gloriosa venida del reino homeopático”. Y entre nosotros, ahí seguiremos también desperdiciando un montón de energía con nuestras batallitas absurdas de doncellas pudibundas y afligidas. En cuanto a Samuel, y por si lo hubiera parecido en algún momento, no ha sido mi pretensión el querer rebajar su figura. Todo lo contrario. La frase de un admirado autor “desmitificar a Hahnemann es honrarlo” (27) me parece proverbial en este sentido. Y lejos de hagiografías infantiloides o pedestales vacuos y sin sentido, no sólo honrarlo, sino comprenderlo. Comprenderlo mejor como persona que sufre, se encoleriza, se alegra; una persona con sus altos y sus bajos, sus luces y sus sombras, su soledad... en fin, todo lo que hace que reconozcamos a otro ser humano en tan humano y cercano como nosotros mismos y podamos identificarnos con él. Y ahí me quedará siempre Samuel como las imágenes de una película viva, recibiendo graciosamente a sus pacientes en zapatillas, con su bata y su kepis, o impotente y sincero reconociendo que no puede curar ni a su familia, o desgarrado ante la tragedia de sus hijos, o en sus viajes interminables hacia aquí y hacia allá buscando y buscando sin saber bien qué, o humillado e incomprendido en la ilusión de su vida, o paseando al atardecer en su “en realidad pequeño, pero alto jardín, si miras hacia arriba,” de Köthen, o en su ansia de progreso para sus semejantes ... Siempre Samuel detrás de las cortinas de un cuartucho miserable que lo separaba del otro no menos miserable donde toda la familia dormía, cuando la ciudad, el mundo también dormía, fumando una larga pipa que mitigaba su fatiga y su dolor, imaginando, imaginando, tal vez soñando y escribiendo febrilmente como poseído por no se sabe qué maldito demonio que no puedes evitar y que te impulsa a seguir y seguir sin descanso, sin que nada más te importe hasta que todo esté en su sitio, hasta que todo se haya cumplido. Esta ha sido, al menos, mi experiencia “desmitificadora” que, por otra parte, recomiendo. REFERENCIAS: 1. Heinz Von Foerster, en Lynn Segal, Soñar la realidad, p. 56, Barcelona, Paidós, 1994. 2. G. Fernández, P. Udina, Filosofía Homeopática de Sankaran, Revista Homeopática de la AMHB, 1999 (40): p. 10-11. 3. D. Ullman, La homeopatía, medicina del siglo XXI, p. 73-74, Barcelona, Martínez Roca, 1990. 4. N.K. Banerjee, Anecdotal homoeopathy floodlight on the lives of Hahnemann, Hering & Other Masters, p. 1, New Delhi, World Homoeopatic Links, 1981. 5. D. Ullman, Op. cit., p. 73. 6. J. Baur, La constitución de la materia medica homeopática, (trad. de M. Pluma), Revista Homeopática de la AMHB,1987, (7): p. 19. 7. Hans Ritter, Samuel Hahnemann, p. 121, Santiago de Chile, Hochstetter, 1990. 8. H. Ritter, Op. cit., p. 52. 9. Anónimo, Hahnemann, El Mesías de la Medicina, Barcelona, 1927. 10. Roger Larnaudie, La vida sobrehumana de Samuel Hahnemann, Buenos Aires, La Pleyade. 11. E. García Treviño, Hahnemann, su vida y su obra, versión cast. de la obra de José Emygdio Rodriges Galhardo, Monterrey, 1943. 12. Richard Haehl, Samuel Hahnemann: His Life and Work, Nueva Delhi, B. Jain, 1985. 13. H. Ritter, Op. cit. 14. Harris L. Coulter, Divided Legacy, vol II, p. 305-430, Washington, Wehawken Book Co, 1977. 15. G. Vithoulkas, Esencia de la Materia Médica Homeopática, p. 185, Barcelona,Paidós, 1999. 16. Catherine R. Coulter, Portraits of Homoeopathic Medicines, Vol. I, p. 187-188, Berkeley, North Atlantic Books, 1986. 17. Didier Grandgeorge, El remedio homeopático, p. 140, Barcelona, Kairós, 1993. 18. D. Grandgeorge, Op. cit., p. 186. 19. D. Grandgeorge, Op. cit., p. 91. 20. J. Scholten, Homoeopathy and the Elements, p. 531, Utrecht, Stitching Alonnissos, 1996. 21. J. Scholten, Op. cit., p. 548. 22. J. Lamothe, Seminario, Barcelona, 1996. 23. R. Sankaran, Seminario, Barcelona, 1999. 24. H. Ritter, Op. cit., p. 23. 25. R. Sankaran, The Spirit of Homoeopathy, sobre todo p. 17-21, Bombay, Homoeopathic Medical Publishers, 1991. (Hay trad. cast., El Espíritu de la Homeopatía, p. 22-25, Bombay, Homoeopathic Medical Publishers, 1999). 26. Thorwald Dethlefsen, Vida y destino humano, p. 63-67, Madrid, Edaf, 1984. 27. Marcelo Candegabe, Seminario, Barcelona, 1999. Autor: Dr. Gonzalo Fernández Quiroga Ponencia presentada en la IV Trobada de la Academia Médico Homeopática de Barcelona, Vilanova i la Geltrú, 2000. Publicada en la Revista Homeopática, tercer trimestre del 2001, nº 43: 2-6. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 1 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Hahnemann A Summary of the Failures of Trick or Treatment? by Simon Singh and Edzard Ernst Introduction Trick or Treatment? by Simon Singh and Edzard Ernst claims to “examine the various alternative therapies in a scrupulous manner” (p.3). In Halloween Science we offer a full critique of their book, and assess the validity of this claim, both in general and specifically in respect of homeopathy, by analysing the authors’ own arguments and evidence for accuracy, consistency and reliability. The present article is a summary with examples of nineteen major faults exhibited in Trick or Treatment?. The faults are grouped under four headings: Evidence, Science, Definitions and Analytical Tools. These headings reflect the main areas of failure, and sub-headings relate to specific issues. Evidence 1. Unsupported evidence Many of the figures, trials, events, quotations, statements, opinions and explanations presented in Trick or Treatment are unreferenced, making it difficult to verify the information, despite the fact that some of these form a significant part of their argument. For example, the authors provide insufficient support for the following statements: Figures: “Indeed, it is estimated that the annual global spend on all alternative medicines is in the region of £40 billion, making it the fastest-growing area of medical spending.” (p. 2) [In this case the information (amount spent) does not even support the concluson drawn from it (rate of growth in spending).] Trials: “In fact, a major study in 2006 confirmed numerous previous investigations showing that fears over mercury fillings were groundless.” (p. 265) [This actually appears to have been two separate studies.] Events: “This success was repeated during a cholera epidemic in London in 1854, when patients at the London Homoeopathic Hospital had a survival rate of 84 per cent, compared to just 47 per cent for patients receiving more conventional treatment at the nearby Middlesex Hospital.” (p. 107) Quotations: “ ‘A therapeutic agent cannot be employed with any discrimination or probability of success in a given case, unless its general efficacy, in analogous cases, has been previously ascertained’.” (p. 23) [This is ascribed to Pierre Louis. No support is offered for its basic assumption.] Statements: “These treatments are piled high in every pharmacy, written about in every magazine, discussed on millions of web pages and used by billions of people, yet they are regarded with scepticism by many doctors.” (p.1) [The scale of these figures requires supporting evidence. For example, with a world population of approximately seven billion people, “billions” means more than 28% of people.] Opinions: “Homeopaths would argue that the remedy has some memory of the original ingredient, which somehow influences the body, but this makes no scientific sense.” (p.100) [No justification is offered.] Explanations: “This would involve giving daily doses of a homeopathic remedy to several healthy people and then asking them to keep a detailed diary of any symptoms that might emerge over the course of a few weeks.” (p. 96) [This is actually an inaccurate description of a homeopathic proving.] 2. Information out of context Not only is information unreferenced, but it is often without context. Thus the figure quoted above for “the annual global spend on all alternative medicines” is not put into the context of the estimated $4.1 trillion (£2.8 trillion) global spend on medicine as a whole. (1) Similarly the statement that The bottom line is that none of the above [alternative] treatments is backed by the sort of evidence that would be considered impressive by the current standards of medical research. (p. 238) is not compared with the British Medical Journal’s Clincal Evidence report that Of around 2500 [commonly used NHS] treatments covered 13% are rated as beneficial, 23% likely to be beneficial, 8% as trade off between benefits and harms, 6% unlikely to be beneficial, 4% likely to be ineffective or harmful, and 46%, the largest proportion, as unknown effectiveness.(2) 3. Double-standards for evidence The authors accept material which supports their argument despite its failure to meet the standards they set for material which supports an opposing view. For example, they complain about the Bristol Homeopathic Hospital outcome survey (2005) that The study had no control group, so it was impossible to determine whether these patients would have improved without any homeopathic treatment. (p. 140) Yet they claim that it is possible to determine consequential harm without a control group: There are numerous reports of patients with serious conditions (e.g. diabetes, cancer, AIDS) suffering harm after following irresponsible advice from alternative practitioners instead of following the advice of a doctor. (p. 186) Similarly they refer to a spoof story about “DiHydrogen MonOxide” (H2O), alleged to show that ‘You can give people this totally accurate (but emotionally laden, and sensationalist) information about water. When you then survey these people, about three quarters of them will willingly sign a petition to ban it.’ (p. 267) But they do not mention whether this research has been replicated and confirmed, although they point out that “independent replication is a vital part of how science progresses.” (p. 125). Nor do they provide any information about what medium was used to publish the article, what size of population was involved, how they were selected, what control was used, how the responses were surveyed, nor, crucially, what relationship the population sample has to the population using alternative medicine. In other words, it is purely anecdotal and satisfies none of the requirements they insist are necessary for a valid trial. Science 4. Confusion of absence of proof with proof of absence The authors repeatedly assume that lack of evidence can be taken as proof that such evidence is unobtainable, and that a theoretical explanation is wrong. Thus they claim that “the traditional principles of acupuncture are deeply flawed, as there is no evidence at all to demonstrate the existence of Ch’i or meridians” (p. 83). Similarly, in the case of homeopathy the authors allege that “hundreds of trials have failed to deliver significant or convincing evidence to support the use of homeopathy for the treatment of any particular ailment” (p. 139), yet they then go on to use this alleged lack of evidence to claim that “the scientific evidence indicates that homeopathy is wholly ineffective” (p. 231). In each case there is no evidence against the therapeutic approach, but a mixture of evidence for it(i) which is good, ambiguous or insufficient. This suggests that there is a problem of lack of research, not lack of validity of the therapeutic approach. 5. Disregard for the importance of theory On the very first page, the authors state that “science employs experiments, observations, trials, argument and discussion in order to arrive at an objective consensus on the truth” (p. 1). They go on to state that “Chapter 1 provides an introduction to the scientific method. It explains how scientists, by experimenting and observing, can determine whether or not a particular therapy is effective” (p. 4). At no point, however, do they mention the importance of theory to science, despite the fact that an essential part of the scientific method is the interaction of experiment with theory. Nor do they discuss the relative merits and justificatons for different medical theories. Instead the authors refer to their “scientific evidence” in the abstract, as though it were independent of its specific context of randomised controlled trials based on the pharmaceutical research model. Thus, they fail to acknowledge the existence of their own theoretical assumptions, and fail to question the appropriateness of those assumptions when assessing alternative medicine. 6. Assumption that orthodox medicine is scientific No justification of orthodox medicine as a science is ever provided, and yet all references to the “evidence”, “testing”, “trials”, “studies”, “investigations”, “research”, “information”, “criticisms”, “methods”, “foundations”, “rigour”, “approach”, “attitude”, “thinking”, “understanding” or “point of view” are described as “scientific” when based on the pharmaceutical model of orthodox clinical trials. (3) In this way the authors appear to be trying to establish, through repetition rather than reason, the idea that this approach alone is the “scientific” means of testing the validity of alternative medicine. They also refer to alternative therapies as “unscientific” (p. 163), or as having “no scientific sense” (pp. 100 and 226). Similarly, without any explanation of the meaning in this context of “philosophies” (that is, ‘theories’) or of the alleged “conflict” the authors state that These other therapies have struggled to be accepted by mainstream medicine, partly because their underlying philosophies conflict with our scientific understanding of anatomy, physiology and pathology. (p. 196) 7. Failure to understand orthodox medicine Curiously, the authors make mistakes about orthodox medicine, such as claiming that “the term ‘vitamin’ describes an organic nutrient that is vital for survival, but which the body cannot produce itself” (p. 15), when the body can produce vitamins A, B3, D and K; or appearing to confuse chronic pancreatitis with acute pancreatitis (p. 186). They also generalise “the ability of oranges and lemons to cure scurvy” (p. 18) into evidence that the RCT can be used “to decide hat works (lemons for scurvy)” (p. 36). In fact, vitamin C (and fruit containing it) successfully treat scurvy because scurvy is simply a result of a deficiency of vitamin C. As such, this treatment has no similarity with orthodox or alternative treatments for infections and chronic diseases, and to confuse the two types of treatment suggests a general failure to understand the nature of medicine. Definitions 8. Four different definitions of alternative medicine The authors initially define alternative medicine as (our emphasis) … any therapy that is not accepted by the majority of mainstream doctors, and typically this also means that these alternative therapies have mechanisms that lie outside the current understanding of modern medicine. (p. 1). In Chapter 4 the primacy of this lack of acceptance later changes to that of lack of understanding of the mechanism of action, since “chiropractors have become part of the medical mainstream” (p. 147), but their therapy allegedly “makes no sense at all from a modern scientific point of view. That is why chiropractic treatment is still considered by many as an alternative medicine” (p. 147). In Chapter 5 the authors again note that “other therapies have struggled to be accepted by mainstream medicine” (p. 196), but in the case of herbal medicine … plants contain a complex cocktail of pharmacologically active chemicals, so it is not surprising that some of them can impact on our wellbeing. Consequently, herbal medicine has been embraced by science to a far greater extent than the other treatments above. (p. 196) They add that “there is general agreement that much of modern pharmacology has evolved out of the herbal tradition” (p. 196). As a result acceptance is now based on understanding rather than being contrasted with it, this understanding being specifically the chemical action recognised by pharmacology. Finally, in Chapter 6, acceptance becomes dependent on testing according to the procedures used by pharmacology, tests which have been repeatedly called “scientific”. Thus the authors claim that this brings us to an interesting situation: any provably safe and effective alternative medicine is ot really an alternative medicine at all, but rather it becomes a conventional medicine. Therefore, alternative medicine, by definition, seems to consist of treatments that are untested, or unproven, or disproven, or unsafe, or placebos, or only marginally beneficial. (p. 287) However the principles on which these “scientific” tests of pharmacology are based have never been properly explained or scientifically justified. Furthermore, while alternative therapies may not be accepted because they have not been proven effective according to criteria external to those therapies, many common orthodox treatments are accepted whether or not they have been proven effective according to the uthors’ own criteria, since (as we have already pointed out) orthodox medicine includes 64% to 87% of commonly used treatments which have not been proven safe and effective. 9. Failure to define significant terms We have noted the authors’ failure to define ‘science’ properly and their constant reference to orthodox medicine as “scientific”. In addition, their terms for orthodox medicine do not refer to its theoretical principles but only to its official status, such as “mainstream”, “conventional” or “establishment”. Some essential terms are not defined at all, such as ‘disease’, ‘cure’ and ‘effective’. Given that the whole of their examination rests on proving whether alternative medicine is effective or not, failure to define this term seriously undermines their argument. The authors have an ambivalent attitude to some other terms, such as ‘holistic’ and ‘individualisation’. On the one hand they refer to them as “impressive buzzwords” (p. 2), but on the other they use them as legitimate terms (pp. 138 and 223). They also refer to “the fundamental question: ‘Is alternative medicine effective for treating disease?’” (p. 3), and then note that “when unpacked it becomes somewhat complicated and has many answers” (p. 3). Indeed it ‘unpacks’ to no less than 25,900 questions, which makes their definition of ‘fundamental’ unusual at the least. 10. Arguments based on readers’ preconceptions Because the authors fail to define their terms, readers are frequently left to assume meanings for them. The effect of this is that readers rely on preconceptions which are unquestioned and unjustified but assumed to be valid. For example, the term ‘effective’ is undefined, but it is constantly used by the authors with reference to RCTs. In the absence of any definition of the criteria being used or of the appropriateness of these criteria to specific trials, the reader assumes a ‘valid’ definition. This means that conclusions based on these trials are accepted, depite the lack of evidence for the validity of these trials and the reliability of their results. In other words, the authors’ are presenting their arguments so as to deliberately exploit "confirmation bias, which is the tendency to interpret events in a way that confirms preconceptions” (p. 234). 11. Failure to take into account different definitions of terms The failure of the authors to define their terms has even greater significance given that some alternative therapies (especially homeopathy) have definitions of ‘disease’, ‘cure’ and ‘effectiveness’ which are significantly different from those used by orthodox medicine. In Halloween Science we present eleven examples of how these differences can impact on clinical trials, causing the results to range from ambiguous to meaningless. The authors ignore these issues, yet their own comment about trials of homeopathy indicates that such a failure may be having real consequences, since “over and over again, the evidence is either non-exstent or shaky” (p. 139). Furthermore, other therapies also exhibit ambiguity in RCT evidence, indicating that the problem of erroneous definitions may affect trials of those therapies too. 12. Failure to present the principles of evidence-based medicine accurately (EBM) Just as the authors leave theory out of their definition of science, so they leave clinical expertise based on experience out of their definition of EBM. They quote David Sackett as stating that “Evidence-based medicine is the conscientious, explicit, and judicious use of current best evidence in making decisions about the care of individual patients” (p. 24), but they do not add that he went on to state that “without clinical expertise, practice risks becoming tyrannised by evidence, for even excellent external evidence may be inapplicable to or inappropriate for an individual patient”. (4) Instead they rely on RCTs alone and attack evidence from clinical experience. In the case of the Bristol Homeopathic Hospital outcome survey, for example, “As far as the public was concerned, this appeared to be an extraordinarily positive result” (p. 140), but the authors claim that this “70 per cent improvement rate” (p. 140) is “largely meaningless” (p. 140), and justify their opinion with explanations which are incompatible with the facts or their other statements. 13. Failure to present homeopathy accurately The authors describe the nature and development of homeopathy so inadequately and inaccurately as to make it impossible to assess the validity of their arguments. They state that “after the dilution, the mixture is vigorously shaken, which completes the potentization process” (p. 98), yet immediately afterwards refer to (our emphasis) “further dilution and potentization” (p. 98). They refer to “the remedy that offers a perfect match with the patient’s symptoms” (p. 101), yet show a perfect match is impossible as their example has symptoms which cannot coexist in one person at one time. They state that the homeopathic term “miasmatic” (p. 255) refers to “poisonous vapours” (p. 255) and that homeopaths “tend to reject … the role of bacteria as agents of disease” (p. 105) even though Hahnemann himself stated that the cholera-miasm finds a favourable element for its multiplication, and grows into an enormous brood of those excessively minute, invisible, living creatures, so inimical to human life, of which the contagious matter of the cholera most probably consists. (5) With errors of this magnitude in their explanation of one therapy, it is reasonable to distrust their explanations of all the other therapies too, but we do not have the expertise to recognise if such errors do actually occur in other cases. 14. Doubts about the validity of orthodox drug therapy The authors show that orthodox drug therapy attempts to find “the active ingredient of each plant and isolate it” (p. 197), and yet they also accept that in some cases the effects may be “due to a combination of chemicals, each one working to enhance the effect of the others” (p. 200), and further that “we now accept that almost every medical intervention carries a risk of side-effects” (p. 205). In other words they acknowledge that the goal of a single chemical with a single effect is illusory, a point confirmed by knowledge of the variable action of chemicals at cellular level. (6) The authors consider (our emphasis) “meticulously documenting its impact on a total of 156 patients” (p. 194) (that is, people suffering from diseases) to be a good testing regime for a drug, yet The Merck Manual of Medical Information notes that “many factors influence drug response”, including “disease”. (7) In other words testing drugs on the sick is an inherently flawed approach. The authors claim that the general results of trials are essential for determining treatment for individual patients, yet state that there is “no guarantee that a treatment that had succeeded during a set of trials would cure a particular patient” (p. 23). These issues raise serious questions about the validity of the approach used by orthodox medicine, and about the validity of using its tests to assess alternative medicine. The authors also attack the majority of front-line orthodox practitioners as unscientific, alleging that they are “ignorant” (p. 269), “lazy” (p. 269) or “convinced … despite all the lack of evidence” (p. 270) when it comes to alternative medicine. Analytical tools 15. Failure of the Randomised Controlled Trial (RCT) While the authors demonstrate that the RCT is an appropriate tool for identifying harmful interventions, they fail to offer evidence of its validity as a test of beneficial interventions. They also note that after trials have been completed “doctors are encouraged to continue to monitor and report any adverse incidents … [so] we can, if risks emerge, withdraw a drug” (p. 178). In other words, RCTs by themselves are not even reliable guides to the extent of harm produced by drugs. As has been stated above, there is also “no guarantee that a treatment that had succeeded during a set of trials would cure a particular patient” (p. 23), so the RCT does not produce evidence valid for an individual case. In other words, the RCT is not an appropriate tool for identifying whether alternative medicine is effective. 16. Failure of the meta-analysis The authors rely on meta-analyses of RCTs for their conclusions about homeopathy and chiropractic therapy, yet they point out that, for example, “Not surprisingly, Linde’s conclusion was questioned by opponents of homeopathy. Critics argued that his meta-analysis had been too lax” (p. 134). Similarly the meta-analysis by Shang et al. (8) met with great criticism, particularly as regards its lack of information about the criteria used for selecting the final fourteen trials out of 110 ‘matched pairs’. (9) In short, not only are such trials based on RCTs which may not be valid, but they are also liable to subjectivity in the choice of selection criteria. 17. Failure of the placebo effect The authors explain the effects of alternative medicine primarily by reference to the placebo effect without any scientific justification. Not only do they admit that “scientists strive to establish the scientific basis of the placebo effect” (p. 62), but they acknowledge that it is variable (p. 244); individual (p. 64); may be stimulated by completely opposite circumstances, such as “novelty” (p. 57) or “tradition” (p. 223); and can be an “ineffective treatment that can nevertheless be consoling” (p. 57), or produce “real physiological changes” (p. 60) without any explanation for these different consequences. They also fail to show that there is any consistent similarity between the placebo effect and the observed effects of alternative therapies. 18. Denial of the importance of individuality The authors acknowledge that the curative process is individually determined. In the case of drug treatments they note that, despite the RCT, “there was still no guarantee that a treatment … would cure a particular patient” (p. 23), whilst in the case of the placebo effect they allege that “the actual placebo effect for a particular patient depends entirely on the belief system and personal experiences of that individual” (p. 62). This indicates that Ernst and Singh should be aware that any scientific system of medicine needs to take individuality into account. However, when testing alternative therapies which consider individualisation essential, the authors devalue its importance. For example, when discussing homeopathy they note that “most trials have not been individualized” (p. 138), but they do not point out that those trials are therefore not valid or at least suspect. Furthermore, in the examples they then give of “individualized” trials, the individualisation is wholly inadequate. 19. Denial of the importance of clinical experience The limited version of evidence-based medicine used by the authors relies exclusively on controlled clinical trials, even though these provide only generalised evidence of effectiveness. As has been pointed out above, the full approach insists that expertise derived from clinical experience is necessary for the selection of the correct treatment in a particular case because of the individuality of patients. Clinical experience is also crucial in revealing some of the harmful effects of drugs tested by RCT. In the case of homeopathy the definition of effectiveness recognises and uses the individuality of the patient as a basis for both determining treatment and assessing the results. As a result there may be “conflict between personal experience and scientific research” (p. 231) because of a failure to define the research protocols correctly. Such is the authors’ reliance on RCTs and devaluation of clinical experience, however, that they do not challenge the trial protocols in order to explain this “conflict” even though eleven possible failures can be identified in these protocols. Instead they challenge the validity of experience. In doing so they attribute the higher rates of success in clinical practice to “the Hawthorne effect” (p. 65), “natural healing processes” (p. 140), “regression to the mean” (p. 233), remedies “contaminated, perhaps with steroids or other conventional pharmaceuticals” (p. 232), “other treatments” (p. 140), “coincidence” (p. 232), “the placebo effect” (p. 140), and even “patients being reluctant to disappoint whoever was interviewing them” (p. 140). None of these ‘explanations’ is supported by research evidence demonstrating that they have a significant impact on outcomes. Conclusions What is clear from the points listed above, is that Ernst and Singh have failed to provide a secure theoretical or evidential base for their argument. They have not defined their basic terms, they have not presented a theoretical relationship between evidence and practice, and they have arbitrarily rejected evidence. They have also used analytical tools which are either inherently inadequate for achieving objective and reliable conclusions, or which have been rendered inadequate for such a purpose by the limitations the authors set on their use. Furthermore, they rely heavily on unsupported statements, preconceptions, perjorative language, hyperbole, double standards, and facts which are misrepresented, juxtaposed and removed from context in order to support their argument. Such a biased and wholly inadequate examination of alternative medicine by two “trained scientists” (p. 3) is damaging to the credibility of orthodox medical researchers and science in general. Trick or Treatment? also encourages a hazardous therapeutic environment for patients. By exploiting prejudice whilst claiming to offer “an unparalleled level of rigour, authority and independence” (p. 3), the authors help to alienate doctors and alternative therapists from each other. As a result patients are faced with the increased likelihood of orthodox and alternative practitioners being unable to communicate with each other or learn from the outcomes of different therapeutic approaches. They may even be faced with contradictory treatments which cannot be reconciled or even discussed with the relevant practitoners. In brief, Trick or Treatment? has no validity as a scientific examination of alternative medicine, but is damaging to the credibility of science, and a threat to the safe and effective practice of medicine. Notes i) Paolo Bellavite and Andrea Signorini, The Emerging Science of Homeopathy: Complexity, biodynamics, and nanopharmacology (Berkley: North Atlantic Books, 2002). Bibliography 1. Spending On Health: A Global Overview, World Health Organization, 2007, http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs319/en/index.html, accessed 21 February 2008. 2. BMJ Clinical Evidence website, http://clinicalevidence.bmj.com/ceweb/about/knowledge.jsp, accessed 23 February 2009. 3. See pp. 4, 34, 35, 100, 116, 122, 147, 194, 196, 197, 199, 223, 231, 234, 239, 244, 269, 276, 284 for examples. 4. David L Sackett, William M C Rosenberg, J A Muir Gray, R Brian Haynes, W Scott Richardson, ‘Evidence based medicine: what it is and what it isn't’, BMJ, 312 (1996), 71-72 (13 January), at http://www.bmj.com/cgi/content/full/312/7023/71, accessed 6 December 2008. 5. Samuel Hahnemann, ‘Appeal to Thnking Philanthropists Respecting the Mode of Propagation of the Asiatic Cholera’, (Leipzic: the author, 1831) in Samuel Hahnemann (trans. R E Dudgeon MD), The Lesser Writings of Samuel Hahnemann, 1851 edn (New Delhi: B. Jain Publishers, repr. edn 2002), p. 758. 6. See Paolo Bellavite MD and Andrea Signorini MD, The Emerging Science of Homeopathy: Complexity, biodynamics, and nanopharmacology (Berkley: North Atlantic Books, 2002), p. 141. 7. Robert M.D. (Editor in Chief) Berkow, The Merck Manual of Medical Information: Home edition (New York: Simon and Schuster Inc., 2000), p. 35. 8. Aijing Shang MD, Karin Huwiler-Müntener MD, Linda Nartey MD, Peter Jüni MD, Stephan Dörig, Jonathan AC Sterne PhD, Daniel Pewsner MD, Prof Matthias Egger MD, ‘Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy’, The Lancet, 366 (2005),726-732 at http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(05)67177-2/fulltext, accessed 3 March 2009. 9. Klaus Linde, Wayne B Jonas, ‘Meta-analysis of homoeopathy trials’ (letter to the editor), The Lancet, 9503 (2005) at http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(05)67878-6/fulltext, accessed 3 March 2009; Peter Fisher, Brian Berman, Jonathan Davidson, David Reilly, Trevor Thompson and 29 others, Letter to the editor, The Lancet, 9503 (2005) at http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(05)67879-8/fulltext, accessed 3 March 2009; and R Lüdtke and A L B Rutten, ‘The conclusions on the effectiveness of homeopathy highly depend on the set of analyzed trials’, J. Clin. Epidemiol., (2008) at ; and A L B Rutten and C F Stolper, ‘The 2005 meta-analysis of homeopathy: the importance of post-publication data’, Homeopathy, 2008 at . Author: William Alderson RSHom LLSCH, on behalf of H:MC21 (Homeopathy: Medicine for the 21st Century). March 2009. Source: http://www.homeopathyworkedforme.org/#/halloweenscience/4533482584 Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Investigación, Libros LOS MIASMAS Y LA CLÍNICA: DOS CASOS DE MEDORRHINUM Debo reconocer que uno de los conceptos homeopáticos que siempre me ha costado digerir ha sido la teoría miasmática. Tal vez tenga ello que ver con mi relación, durante los años formativos, con la escuela mexicana del Dr. Proceso Sánchez Ortega. Aunque el planteamiento global resultaba coherente, quizás el estilo excesivamente doctrinario o ese toque cuasi religioso con el que estudiábamos el Órganon y las Enfermedades Crónicas, unido al gran culto a la personalidad hacia la figura del “maestro Proceso” despertaron resistencias que dificultaron por mi parte la asimilación del método. La técnica de la seriación miasmática de los síntomas, por otra parte, dificultaba aún más mi aceptación; se me antojaba simplista y artificiosa. Posteriormente ingresé en el departamento de Doctrina de la AMHB, en la actualidad Bases Teóricas, con el ánimo de aclarar las dudas que a diario me planteaba la actividad clínica. Las obligaciones docentes por un lado y los intercambios con otros miembros del departamento, hicieron posible que poco a poco me fuera ubicando en el universo conceptual homeopático. Una de las primeras sorpresas fue constatar que la teoría miasmática hahnemaniana, difería notablemente de la teoría miasmática procesiana. Tal vez si nos hubieran explicado la génesis y la ulterior evolución de las diferentes corrientes miasmáticas la confusión hubiese sido menor. Pero así son las cosas, quizás no estaban preparados o era otra la intención. De todas formas la confusión conceptual, origen de todas las batallas miasmáticas, se produce cuando Hahnemann traslada el esquema infecto-contagioso de los miasmas venéreos, que él relaciona con entidades clínicas concretas, al resto de enfermedades agrupándolas bajo un epígrafe nuevo al que denomina Psora. A partir de ese momento la Psora es la responsable de la mayoría de enfermedades que afectan y han afectado a la humanidad y su origen es imposible de determinar aunque algunos se remontan al momento de "la caída", al momento en que el hombre quiso comer el fruto del árbol prohibido, el "árbol del bien y del mal". Este es el elemento que torna indigerible para mí al miasma psórico y que, por otro lado, hace que su plasmación clínica resulte un tanto confusa. Han pasado los años y, en mi caso, la teoría miasmática, según plantean algunas escuelas, continúa siendo farragosa e inaprensible como método de abordaje clínico. No tengo nada que objetar y merecen un gran respeto los colegas que han desarrollado una metodología clínica basándose en estos presupuestos, ahí están las aportaciones de Proceso, de Giampietro, de Sankaran y de los clásicos. Ahora bien, que algunas técnicas miasmáticas me resulten farragosas no significa que desdeñe la teoría miasmática y que no la tenga en cuenta en el quehacer diario. En algunos casos, lo que podemos llamar impregnaciones, bloqueos, antecedentes o herencias miasmáticas, ya sean tuberculínicas, blenorrágicas, carcinosínicas y, en menor medida, sifilíticas resultan tan evidentes que es imposible obviarlas. Las psóricas son otro cantar. Como ejemplo, reseño dos historias clínicas de Medorrhinum (medicamento que simboliza en muchos aspectos los signos de los tiempos) que ponen de manifiesto que eso que los clásicos llamaban Sycosis existe, es palpable. CASO 1 J. D. tenía 7 años recién cumplidos cuando viene a la consulta por primera vez en Febrero de 1998. Los padres lo traen porque desde los 3 años padece de los oídos, siendo diagnosticado por los pediatras de otitis crónica serosa bilateral. JD siempre ha padecido muchos cuadros catarrales y duerme con la boca abierta. JD tiene una hermana 2 años mayor y desde hace 2 años vive con ellos una niña saharaui. El padre es una persona de temperamento fuerte, expansivo y comprometido socialmente desde la juventud. La madre es de carácter reservado, con una constitución que podemos llamar carbónica. Durante el embarazo de JD requirió el uso de insulina por diabetes gestacional. JD pesó 3.200g al nacer, tuvo una dentición tardía y caminó a los 13 meses. Fue amamantado los 6 primeros meses de su vida, recibiendo todas las vacunas del calendario sin complicaciones aparentes. La madre hizo un cuadro de hipertiroidismo en el postparto, con bocio. El padre había padecido otitis, eccemas y tiene antecedentes blenorrágicos. JD estuvo bien hasta los 2 años cuando hizo un cuadro febril de 3 semanas que requirió ingreso por pérdida importante de peso. Fue dado de alta sin diagnóstico concreto pero los médicos, debido al adelgazamiento, pudieron constatar la existencia de un bultito en zona latero-cervical derecha que se consideró como un resto embrionario. Unos meses después el quiste se inflamó, se formó un absceso y empezó a supurar. Unas semanas más tarde, cesada la supuración, se procedió a la exéresis quirúrgica del mismo, siendo catalogado como un adeno-absceso. A partir de ese momento empezó a sufrir las otitis que tras sucesivos tratamientos acabaron llevando nuevamente a JD al quirófano. Habían transcurrido 4 años. Se le extirparon las adenoides y se le implantaron drenajes transtimpánicos. Le visito un mes y medio después, los padres manifiestan: “al salir del hospital le dimos antibióticos durante 15 días y ahora está peor y supura un poco”. JD es un niño muy caluroso que suda mucho por cualquier actividad. Come de todo aunque le gustan los platos fuertes, el embutido y el queso. Antes tomaba mucha leche y tiene aversión a los purés. Tiene la piel seca y una vez tuvo eccemas. Los padres dicen que es un niño inquieto al que “le cuesta centrarse en los estudios” y tiene reacciones raras, “se descontrola” y se altera fácilmente, lo que relacionan con “el síndrome del niño enfermo”. JD es un niño que tiene una relación muy estrecha con el padre, al que lleva a situaciones extremas, “sólo lo llama a él”. Con la niña saharaui se lleva a matar, es una relación de amor y odio. Al parecer no le gustan los médicos y se pone nervioso cuando ha de ir a visitar a alguno; sin embargo, cuando está mal él mismo los pide y si no le dan medicamentos piensa que no le quieren. Se agita y se muestra preocupado por mínimos dolores. Necesita controlarlo todo y no le gustan las situaciones nuevas, le inquietan, le cuesta salir de casa. Se queja, necesita llamar la atención, es muy posesivo. A la exploración se visualizan los drenajes y una ligera descarga mucopurulenta en oído izquierdo. Teniendo en cuenta los antecedentes blenorrágicos, la metástasis mórbida, la patología catarral y los rasgos del temperamento la primera prescripción fue Medorrhinum 10 mil K, 2 tomas separadas 12 horas. Visito a la JD un mes después: “Los oídos están mejor, ya no supura. Un día se quejó del oído izquierdo. Tiene unos granitos que recuerdan a la erupción que tuvo hace tiempo. Está más contento y más feliz, el carácter ha cambiado. Está más tranquilo, piensa que se va a curar aunque sigue obsesionado con su enfermedad”. En la exploración el drenaje derecho ha caído. La mejoría clínica experimentada desde las primeras semanas se mantuvo en los meses siguientes. Las tomas de Medorrhinum 10 mil K se repitieron a los 2 y a los 4 meses de la primera prescripción por la vuelta de los síntomas óticos en forma de molestias y descargas mucopurulentas abundantes, en ambas ocasiones la mejoría fue rápida cayendo también el drenaje del oído izquierdo. A los cuatro meses, después de la última toma de Med. 10 mil, apareció una nueva erupción en cuero cabelludo que evocaba a otra anterior. Las siguientes visitas se fueron centrando en el comportamiento, pasando los trastornos óticos a segundo término. Aunque JD estaba más tranquilo y la niña saharaui había marchado, continuaban “las reacciones extremadas sin venir a cuento” que generaban gran tensión en el seno familiar. Paulatinamente el trasfondo abandónico se hizo más evidente y las salidas de tono se producían cuando los padres mostraban intención de ausentarse. La posesividad, la necesidad de controlarlo todo, las resistencias a salir de casa y la angustia abandónica me hicieron prescribirle Lachesis 200K, remedio que recibió en tres ocasiones. La última vez que vi a JD fue en Mayo de 1999 aunque he sabido de él con frecuencia. En ese momento hacía ya casi un año que no presentaba patología ORL aguda. En una ocasión durante el invierno coincidiendo con un cuadro faríngeo tuvo molestias en forma de pinchazos en los oídos. Come bien y de todo, sigue deseando sabores fuertes. No ha tenido nada en la piel. Al igual que el padre tiene algún episodio de epistaxis nocturna. El comportamiento ha mejorado notablemente: “está más sensato, menos estados de descontrol, acepta normas, obedece, ya no lleva la contraria, trabaja muy bien en el cole y se queda en casa de los amigos". CASO 2 JM es el papá de JD y tiene 43 años cuando nos encontramos por primera vez en Julio de 1999. Es una persona de complexión fuerte. Le gusta el atletismo y desde joven es corredor de fondo, actividad que sigue practicando cuando las molestias del aparato locomotor no se lo impiden. Animado por la evolución, tan favorable como inesperada, de su hijo, decide consultar también. JM es el tercero de 5 hermanos. Su padre fue militar y a sus 83 años está bien de salud aunque ha tenido eczemas. La madre tiene algunos trastornos sin importancia. JM fue un niño sano y sólo recuerda haber tenido erupciones en la cabeza y alguna otitis. Consulta porque tiene achaques varios. Refiere padecer alergia desde hace 6 años. Con 20 años tuvo una especie de crup con disnea, estando en la playa, que no ha vuelto a repetir. Las crisis alérgicas se remontan a 1993; ese año empezaron a picarle los ojos y a hinchársele los párpados. Desde entonces cada primavera-verano tiene accesos de rinitis y coriza con picor en ojos, nariz, estornudos y en alguna ocasión disnea. Los síntomas se agravan después de correr. Desde hace tiempo tiene problemas de ciática de lateralidad izqda. Las imágenes de una RMN realizada en 1991 son sugestivas de discopatía L4-L5. Las crisis agudas han sido después de reposar y mejoran con el movimiento. También tiene problemas en la rodilla izquierda, todo lo cual relaciona con su actividad deportiva. Refiere molestias uretrales intermitentes desde hace años en forma de polaquiuria, molestias al orinar después del coito y, a veces, dolor al eyacular. También padece de hemorroides y le llama la atención que cuando éstas se agudizan lo hacen también los síntomas uretrales. Hace 8 años después de un esfuerzo físico prolongado orinó sangre. A temporadas le salen eccemas en los codos y pliegues interglúteos. De niño también los tenía en el cuero cabelludo. Esporádicamente ha utilizado corticoides. Por su actividad profesional es vacunado con regularidad. Las últimas vacunas recibidas han sido hepatitis B y tétanos en los años 94 y 95. JM ha tenido 2 episodios blenorrágicos. El primero con 19 años, el segundo con 24-25. Este segundo episodio "me dejó tocado”. A partir de ese momento sus contactos sexuales se hicieron más selectivos. De alguna manera él siempre ha relacionado las molestias uretrales con estos episodios. JM es una persona sumamente vehemente, apasionada, valiente. Es una persona comprometida socialmente que no se rinde fácilmente y cree en las ideas y en la coherencia. Aunque es emocionalmente estable, a los 33 a. pasó una crisis existencial relacionada con la paternidad. Es muy caluroso. Con 5 ó 6 horas de sueño tiene suficiente y dice que a veces saca un pie de la cama. Come de todo aunque prefiere lo salado y no tiene hábitos tóxicos. Le gustan el vino y el té. Teniendo en cuenta los trastornos uretrales, los articulares, algunos síntomas mentales y generales y los antecedentes blenorrágicos prescribo Medorrhinum 10 mil K, 2 tomas separadas 12 horas. Al mes siguiente JM dice estar muy bien de la alergia “apenas he tenido algunos picores. Muy bien a nivel urinario. Se me han intensificado algunas cosillas: me salió un poco de eccema en los codos y rodillas y tengo una molestia en el hombro izqdo., que ya tenía, con cierta impotencia funcional. He entrenado muy bien estos días.” JM vino por la consulta durante un año. Sé por relaciones interpuestas que las molestias del hombro izquierdo fueron a más y que ha estado haciendo rehabilitación sin grandes resultados. Le han diagnosticado finalmente una plexitis braquial que según los traumatólogos es la causa de la atrofia deltoidea. La alergia es menos intensa y las molestias uretrales han desaparecido por completo. VALORACIÓN Aunque a la hora de valorar los resultados del tratamiento el periodo es realmente corto, es evidente que nos encontramos ante dos personas cuya patología es el resultado de la perturbación dinámica de origen miasmático que conocemos como sycosis. La respuesta al remedio, incluyendo la vuelta de síntomas antiguos, no deja lugar a dudas. La localización de la patología y la naturaleza de la misma tampoco. En la figura paterna la impregnación sycósica es, como mínimo adquirida, en la del hijo heredada. En el caso de JM es difícil precisar el momento de la sycotización. Hay un intervalo de 5-6 años entre ambas gonorreas y no siempre es fácil establecer una cronología de las afecciones. Desde niño había padecido eczemas. Entre las blenorragias aparece un crup a orillas del mar. JM no puede fijar con precisión el momento de aparición de las molestias uretro-prostáticas y las del aparato locomotor. El cuadro alérgico aparece posteriormente y no sabemos qué papel juegan las vacunas recibidas, pero podría pensarse que incrementan la sycotización. De todas formas el cuadro es de claridad meridiana y parece un caso de libro si nos atenemos a lo que los clásicos consideran manifestaciones de la Sycosis. En el caso de JD, aunque diferente, muestra con nitidez la herencia sycósica. Durante el embarazo la madre hace una diabetes gestacional que miasmáticamente no sabría cómo catalogar. Pero él nace, al parecer, con un quiste, diagnosticado como resto embrionario, que después de supurar es extirpado dando lugar a una metástasis mórbida cuyo órgano diana son los oídos. Siempre tuvo catarros. Tiene los antecedentes blenorrágicos y un temperamento extremado con trastornos del comportamiento, que bien podrían ser consecuencia de la supresión, que encaja con el perfil del remedio que recibió. Para los clásicos también sería un cuadro franco de Sycosis. Para ilustrarlo una pequeña reseña de la clase sobre la Sycosis impartida en el curso de postgrado en Barcelona por el Dr. Joan Mora basándose en las aportaciones de T. Henry Allen. Según este autor cada miasma tiene unas determinadas modalidades reaccionales, unos órganos diana y unos determinados tipos de alteración o lesión. En el caso de la Sycosis las repasamos a continuación. SYCOSIS Modalidades reaccionales: - Agravación por los cambios barométricos, los cambios estacionales, por la humedad, al amanecer, por el reposo. - Mejoría por el movimiento, presión, aparición de verrugas, secreciones catarrales. - Largas convalescencias, recaídas frecuentes, naturaleza insidiosa de los trastornos. - Secreciones excoriantes y fétidas. Olor a pescado podrido. - Supresiones: de secreciones catarrales, verrugas, fístulas, fibromas. - Consecuencias de la supresión: - Enfermedades en los órganos pélvicos: inflamación, hipertrofia, quistes. - Enfermedades reumáticas. - Cefaleas, neuralgias. - Alteraciones mentales, estados psicóticos. Órganos diana: - Genital y órganos pélvicos - Órganos urinarios - Mucosas, secreciones catarrales - Tejido peri-articular: infiltración, reumatismos, gota. - Acción hemolítica: anemia. Alteración lesional: - Estasis en los tejidos que produce infiltración y endurecimiento. Excesiva reacción del tejido conectivo, muscular y tendinoso. - Anemia: color pálido ceroso. Soy consciente de mis limitaciones en el ámbito miasmático, es un tema al que me he aproximado con cautela, obviamente por el ansia de respuesta a numerosos interrogantes clínicos. La cautela es el resultado de la profunda complejidad del tema que nos ocupa. De entrada la aprehensión del concepto resulta dificultosa para personas, la mayoría de nosotros, procedentes del paradigma mecanicista, cuando entramos en contacto con las bases teóricas de la homeopatía. Para la hermenéutica médica de dicho paradigma la comprensión del vitalismo y de la teoría miasmática es tarea muy ardua. En segundo lugar es una disciplina árida de la que pocos colegas tienen conocimientos amplios y contrastados. En consecuencia la actividad clínica, la bibliografía y el trasiego de información se resienten. Finalmente existen y surgen diferentes interpretaciones y escuelas, lo que determina que no siempre las mismas palabras sean los mismos conceptos. Al laberinto mórbido se le suma el laberinto conceptual miasmático. Una pequeña muestra. La SYCOSIS según Hahnemann, Kent y Ghatak. Para Hahnemann[1] la Sycosis o enfermedad condilomatosa era el resultado de una afección venérea, la gonorrea, que no siempre era sycotizante. Es el miasma que menos enfermedades crónicas importantes produce. La sycosis era una enfermedad interna constitucional cuya manifestación externa eran los condilomas, que en primera instancia aparecían en los genitales. La supresión de esta manifestación local podía dar lugar a la aparición de condilomas o formaciones verrugosas en otras zonas del cuerpo, incluso a otras afecciones entre las que destaca la contractura tendinosa de los flexores sobre todo de las manos. Para Hahnemann el tratamiento de elección de esta situación era Thuya occidentalis. En caso de Sycosis complicada con Psora desarrollada hay que tratar primero la enfermedad más grave, es decir la Psora. Para Kent sin Psora previa no pueden existir ni Sycosis, ni Syphilis, ni enfermedad alguna: "es la primera enfermedad verdadera de la especie humana, que es una enfermedad espiritual, desde cuyo estado primitivo la raza humana progresó a lo que se podría llamar la verdadera susceptibilidad a la Psora"[2]. Kent relaciona a la Psora con el pensamiento pérfido y a la Sycosis y a la Syphilis con la acción. Existen para Kent[3] dos tipos de gonorrea, ambas contagiosas. Una aguda, la más frecuente, que se resuelve sin problemas y que, aún en caso de supresión, no sycotiza. La sycotizante es la crónica cuyos efectos constitucionales aparecen tras la supresión. Si la constitución es fuerte aparecerá una descarga catarral nasal, de no ser así aparecerán afecciones más profundas en forma de anemias, cuadros reumáticos, afecciones hepáticas, pulmonares, renales…El contagio se puede producir en la fase primaria (flujo uretral) y en la secundaria. En este segundo caso la reaparición del flujo uretral en el tratamiento curativo no es preceptiva. Si se establece un estado sycótico, el remedio será de carácter antisycótico, de no ser así el remedio será antipsórico. También puede heredarse. Para Ghatak la Sycosis es una afectación del organismo después de padecer una gonorrea "hecha desaparecer por un tratamiento no homeopático o por sí misma"[4]. Puede ser adquirida o heredada. Ghatak sigue el esquema kentiano de pensamiento-acción pero va más allá al caracterizar el psiquismo característico de cada miasma: " La Psora hace a la mente sobre-activa, la Sycosis mal-activa y la Syphilis inactiva. La Psora es rápida, la Sycosis mala, la Syphilis lenta. El psórico es inteligente, el sycótico dañino y el syphilítico idiota"[5]. Para Ghatak “la Psora es la más difundida pero la Sycosis es la más peligrosa e insidiosa”[6]. En caso de interacciones miasmáticas, a juicio de Ghatak el tratamiento debe dirigirse en primer lugar al miasma predominante. CONCLUSIÓN No pretendo hacer una reseña de las diferentes aportaciones a la teoría miasmática, podríamos seguir con Allen, con Roberts, con Proceso, con Masi, con Giampietro, Sankaran…. pero vemos ya como desde el principio existen diferentes interpretaciones. Para Hahnemann la Sycosis es el miasma que menos enfermedades crónicas produce. Para Ghatak es el miasma más peligroso e insidioso. Para Hahnemann en caso de complicación miasmática primero hay que tratar la Psora; para Kent, y más claramente para Ghatak, el miasma predominante. Para Hahnemann los remedios antisycósicos son Thuya y Nitric Acidum. Ghatak establece una clasificación de remedios según su actividad miasmática. Para Masi todos los remedios son trimiasmáticos…vemos pues como el laberinto, al que hacíamos mención anteriormente, se complica y se complicaría aún más si continuáramos con otros autores. Asistimos, como en la vida y en los seres vivos, a la unidad y diversidad de la Homeopatía. Asimismo, asistiremos a situaciones clínicas diversas, unas sencillas otras complejas, pero es evidente que la noción de bloqueo, de impregnación miasmática, o como se le quiera llamar, debe estar presente en nuestro pensamiento a la hora de comprender el caso (diagnóstico, pronóstico, evolución) y de establecer estrategias de prescripción. En estos momentos sabemos un poco cómo es el hijo de JM. No sabemos cómo serán los de JD y qué impregnaciones miasmáticas, radiactivas, transgénicas, vacunales, químicas, tendrán. Teniendo en cuenta la creciente presencia de tóxicos biológicos en el medio ambiente, los cambios medioambientales acelerados y el ritmo trepidante, esto es, nuevas condiciones específicas enfermantes, el "tenebroso laberinto"[7] mórbido puede complicar cada vez más la comprensión del caso y la clínica. Los médicos, y en especial los homeópatas, no deberían perder de vista esto último, a veces la búsqueda del simillimum perdido nos hace olvidar lo más elemental. En expresión tomada del Dr. Isidre Lara, el parágrafo nº 4 del Órganon de Hahnemann sigue siendo el gran olvidado en la clínica homeopática. Un pequeño apunte sobre la gonorrea Como sin duda todos sabemos la gonorrea es una enfermedad infecto-contagiosa de transmisión sexual cuyo agente causal es la Neisseria gonorrhoeae. El gonococo es un microorganismo que crece formando parejas (diplococos) y el emparejamiento hace posible la enfermedad. La clínica en el hombre suele ser franca en forma de uretritis con secreción purulenta. Puede dar lugar a epididimitis aguda unilateral. Dependiendo de los hábitos sexuales puede aparecer gonorrea ano-rectal y faríngea. Aunque poco frecuentes puede ser asintomática. En la mujer suele ser asintomática aunque puede producir uretritis, vulvo-vaginitis, con escozor, proctitis y faringitis. En el 15% de los casos se produce, por progresión ascendente, la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) que puede dar lugar a endometritis, salpingitis, abscesos tubáricos y peritonitis pelviana, pudiendo llegar a afectar a la cápsula hepática. La madre puede infectar al neonato antes, durante y después del parto, dando lugar a la oftalmía neonatorum, que antaño era la primera causa de ceguera en USA. Más significativa, por el tropismo que descubre, es la infeccion gonocócica diseminada (IGD) cuyas manifestaciones más habituales son la artritis séptica y el síndrome artritis-dermatitis. Se dice que en general la causa es una bacteriemia (75% son mujeres y el momento la menstruación) y se observa en el 0,5-3% de los infectados siendo la causa principal de artritis séptica en adultos jóvenes. El síndrome artritis-dermatitis afecta asimétricamente las rodillas, los codos y otras articulaciones distales y en un porcentaje alto se asocia a la periartritis o tenosinovitis, lesiones cutáneas pápulo-maculosas habitualmente en las extremidades que se resuelven espontáneamente, pero la artritis puede afectar a otras articulaciones. El miasma sycósico debe estar muy extendido si tomamos en consideración los casos de gonorrea recogidos por los servicios de vigilancia epidemiológica que, por otro lado, casi siempre son inferiores a los reales, debido a la infranotificación. En los Estados Unidos se sabe que hubo un pico máximo a mitad de los años setenta, decreciendo paulatinamente de modo que en 1987 las tasas eran de 324 cada 100.000 habitantes. En Suecia en esas mismas fechas las tasas eran de 31 por 100.000 habitantes. En España es enfermedad de declaración obligatoria desde 1982. En la gráfica de morbilidad por enfermedades venéreas en España se observa un pico máximo en 1985 con 31.250 casos notificados, en 1999 los registros dan la cifra de 1.465 casos. De los datos se deduce que la irrupción del SIDA ha debido tener una repercusión notoria en los hábitos sexuales de los occidentales, ¿será esto lo que ayude a disminuir la incidencia de la sycosis?, ¿tendrían razón Kent y Ghatak? Notas [1] Hahnemann S.,(1991), Tratado de enfermedades crónicas, Ed. Academia de Homeopatía de Asturias, p. 114-116. [2] Kent J.T.,(1982), Filosofía de la Homeopatía, Ed. El Ateneo, Buenos Aires, p.110 [3] Kent J.T.,(1982), Filosofía de la Homeopatía, Ed. El Ateneo, Buenos Aires, p. 128-135. [4] Ghatak N.,(1998), Enfermedades crónicas, Ed. Jain Publishers, New Delhi, p. 66 [5] Ghatak N.,(1998), Enfermedades crónicas, Ed. Jain Publishers, New Delhi, p. 226 [6] Ghatak N.,(1998), Enfermedades crónicas, Ed. Jain Publishers, New Delhi, p. 221 [7] Expresión utilizada por Galileo Galilei para referirse a la naturaleza. Autor: Dr. Juan Manuel Marín Olmos Ponencia presentada en las V JORNADAS NACIONALES DE HOMEOPATÍA. FEMH. Alicante, 4-6 Abril 2003. Artículo publicado en la Revista Homeopática de la Academia Médico Homeopática de Barcelona, nº 49: 27-33, noviembre de 2003. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Casos clínicos, Crítica homeopática, Miasmas, Patología crónica, Teoría homeopática, Vacunas EVALUATION ON THE PROVINGS IN BRASÍLIA Overall the proving (1) is fairly well organized and has produced good results. It has also introduced some new aspects of methodology which have advantages and disadvantages, but on the whole are instructive. Small provings can be very valuable not only to Homeopathy as a whole but for the group itself in the process of learning about Homeopathy and provings. It seems that this group has dedicated itself to an in-depth investigation of the process which is to be commended. On the whole the biggest deficiency seems to be in the process of organization and supervision which got a bit out of hand at times. Difficulty in contact and communication between provers and coordinators is a constant feature in provings which, can only be surmounted by tight and persistent organization. It is my opinion that dose and constant supervision is the most important factor in producing a good proving, and it seems that this was one of the conclusions of the group as well. The unique feature of these provings is that three remedies and two placebo groups were proved at the same time. This presents with advantages and disadvantages. The advantage is the ability to compare different provers' symptoms in different provings and to examine what belongs to the prover and what belongs to the specific remedy; this was done thoroughly and many lessons were learned. Having conducted many provings, at times using the same provers, I have found that provers will tend to produce specific individual responses somewhat modified by the particular proving they are doing. The reason for this is that a proving can only generate symptoms that are latent in a prover. This is in accordance with Hahnemann's experience as stated in the Organon 6th edition par. 138 and 181. To summarize a prover cannot produce a symptom that is not already preexisting in a latent or slumbering state. How latent and peculiar the symptom will be to the prover depends on dosage, potency and susceptibility to the specific medicine. The disadvantage in this method is possibly confusion and cross over between the symptoms of the various provings. While doing a proving of a particular medicine a certain epidemic quality of "as if one person" prevails. If to many substances are proved together {here may be cross over symptoms and confusion in the overall group response. Because of this I personally prefer to conduct one proving at a time. Thus the energies can be focused on the particular remedy and group in a more thorough manner. It is mentioned in section 1.3 that the coordinator would check only symptoms related by the provers and not the provers' lives. This is a bit vague and I'm unclear how they can separate persons' lives from their symptoms. On the other hand there is merit in not including to many vague and uncertain symptoms that are related to external events and not specifically to the proving. So that on the whole a separation of this sort, though difficult should simplify the proving. Section 1.4. It seems that the group decided not to use a chronogram in order to determine the unfolding of the proving on a time scale. This is not such a difficult process if it is well handled, as I have outlined in my book, and find it useful in order to produce a more exacting and instructive work. Dose: it appears that the group decided to use quite a few doses i.e. six days of the 30th potency. Though the provers were instructed to stop immediately after the appearance of any symptoms, I find that provers usually continue to take their dose unless a supervisor instructs them to stop. This is because the prover is often unaware that they are developing symptoms without the dose scrutiny of a supervisor. Therefore such frequent doses of the 30th potency may prove disconcerting. Section 2.3: the comparative study. 1. Searching for similarities between proving symptoms and placebo symptoms is a useful study and can help differentiate between what belongs to the prover, what belongs to the provers' imagination, and what belongs to the remedy. 2. Searching for similarities between each prover in the different remedies as mentioned before will probably yield similar symptoms with different slants according to the remedy taken. 3. Searching for similar themes among the various symptoms of a single remedy is of course useful and essential. The provings themselves have yielded interesting and useful results. On examination they appear to resemble the original provings but to illuminate and enhance various new aspects, or old aspects in a more modern setting. I found this particularly true of the proving of Alumina which yielded very interesting results relating to the pathogenesis of this remedy. Especially mind symptom number 1, which brings forth the idea of the delusion double, unreality, being estranged, and distant. I have personally seen the idea of "lack of a face" in a couple of Alumina cases. Symptom number 4 of switching the watch from one wrist to another also may show an aspect of the Alumina duality. However symptom number five which has happened before (i.e. old symptom) should be eliminated. Symptom 15 with the sensation of being far away and symptom 16 the sensation of a presence on the right side also illustrate the Alumina idea nicely. In conclusion it seems that the proving was fairly well conducted, that the group learned a lot and produced some nice and useful symptoms. The overall organization may not have been strict enough for a full proving but for a small group it was certainly sufficient and productive. One query is the choice of provers. This was left to the doctors themselves however it appears that in one case a doctor with diabetes was a prover and with the amount of remedies given this could be a bit too much for his health. Although this particular prover, prover 1, produced some very interesting symptoms, it is my opinion that the decision of who will prove should be taken by the prover, supervisor and coordinator so as to protect the health of all involved. The reason given for allowing the prover to decide himself so as not to hurt his feelings is irrelevant in this regard. It seems that these days new provings are being undertaken all over the world. There is no absolute correct methodology, and many lessons are being learnt. It is only by experiments such as these and comparisons of different works that we can learn the best ways to proceed. Overall I've learnt there is probably not one best way but as many different methodologies as there are individual Homeopaths. The important points to remember are the protection of the provers' health at all times, and a close scrutiny to stop erroneous symptoms creeping into the materia medica. (1) The original title in European Journal of Classical Homeopathy, vol. II n° 7-8 is: EVALUATION ON THE CLINICAL PROVING OF THEREMEDIES ARSENICUM, ALUMINA AND SELENIUM BY DR. GILBERTO VIEIRA FROM BRASILIA Author: Jeremy Sherr Source: http://www.cesaho.com.br/publicacoes/arquivos/artigo_39_cesaho.pdf Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Provings A PROPÓSITO DE UN CASO DE… Aprovecho la reciente lectura del artículo aparecido en la Revista Homeopática nº 57, “A propósito de un caso de Ruthenium metallicum”, para plantear algunas cuestiones referentes a la adjudicación de unos resultados terapéuticos a la acción del remedio prescrito. La cuestión clave es ¿cuándo podemos atribuir con certeza los resultados terapéuticos obtenidos a la acción del remedio administrado?, es decir, ¿cuándo podemos decir que un caso es de tal determinado remedio? La cuestión a primera vista puede parecer baladí, al menos por cómo se la toman alegremente algunos de nuestros colegas, incluso algunos prestigiosos; cualquiera cuando presenta un caso de curación lo hace con la convicción plena de que el efecto terapéutico es debido al remedio, y no a cualquier otra influencia, pero ¿se han descartado todas esas posibles influencias para llegar a una certeza razonable? Dada la importancia admitida ampliamente del efecto placebo, y más debido a las características especiales de la anamnesis homeopática, que la hace todavía más susceptible de generar efecto placebo, creemos que, aparte de la convicción personal, son necesarios algunos requisitos objetivos mínimos para poder asegurar que la curación de un caso es la consecuencia directa o indirecta de la acción de un remedio. Volviendo al caso de Ruthenium, y aunque sólo sea como ejemplo y con la información proporcionada en el artículo, vemos como tras un año de evolución con tres tandas de tratamiento de 5 días cada una (empezando la primera tanda tras la 1ª consulta), a razón de 3 glóbulos de la potencia 200K, no se plantea ninguna duda ni reparo en atribuir la buena evolución del caso exclusivamente al efecto del remedio prescrito. ¿Será verdad? ¿Qué probabilidad de verdad? ¿Qué posibilidad de verdad? ¿Qué confirmaciones tenemos? Una frase al final de la exposición del caso es reveladora: “Rápidamente tuve la sensación de que no valía la pena repertorizar, en este paciente había síntomas muy interesantes que no sabía dónde encontrar.” Si, maliciosamente, invertimos la frase y la convertimos en aforismo nos queda: “Cuando en un caso dado haya síntomas interesantes que no sepamos encontrar, no vale la pena repertorizar.” Ya sé que es exagerado, pero así se puede apreciar mejor también el error del planteamiento: cuando hay síntomas interesantes no aplicar el método homeopático clásico. Soy consciente que es un tema polémico, pero creo al mismo tiempo que tenemos que tener el rigor suficiente para afrontarlo, sin soslayarlo más, no podemos permitirnos el construir el edificio de la Homeopatía sobre una base clínica que no sea suficientemente sólida, demasiados lo han hecho ya antes de nosotros. Ese rigor todavía debe ser más extremado cuando se proponen estrategias terapéuticas nuevas, que prescinden muchas veces de una patogenesia de referencia, y por lo tanto sólo se apoyan en la clínica, poniendo en entredicho la Homeopatía clásica corroborada en los últimos 200 años. No quiero extenderme más en este comentario, y remitir para una mayor discusión a mi artículo “Criterios para validar la EXPERIENCIA CLÍNICA HOMEOPÁTICA”. Publicado en la Revista Homeopática 2007, nº 58, sección 'cartas al Director'. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 1 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Nuevos remedios LA EXPERIENCIA CLÍNICA EN LA PRÁCTICA DE LA HOMEOPATÍA Después de la verdad, nada hay tan bello como la ficción. Juan de Mairena (Antonio Machado) El principal argumento para demostrar la eficacia de un tratamiento médico es la experiencia clínica. Pero ¿es suficiente?, ¿es especialmente válido este planteamiento para el método homeopático? La importancia del tema merece algunas reflexiones. Para abordar la cuestión empecemos por recordar un hecho bien conocido de la historia de Hahnemann. Traduciendo la “Materia Médica” de Cullen se encuentra con un medicamento, la China officinalis, del que había una amplia experiencia clínica satisfactoria y una teoría para justificar su acción. Pero él no está de acuerdo con dicha teoría, ni tampoco se conforma con un uso meramente empírico del remedio, lo que le lleva a experimentar personalmente la sustancia con el fin de conocer sus efectos objetivos. De aquí, como ya sabemos, surgirá la hipótesis y posterior confirmación del principio de semejanza. Comprobamos, pues, que al descubridor de la Homeopatía no le bastaba con la experiencia clínica; de hecho, la mayoría de los medicamentos que experimentó eran los más utilizados en su época (arsénico, mercurio, belladona,…). Veamos ahora qué opinan al respecto autores contemporáneos ajenos al mundo de los homeópatas. En demasiadas ocasiones la experiencia es la repetición de los errores (D.H. Spodick, 1982). Esta frase tan lapidaria encabeza un capítulo titulado “Las falacias de la experiencia clínica”, dentro del libro Ensayos clínicos con medicamentos[1], de Bakke, Carné y García Alonso. Dicha obra es recomendada por el Prof. Serrano, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, en las clases sobre ensayos clínicos que imparte en el Master Universitario en Homeopatía. Se trata de un libro riguroso y muy completo sobre los aspectos de todo tipo que conciernen a la experimentación clínica y a su evaluación. En el capítulo citado se dice que «incluso los médicos más famosos con un sentido de observación extremadamente agudo han aceptado y utilizado en ocasiones remedios totalmente inútiles». Entre las circunstancias y actitudes que sostienen tratamientos ineficaces se señala, en primer lugar, «la fe en la autoridad y otras creencias irracionales que contribuyen a la propagación y el mantenimiento de las tradiciones terapéuticas, incluyendo las falsas». Así, el gran prestigio de algunos médicos ha propiciado, por ejemplo, el uso de la morfina en el tratamiento de la diabetes, las sales de oro para la tuberculosis, el abuso de la digital en todo enfermo cardíaco, tratamientos dietéticos de moda,… Siempre basados en una experiencia clínica aparentemente satisfactoria. Spodick, autor de la reflexión citada anteriormente, «resalta el peligro que supone la aceptación acrítica de las hipótesis terapéuticas, el entusiasmo excesivo, la aceptación de datos de poca calidad, la ceguera frente a datos de calidad y la excusa de que la terapia no puede hacer daño». Sostiene, en definitiva, que la experiencia clínica no suele ser más que el punto de partida para la evaluación formal de la eficacia de cualquier tratamiento. Además del principio de autoridad, que se ha demostrado nefasto en la historia de la medicina, se citan otros condicionantes que influyen en nuestra apreciación del proceso hacia la curación. Así, se menciona el efecto placebo y la acción terapéutica de una buena comunicación médico-paciente. También se hace referencia al efecto nocebo y, sobre todo, a la posible coincidencia de un cambio en el estado del enfermo ajeno al efecto del tratamiento. No todo lo que sucede después de algo es consecuencia de ese algo; la sucesión de dos hechos no implica necesariamente causalidad. Y más aún en el caso de cambios en el organismo humano, en el que los médicos homeópatas saben que influyen tantísimos factores. Después de referirse a posibles fallos de evaluación en relación con los métodos estadísticos utilizados, el capítulo que comentamos señala la necesidad de una constante autocrítica médica que corrija en lo posible estos errores de apreciación. Por último cita la especial problemática de las terapias no convencionales, mencionando algunos trabajos de investigación en Homeopatía como ejemplo de «estudios con una cierta calidad metodológica». ¿Necesita la Homeopatía algún tipo de autocrítica? Parece evidente que la misma que cualquier otro método terapéutico. Que nuestra técnica es eficaz resulta indiscutible para todos los que la practicamos, pero a la vez todo médico debe tratar de ir aumentando este nivel de eficacia a través del progresivo perfeccionamiento del método. La “ciencia” presume de corregirse a sí misma; pero ¿necesita la Homeopatía actual de alguna “corrección”? En todo caso hemos de reconocer que hay una serie de cuestiones sobre las que los homeópatas difieren. Ahí van algunos ejemplos: · Dosis: hay médicos homeópatas que aseguran advertir diferentes reacciones en sus pacientes según la cantidad de medicamento administrado; otros atestiguan lo contrario, que, como dicen algunos investigadores farmacéuticos al respecto, la cantidad del remedio diluido por encima del nivel molecular no puede influir sobre la reacción del organismo, ya que lo que éste recibe es una información que está contenida por igual en un gránulo (o un glóbulo, o una gota) que en cientos de ellos. · Repetición del medicamento: los kentianios utilizan las dosis únicas, mientras que en otras escuelas se recomiendan siempre dosis repetidas durante bastante tiempo. · Agravación: un renombrado homeópata argentino de una enorme experiencia aseguraba hace unos años en Madrid que jamás había visto una agravación durante un tratamiento homeopático; los kentianos, en cambio, basan muchas de sus observaciones pronósticas en dicha agravación. · Supresión: son varias las escuelas homeopáticas que niegan la posibilidad de que un medicamento preparado según el método hahnemanniano pueda provocar el fenómeno de la supresión; otras, en cambio, la tienen muy en cuenta y, por supuesto, aseguran haberla visto. · Teorías miasmáticas: podemos clasificar las interpretaciones posteriores a Hahnemann en microbiológicas (S. Close, M. Tyler, Eizayaga), espiritualistas (Allen, Kent, Ghatak, Masi Elizalde), diatésicas (Zissu, Demarque), constitucionalistas (Paschero), mineralo-asimilativa (Roberts), celuloérgicas (Farrington, Ortega), psicoanalistas (Paschero, Masi Elizalde), sindrómicas (Sankaran); evidentemente no son lo mismo. Hay que señalar, no obstante, que esta diferencia de criterios (a veces completamente contradictorios e incompatibles entre sí) no produce ninguna merma en los excelentes resultados terapéuticos obtenidos, independientemente del concepto utilizado: todos aseguran que su técnica es efectiva. Pero ¿en qué se basan fundamentalmente? En su EXPERIENCIA CLÍNICA. A todo esto podemos añadir el hecho de que en los últimos años la materia médica homeopática se haya visto enriquecida con la adición de un importante número de nuevos medicamentos. Esto parecería indicar que se hubiera realizado una gran cantidad de patogenesias… Y es cierto que algunos autores han publicado varias experimentaciones puras (aunque su metodología ha sido criticada en más de un caso), pero también es cierto que han aparecido muchos remedios sin que se haya efectuado ninguna patogenesia de los mismos. Así que tenemos una serie de nuevos medicamentos “discutiblemente” experimentados y otros sin ninguna experimentación. ¿Cómo puede ser posible usar homeopáticamente un medicamento sin conocer sus efectos en el ser humano aparentemente sano? De hecho hay médicos homeópatas que los utilizan, pero ¿en base a qué? No en base al principio de semejanza, sino a la experiencia clínica de uno o varios autores. Podríamos citar como muestra una teoría reciente según la cual se deduce la sintomatología de remedios que no han sido experimentados previamente según la situación que ocupan los elementos químicos componentes de la sustancia medicamentosa en la tabla periódica. Luego viene la confirmación de su eficacia a través de la experiencia clínica que, habitualmente, suele ser satisfactoria. Y ya está. Veamos qué opina Hahnemann al respecto. En los parágrafos 105 y siguientes de la sexta edición del Organon[2], aborda el problema en cuestión, ya planteado previamente en el § 71, donde se pregunta: «¿Cómo puede el médico llegar a conocer los poderes patógenos de las medicinas, dado que ellos son los medios idóneos para curar las enfermedades?». Pues bien, en el § 108 responde claramente: «no hay otro camino posible por el que pueda determinarse con precisión los efectos peculiares de las medicinas sobre la salud de los individuos, es decir que no hay otro seguro, ningún otro medio natural para lograr tal propósito, que el de administrar a cada una de ellas experimentalmente y en dosis moderadas a personas sanas para determinar qué cambios, síntomas y signos produce sobre el estado de salud del cuerpo y de la mente». Y en el § 110 dice: «Los poderes peculiares de las medicinas de que se dispone para curar enfermedades deben ser conocidos no mediante ingeniosas especulaciones “a priori”, ni por el olor, el gusto o la apariencia de estas drogas, ni siquiera por su análisis químico». El punto de vista de Hahnemann no admite duda, es claro y taxativo. Pero hay más. Después de describir pormenorizadamente la metodología de la experimentación pura, dice en el § 143: «Si del modo que se ha descrito hubieran sido probadas considerable cantidad de medicinas simples en individuos sanos y hubieran sido registrados con cuidado y fidelidad todos los elementos mórbidos y síntomas que ellas pueden producir en su carácter de factores de enfermedades artificiales, sólo entonces tendríamos una verdadera materia médica real, genuina, confiable…». Y en el § 144: «De tal materia médica deberá excluirse todo aquello que sea producto de conjeturas, todo lo que provenga de argumentaciones o imaginación; todo el contenido deberá ser el puro lenguaje de la naturaleza interrogada con esmero y honestidad». De todo lo expuesto hasta ahora podemos deducir que algunos de los homeópatas contemporáneos no están de acuerdo con Hahnemann sobre este tema. Volviendo al ejemplo citado anteriormente podemos comprobar cómo se fundamenta la utilización de nuevos medicamentos en una experiencia clínica satisfactoria que confirma una peculiar teoría sobre el sistema periódico, pero en ningún momento se sugiere la necesidad de realizar una experimentación pura de la sustancia que sería, según Hahnemann, la única forma de obtener rigurosa y objetivamente el cuadro de síntomas que nos va a permitir la aplicación homeopática del remedio. Los resultados de dicha experimentación podrían servir, además, para precisamente confirmar o refutar la citada teoría sobre el sistema periódico. ¿Podemos prescindir de las patogenesias y limitarnos a la experiencia clínica? Para hacer medicina empírica sí, para hacer Homeopatía no. Pero admitiendo que en la medicina es más importante la curación del enfermo que la elaboración y confirmación de teorías, podríamos aceptar que, desde un punto de vista médico en general (saliéndonos de la ortodoxia homeopática), sería lícito basarnos exclusivamente en los resultados clínicos. El problema surge cuando comprobamos que no es suficiente con una experiencia clínica aparentemente satisfactoria, ya que, como hemos visto, ésta puede ser engañosa. Consideramos pues imprescindible la realización de patogenesias de estos nuevos remedios. La Homeopatía es un método riguroso que puede estar a la altura de todas las exigencias de la ciencia, al menos eso es lo que pensamos muchos médicos homeópatas entre los que podríamos incluir sin duda al propio Hahnemann. Pero eso sí, siempre que se aplique el método concienzudamente, con el mismo rigor y honestidad que caracterizaron a su descubridor en su época, utilizando para ello todos los medios de que se puede disponer actualmente, en nuestro recién estrenado siglo XXI. Concluyendo, ¿hay alguna solución para aclararnos? La única posible por el momento es ser conscientes de la situación y tener presentes los factores descritos que pueden distorsionar nuestras apreciaciones clínicas: el principio de autoridad, el efecto terapéutico de una buena consulta, el efecto placebo, el efecto nocebo, cambios en el enfermo ajenos al tratamiento, etc... En definitiva, no limitarnos a ver sólo lo que miramos. Para terminar, una recomendación: leer el libro de Bakke, Carné y García Alonso o, al menos, su capítulo 8 (Las falacias de la experiencia clínica). Debería ser de lectura obligada para cualquier médico homeópata. Al comentarle personalmente esto último al Prof. Serrano, él me contestó que no sólo para cualquier médico homeópata, sino para cualquier médico. En todas partes cuecen habas. [1] Bakke OM, Carné X y García Alonso F. Ensayos Clínicos con Medicamentos. Madrid: Mosby/Doyma Libros; 1995. [2] Hahnemann S. Organon de la medicina. (6º ed. original, 1842). México: Ed. Porrúa; 1992. Autor: Dr. Marcos Mantero de Aspe. E-mail: mmantero@arrakis.es Publicado en la Revista Española de Homeopatía. 2001; 11: 7-10. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 0 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Epistemología homeopática, Teoría homeopática PEQUEÑA SUMMA CONTRA HOMEÓPATAS TOMISTAS CRÍTICA PÓSTUMA A MODO DE HOMENAJE A LA MEMORIA INTELECTUAL DEL PROFESOR ALFONSO MASI ELIZALDE Objeciones al planteamiento doctrinario del Prof. Masi Elizalde CUESTIÓN 1 Sobre Homeopatía y Tomismo El tema que nos ocupa es la relación existente entre el pensamiento de Hahnemann y la filosofía tomista. Esta cuestión plantea y exige respuesta a tres problemas: 1.- ¿Se puede sostener sin albergar dudas razonables que la filosofía subyacente en los escritos médicos de Hahnemann es tomista? 2.- ¿El sostener que el pensamiento de Hahnemann se basa en el de Tomás de Aquino es condición imperativa para tomar como modelo de referencia exclusivo la teología, la filosofía, la psicología y la lógica tomistas? 3.- ¿Tiene algún interés para el médico homeópata el estudio del pensamiento de Tomás de Aquino? CUESTIÓN 2 Sobre el pecado original en Homeopatía Queremos también tratar aquí el tema del “pecado original” como origen de la enfermedad del hombre, en relación al pensamiento de Hahnemann y al de Tomás de Aquino. Esta cuestión plantea y exige respuesta a dos problemas: 1.- ¿Está suficientemente claro y explícito en los escritos de Hahnemann el criterio de que el origen de la enfermedad humana es el “pecado original”? 2.- ¿El considerar que el origen de la enfermedad humana es el pecado original es una teoría específica y exclusiva de la filosofía tomista? C. 1 ARTÍCULO 1 ¿SE PUEDE SOSTENER SIN ALBERGAR DUDAS RAZONABLES QUE LA FILOSOFÍA SUBYACENTE EN LOS ESCRITOS DE HAHNEMANN ES TOMISTA? Objeciones para poder sostener la filiación tomista de Hahnemann. El Prof. Alfonso Masi Elizalde nos ofrece los argumentos a favor de esta tesis: que la doctrina médica de Hahnemann se basa en lo fundamental en la filosofía tomista, heredera del pensamiento aristotélico. Para él en este planteamiento radicaría la ortodoxia homeopática. Este autor para reforzar su tesis alude en especial a: 1- La similitud entre la definición hahnemanniana de fuerza vital[1] y el concepto tomista de alma vegetativa[2]. 2- La absoluta unidad de todos los planos jerárquicos del hombre[3]. En cuanto al concepto de unidad de todo el ser humano, ¡tampoco Aristóteles y Santo Tomás son ni mucho menos los únicos que sostienen este criterio! No se puede considerar a un pensador como aristotélico o tomista por sostener esta idea tan extendida, también en otras épocas y en otras culturas. Aquí expondremos los argumentos que hacen dudar en gran medida de esta tesis, que reduce y limita el pensamiento de Hahnemann a los criterios de una determinada escuela filosófica: la escolástica. Respuestas a las objeciones del artículo 1: 1ª.- Hahnemann en ningún momento, en ninguno de sus escritos, hace explícita su afiliación filosófica o religiosa, no hace referencia a ningún autor ni escuela determinados. Eso puede hacer pensar legítimamente que, para la exposición y comprensión de la doctrina médica homeopática, Hahnemann no consideraba necesario ni útil el declarar abiertamente sus supuestas influencias a nivel filosófico ni sus compromisos a nivel espiritual, porque unas y otros no eran imprescindibles ni determinantes para validar un corpus médico que tomaba como premisa de rigurosidad científica el fundamentar todas sus afirmaciones en la práctica experimental (observaciones clínicas – patogenesias). Por ello no se queda corto en citas de autores, predecesores suyos, cuando se trata de ofrecer datos experimentales de observaciones clínicas empíricas y toxicológicas. Y lo único que podemos decir de sus escasos comentarios teológicos es que son de claro tinte monoteísta. Tal vez con una intención parecida también podríamos sumergirnos en la especulación filosófica en relación a ciertos datos biográficos que se conocen de la vida de Hahnemann: la religión luterana de su familia, la educación rousseauniana de su padre, sus conocimientos esotéricos iniciados en la biblioteca de Samuel von Brukenthal, gobernador de Transilvania, … Por otro lado, podría ser también muy sugerente investigar en las corrientes filosóficas contemporáneas al Maestro, para encontrar otras tantas posibles influencias. Es difícil imaginar que no estuviera al corriente de lo que se estaba gestando en el pensamiento europeo de principios del siglo XIX, un hombre de la categoría intelectual de Hahnemann, me refiero en especial a sus conocimientos o contactos con filósofos alemanes de su época, como Immanuel Kant[4] (1724-1804) o su discípulo Johann Gottlieb Fichte (1762-1814). Tuvo que conocer también a J.W. Goethe (1749-1832)[5], quien da muestras de elogio de la dieta[6] y de la teoría de la curación de Hahnemann[7] y quien se consideraba discípulo hahnemanniano, nombrando al maestro en su inmortal obra Fausto. Tuvo que conocer también a J.G. Herder (1744-1803), a J.C.F. Schiller (1759-1805), … miembros los tres del Sturm und Drang. De Hahnemann no poseemos referencias definitivas en sus escritos de una conexión intelectual estrecha con ninguno de los grandes poetas o intelectuales alemanes; no encontramos ninguna cita sobre Goethe ni Schiller. Sin olvidar tampoco su probable conocimiento de otros pensadores europeos, como Voltaire, Rousseau[8], Montesquieu y Diderot de Francia, o como Newton, Locke, Smith[9], Hobbes y Hume de Inglaterra, entre otros. Resulta incluso llamativa la discreción o la expresa ausencia de referencias intelectuales tanto de su época como de èpocas anteriores. No creemos que en un autor de la talla intelectual de Hahnemann eso sea puro azar. En cuanto a James Tyler Kent[10], en este último aspecto, podemos decir exactamente lo mismo, se define como monoteísta. Kent, en su XIXª conferencia (recogida y transcrita por sus alumnos) sobre Filosofía homeopática[11], declara su fe en Dios y en la revelación divina como un hecho histórico referido a los orígenes de la humanidad y de la enfermedad del hombre. Tenemos conocimiento de su adscripción religiosa por su pertenencia a la Nueva Iglesia del Señor, al igual que otros homeópatas americanos contemporáneos a él (Garth Wilkinson[12], Constantine Hering, Otis Clapp, Hans Gram, John Ellis, etc.). En relación a su filiación de pensamiento, se ha discutido mucho la influencia de Swedenborg[13], llegando a conclusiones claramente afirmativas tanto respecto a sus creencias religiosas como su repercusión en la reinterpretación de la doctrina homeopática. 2ª.- El hecho de que Hahnemann esté influido ( o incluso parezca parafrasear en algunas ocasiones[14]) por el pensamiento filosófico de uno de los grandes filósofos del Medioevo (Tomás de Aquino), a su vez influido por la filosofía griega (Aristóteles) a través de las traducciones y los comentarios de los pensadores árabes (Averroes), no es motivo suficiente para alinearlo a una de sus supuestas fuentes filosóficas inspiradoras de su doctrina médica, al igual que tampoco sería correcto considerar su pensamiento como aristotélico o referido a los autores árabes (Alfarabi, Algazel, Averroes, Avicebrón, Avicena[15], …) o a sus antecesores griegos (Cicerón, Aristóteles, Pitágoras, Sócrates, Platón, Ptolomeo, Plotino, Séneca, …) por el hecho de que de todos ellos puedan encontrarse trazas significativas en sus escritos. O considerar que su adscripción filosófica estuviera únicamente con los ilustrados[16], por el hecho de utilizar el lema acuñado por Immanuel Kant como introducción a su obra cumbre, el Órganon del Arte de Curar[17]: Aude sapere (“Atreverse a conocer”). Cosa nada extraña teniendo en cuenta que durante el s. XVIII seguía vigente en Europa la filosofía de la Ilustración, cuyos máximos exponentes, Immanuel Kant (1724-1804) y Auguste Comte (1798-1857), se opusieron precisamente al Cristianismo. Tampoco hace falta recordar aquí a su tantas veces aludido precursor alquímico en muchos conocimientos de la preparación de los medicamentos y principalmente en el principio de la similitud, Theophrastus B. Paracelsus (1493-1541), cuya obra el propio Hahnemann niega haber conocido[18], aunque se refiere a él en la introducción del Órganon. Consideramos más correcto analizar sin prejuicios el pensamiento de Hahnemann dentro de su contexto socio-histórico y teniendo en cuenta las variadas influencias que en él pueden confluir a partir de sus conocimientos de otras lenguas (sánscrito, latín, griego, árabe, …), de otras filosofías e, incluso, de otras religiones. Por ejemplo, de la misma forma que Masi Elizalde comenta la proximidad conceptual de la definición hahnemanniana de fuerza vital al concepto tomista de alma vegetativa, también, ampliando horizontes para ser más objetivos, podríamos analizar la similitud del concepto de fuerza vital con otros conceptos energéticos de otros pensadores y otras filosofías: la physis y la dynamis[19] hipocráticas –conceptos básicos de la Medicina Tradicional Griega (Medicina Hipocrática), el chi de los chinos –base doctrinaria fundamental de la Medicina Tradicional China-, el prãna del hinduismo –concepto clave dentro de la Medicina Tradicional Hindú y de la Medicina Tibetana (Medicina Ayurvédica), la quinta essentia alquimista, etc. 3ª.- A tenor de las referencias y las alusiones concretas de Hahnemann, se puede sostener definitivamente que creía en un solo Dios, Creador de todo el Universo y de todas las criaturas vivientes, es decir, su religión era monoteísta. Por lo tanto, en este punto, estamos totalmente de acuerdo con el Prof. Masi Elizalde, que ha hecho ver lúcidamente que “el elevado fin de la existencia humana” que proclama Hahnemann en el § 9 de su Órganon no es otro que “el gran espíritu al que adoran los habitantes de todos los sistemas solares”, tal como especifica al inicio de su obra Esculapio en la balanza[20]. Aprovechamos también esta ocasión para insistir en la necesidad de una valoración crítica cuidadosa y extremadamente imparcial y objetiva para determinar las posibles influencias cosmo-teológicas en los escritos de Hahnemann, para no llegar a suponer, por ejemplo, que el Maestro se basó en la filosofía de los indios Sioux porque en ellos la referencia a la Divinidad siempre aparece en términos de “Gran Espíritu”. Este ejemplo se nos muestra claramente absurdo debido a la lejanía geográfica, histórica y cultural, pero en otros casos esa lejanía se puede acortar considerablemente, con la posibilidad real de acceso a las literaturas y los textos fundamentales del pensamiento universal a través del conocimiento que Hahnemann poseía de las lenguas madre (sánscrito, latín, griego, árabe, …); y la proximidad se hace ya patente si echamos un vistazo general al pensamiento de su época, al pensamiento de la Europa de finales del s. XVIII y, en concreto, del Reino Alemán y Austro-Húngaro. Sin embargo, a este respecto, nos parece dudosa la crítica de Masi Elizalde a Paschero al considerarlo “panteísta” por el hecho de que Paschero al hablar de Dios lo asocia, siguiendo algunas tradiciones orientales no panteístas, a sus conceptos atributivos por excelencia, es decir, la Unidad, el Todo, el Ser, … Pero, ¡cuidado!, no es lo mismo decir: “Todo lo que existe es Dios” (panteísmo, según la clasificación de Spinoza), a decir: “Dios es la Totalidad, la Unidad, el Ser”. ¿Por qué insiste Masi Elizalde que “la filosofía ortodoxamente homeopática admite un Dios personal”, y que “el verdadero Pecado Original consistió en desconocer a nuestro Padre"? ¿Dónde dice esto Hahnemann, o Kent? Porque, -no por casualidad coinciden con la confesionalidad del autor (recuperada a partir del estudio y exégesis de la doctrina homeopática, según sus propias declaraciones)- los conceptos de “Dios personal” y de “Dios como Padre”, es decir, implicando la Trinidad divina, nos conducen irremediablemente a una única religión monoteísta: la cristiana. Con la que no coincide el maestro Paschero, quien, posiblemente gracias a la práctica de la meditación, adquirió un conocimiento no racionalista de la realidad que le permitía referirse a la Divinidad en términos más propios del conocimiento esotérico o de la experiencia mística. El hecho de limitarse a las referencias filosóficas dentro de la tradición cristiana hace sospechoso a su defensor de un exceso, aunque bienintencionado, de subjetivismo en sus apreciaciones. Sin embargo, eso no tiene porqué desmerecer el valor indudable del “modelo teórico referencial” tomado de la filosofía tomista, pero sí poner en duda su carácter hahnemanniano, y, por tanto, su pretendida condición de “modelo filosófico de la ortodoxia homeopática”, queriendo cerrar así una discusión que, en cambio, dejándola abierta permitiría el descubrimiento y la comparación con otros modelos alternativos. Creemos que la comprensión lógica de los hechos del mundo espiritual es imposible, porque en sí misma la lógica es una vía de conocimiento de los fenómenos del mundo material. Para el conocimiento real y directo de los fenómenos espirituales existen otros caminos, por ejemplo, la Mística. Si leemos las concepciones de Dios en místicos de diferentes religiones (San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Ibn Al-Arabi, Rumi, Maimónides, Patanjali, Nâgârjuna, Shankara, Radhakrishnan, Lao-Tsu, Chuang-Tsu, etc.), encontraremos coincidencias muy notables; en todos ellos se repite la idea de Dios como el Ser Supremo por excelencia, la Unidad, el Todo, la Realidad, la Consciencia Suprema; y es, precisamente, por ello que muchos místicos han sido considerados en sus épocas como peligrosos o herejes por sus ideas, que chocaban frontalmente con las concepciones lógicas de las autoridades teológicas respectivas. En este sentido, es importante no confundir Teología con Mística. Parece caer en este error el Prof. Masi Elizalde al considerar las ideas expuestas por el Dr. Paschero como panteístas, al utilizar Paschero términos del lenguaje de los místicos, mientras su crónico discípulo se subleva pretendiendo entenderlo con el lenguaje de la lógica (y la teología), y desde éste hace su crítica feroz a lo que él considera una aberración del pensamiento, cuando la aberración consiste en utilizar la Lógica más allá de sus posibilidades como instrumento intelectual, y querer encerrar a Dios entre cuatro paredes, adjudicándole atributos propiamente humanos (antropomorfismo, relación paterno-filial, el resultado de la Creación totalmente separado y externo a Su Creador, etc.…). Pretensión intelectual común a los teólogos de todas las religiones (¡Tomás de Aquino incluido!), en contradicción con la visión y el conocimiento iluminado de los místicos de esas mismas religiones. En este mismo error parece caer también nuestro apreciado compañero el Dr. Joaquín Peleteiro en su exposición de la concepción del hombre desde diversas filosofías y religiones[21]. En su trabajo alinea en una concepción “dualista” del hombre a filosofías tan dispares como la griega (Platón), la Gnosis pre-bíblica y los Gnósticos del s. IV, San Agustín (s. IV), la Reforma de Lutero, el Hinduismo Vedanta, el Islam, la Teosofía, la Alquimia; considerando al Hinduismo Vedanta y al Islam como “dualistas” por panteístas. A la luz de su análisis “lógico”, la concepción “unitaria” del hombre se convierte en propiedad exclusiva de la Tradición cristiana (Bíblica, Padres Apostólicos, Santo Tomás de Aquino). Curiosamente si revisamos la bibliografía consultada por el autor para realizar este estudio, nos encontramos con varios hechos destacados: 1- Los autores y las fuentes del Cristianismo son teológicos. 2- Los autores y las fuentes del Islam, la Teosofía, la Alquimia y el Hinduismo son místicos y esotéricos. 3- Las referencias helénicas son filosóficas. 4- No se utilizan referencias de místicos cristianos (San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús). 5- No se utilizan referencias filosóficas ni teológicas del Islam y el Hinduismo. En resumen, se mete en el mismo saco Teología, Mística y Filosofía, y a partir de ahí se intenta una comparación imposible entre las concepciones lógicas de la Teología, las ideas esotéricas de la Mística y las elucubraciones metafísicas de la Filosofía, además desde diferentes cosmologías, algunas casi opuestas. Y es entonces que se cae en el error de considerar “panteístas” las experiencias subjetivas de los místicos, cuando el panteísmo es un concepto del campo de la Teología y no tiene nada que comparar con la Mística, porque en aquélla no se experimenta sino que se analiza lógicamente, al igual que en Filosofía se especula objetivamente. Si hubiera hecho una comparación equivalente entre teologías, filosofías y místicas, es más fácil que se hubiera encontrado con coincidencias dentro de ellas. Generalizando, desde la Mística, con la óptica de Joaquín Peleteiro, todas las concepciones serían “dualistas”, tanto las cristianas como las demás, porque todos los místicos en todas las épocas han hablado de su experiencia vivencial de la Unidad esencial de todo lo viviente. Desde la Filosofía la visión del hombre tendería a ser también “dualista”, con algunos intentos de unitarismo (teórico). Desde la Teología (la “Lógica de Dios”) existen ideas para todos los gustos en todas las tradiciones, tanto “dualistas” como “unitarias”. En conclusión, el trabajo de Joaquín Peleteiro deja la cuestión abierta y totalmente irresoluta. Pero no es éste el lugar para seguir con su crítica. Solución al artículo 1. Hay que decir: No se puede sostener sin albergar dudas razonables que la filosofía subyacente en los escritos de Hahnemann sea tomista. O mejor dicho: No se puede sostener con suficientes argumentos que la filosofía subyacente en los escritos de Hahnemann sea tomista. Sólo podemos decir que Hahnemann es monoteísta, como claramente expresa en algunos de sus escritos, pero no que se base en un determinado enfoque religioso o filosófico. El pensamiento de Hahnemann estuvo seguramente influido por Tomás de Aquino al igual que por otros muchos pensadores anteriores y contemporáneos. La filosofía ortodoxamente homeopática no tiene porqué apoyarse exclusivamente en la filosofía tomista, no tiene porqué creer en un Dios personal, ni en el pecado original como origen metafísico de la enfermedad. C. 1 ARTÍCULO 2 ¿EL SOSTENER QUE EL PENSAMIENTO DE HAHNEMANN SE BASA EN EL DE TOMÁS DE AQUINO ES CONDICIÓN IMPERATIVA PARA TOMAR COMO MODELO DE REFERENCIA EXCLUSIVO LA TEOLOGÍA, LA FILOSOFÍA, LA PSICOLOGÍA Y LA LÓGICA TOMISTAS? Incluso si partimos de la convicción o de la deducción de que la Teología de Tomás de Aquino es la base metafísica de referencia en la que se sustenta todo el edificio teórico de Hahnemann, elaborado, eso sí, desde la experimentación (clínica y patogenésica), éste no es motivo suficiente para colocar en el mismo nivel de importancia y de implicación a todos aquellos conocimientos que integra Tomás de Aquino en su Summa Theologicæ[22], conocimientos pertenecientes a diversas ramas del saber humano (Filosofía, Psicología, Ética, Lógica, …), que, antes y después de la escolástica, han logrado un desarrollo considerable, en el proceso histórico del cual Tomás de Aquino es un eslabón más, por muy importante que se considere, como importante es cualquier peldaño de una escalera, pero ni siquiera podría tenerse por imprescindible. Solución al artículo 2. Hay que decir: El sostener que el pensamiento de Hahnemann se basa en el de Tomás de Aquino no obliga a tomar como modelo antropológico de referencia exclusivo el conjunto de conocimientos del Tomismo. C. 1 ARTÍCULO 3 ¿TIENE ALGÚN INTERÉS PARA EL MÉDICO HOMEÓPATA EL ESTUDIO DEL PENSAMIENTO DE TOMÁS DE AQUINO? Sí, siempre y cuando alguna de las disciplinas (Teología, Filosofía, Psicología, Lógica, …) que Tomás de Aquino desarrolló aporten alguna luz, alguna forma de conocer al hombre acorde con los planteamientos antropológicos propios de la Homeopatía. No por ello vamos a considerarlo como el único pensador del que los homeópatas podamos nutrirnos intelectualmente; por lo tanto, la búsqueda de conocimientos, de modelos antropológicos referenciales, puede hacerse extensible a cualquier otro pensador que haya aportado algo consistente a este respecto, y cuyas premisas se alejen de las filosofías materialistas (es decir, en la línea de las corrientes vitalistas, espiritualistas, metafísicas, …). Solución al artículo 3. Hay que decir: Tiene interés para el médico homeópata el estudio del pensamiento de Tomás de Aquino, al igual que el pensamiento de muchos otros pensadores en diversos campos del saber humano, siempre que ayuden en la comprensión del sufrimiento del ser humano en vistas a procurarle alivio. C. 2 ARTÍCULO 1 ¿ESTÁ SUFICIENTEMENTE CLARO Y EXPLÍCITO EN LOS ESCRITOS DE HAHNEMANN EL CRITERIO DE QUE EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD HUMANA ES EL “PECADO ORIGINAL”? Objeciones a favor: Para defender el criterio del pecado original como origen de la enfermedad del hombre el Prof. Masi Elizalde se refiere más concretamente a autores posteriores a Hahnemann (Kent, Allen, Ghatak, …), porque ellos sí sostienen dicho criterio. Pero en Hahnemann sólo se encuentran citas indirectas y muy generales referentes a la trascendencia del ser humano y al origen metafísico de la enfermedad. Solución al artículo 1. Hay que decir: No está suficientemente claro y explícito en Hahnemann el criterio de situar el origen de la enfermedad humana en el pecado original. O mejor dicho: No está en absoluto claro en Hahnemann el criterio de situar el origen de la enfermedad humana en el pecado original. C. 2 ARTÍCULO 2 Suponiendo afirmativa la respuesta a la Cuestión 2, artículo 1, ¿EL CONSIDERAR QUE EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD HUMANA ES EL PECADO ORIGINAL, ES UNA TEORÍA ESPECÍFICA Y EXCLUSIVA DE LA FILOSOFÍA TOMISTA? Parece evidente que no. El concepto de “pecado original” proviene de la Tradición bíblica, por tanto muchos autores de la Tradición Judeo-Cristiana anteriores y posteriores a Santo Tomás de Aquino se refieren a él. Pero, además, si atendemos al significado metafísico o teológico de “pecado original”, es decir, “el apartamiento de Dios y de su Orden” (tal como escribe Masi Elizalde[23]). Esta idea no la vemos tampoco tan alejada de la de Paschero, cuando al situar el origen de la enfermedad en la separación de la Unidad, en la separación del Todo, en la Dualidad[24], coincide con ideas filosóficas de otras tradiciones, especialmente orientales. De donde concluimos que existen diversas filosofías que concuerdan, en sus planteamientos fundamentales, con la doctrina hahnemanniana, y de todas ellas, posiblemente, podrían sacarse enseñanzas útiles para la mejor y más completa comprensión del ser humano. De hecho, el propio Masi Elizalde da por válida, en su metodología de estudio de la Materia Médica, cualquier información que provenga de la Tradición Universal (Simbología, Mitología, Cosmologías, Etimología, …), aunque cuando se refiere a conocimientos de tipo filosófico, psicológico o teológico se remite unívocamente al Tomismo. ¿Por qué, al igual que utiliza los símbolos y los mitos de distintas tradiciones religiosas, no recomienda, al menos, las referencias lógicas, filosóficas, psicológicas y teológicas de todas esas tradiciones? ¿Por qué limitarse a un solo pensador en la historia de la humanidad? –Estas preguntas han sido objeto de crítica en los artículos 1, 2 y 3 de la Cuestión 1-. Nos parece detectar aquí un aspecto contradictorio del planteamiento del Prof. Masi Elizalde, que sólo puede ser justificable por un exceso de subjetivismo o parcialidad en el momento de analizar los textos del Maestro Hahnemann. Si no, ¿cómo se entiende que el mismo Masi Elizalde admita el significado simbólico de un objeto, otorgado tradicionalmente por el Cristianismo, la Kábala, la Astrología, el Hinduismo, el Islam, las tradiciones de los indios nortamericanos, etc., y, en cambio, no tenga ni siquiera en consideración el conocimiento lógico o analógico, psicológico, filosófico y teológico de esas mismas culturas diversas? ¿Por qué tiene que limitarse y reducirse obstinadamente a los textos de Santo Tomás de Aquino, cuando sus libros, por muy santo que se le haya canonizado, no tienen como fuente la Revelación divina; por lo tanto, ni siquiera desde un punto de vista estrictamente teológico los podemos tener por la Verdad, ni valorar sus conocimientos como infalibles, sino únicamente como una aproximación humana más, como tantas otras, por mucho que a su obra se le dé una importancia y relevancia superiores. Solución al artículo 2. Hay que decir: La teoría de que el pecado original sea el origen de la enfermedad humana no pertenece exclusivamente a la filosofía tomista, y menos aún si al concepto de “pecado original” le damos el significado de ‘separación de la Unidad’. A este respecto, existen diversas filosofías compatibles con los fundamentos teóricos de la homeopatía hahnemanniana. CONCLUSIONES El Prof. Masi Elizalde persistiendo en su convicción de adjudicar al pensamiento hahnemanniano la filiación tomista se convierte en estandarte de una nueva tendencia o escuela dentro de la homeopatía clásica u ortodoxa (unicista): -el tomismo de Masi Elizalde. Se añade pues a la demasiado larga lista de corrientes distintivas a partir del pensamiento hahnemanniano: el microbiologismo de Margaret Tyler, la escuela diatésica francesa de Roland Zissu y Dénis Démarque, la teoría minero-asimilativa de Roberts, el enfoque celuloérgico de Proceso S. Ortega, el constitucionalismo y psicoanalismo de Tomás P. Paschero, en fin el espiritualismo de Allen, Kent y Ghatak. Nuestro interés no está, sin embargo, en afiliaciones a ninguna escuela homeopática y a partir de ella seguir sus criterios dogmáticos, sino precisamente nos decantamos por aprovechar lo no dogmático de cada escuela para una mayor clarificación de los conceptos doctrinarios, y desde esa comprensión teórica avanzar en el desarrollo y el perfeccionamiento de la terapéutica, sobre todo aprovechando el diseño de estrategias terapéuticas más eficaces en determinados casos clínicos. Para ello, quisiéramos que esta pequeña aportación sirviera como apertura de un debate, que esperamos fructífero para el futuro de la Homeopatía. Esperamos las respuestas aclaratorias a todas las preguntas suscitadas en torno a las dos cuestiones fundamentales tratadas: la relación de la Homeopatía con el Tomismo y el Pecado Original. Agradecimientos Agradecemos al Prof. Masi Elizalde su gran esfuerzo intelectual en la elaboración de su “exégesis doctrinaria” para una reelaboración de la doctrina, técnica y materia médica homeopáticas más coherente y acorde con sus principios fundamentales y su práctica clínica y experimental (patogenesias). También queremos agradecer a nuestro colega y amigo Joaquín Peleteiro por su intento honesto de ampliar las referencias filosóficas y teológicas, adheridas hasta ahora a una corriente generalizante del pensamiento, poco definida en Homeopatía con el nombre de “vitalismo”, y demasiado confesional en el planteamiento del Prof. Masi Elizalde con el adjetivo de “tomismo”. Mi agradecimiento a los colegas que respondieron a mi solicitud de crítica y comentarios a este artículo antes de salir a la luz: Inmaculada González-Carvajal, Marcos Mantero, Juan Manuel Marín, Gonzalo Fernández, Enrique González. NOTAS: [1] Hahnemann,Samuel.- Organon de la Medicina, §15. [2] Masi Elizalde,Alfonso.- Concepto de enfermedad y curación, I-Introducción. ACTAS del Instituto Internacional de Altos Estudios Homeopáticos “James Tyler Kent”, Año I, Noviembre 1984, nº 1, pág. I-3. Buenos Aires. [3] Masi Elizalde,Alfonso.- Concepto de enfermedad y curación, I-Introducción. ACTAS del Instituto Internacional de Altos Estudios Homeopáticos “James Tyler Kent”, Año I, Noviembre 1984, nº 1, pág. I-3. Buenos Aires. [4] Parece ser que Kant resultaba demasiado abstracto, obscurantista e ininteligible para Hahnemann. (Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter XX., Vol. II, chapter XX) [5] Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter I. [6] Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter VII, XXI. [7] Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter XI. [8] Hahnemann nombra a Rousseau en Esculapio en la balanza, pág 200 (v. nota 19), para contradecirlo en una opinión sobre un asunto relativamente anecdótico. Por otro lado parece que Hahnemann fue educado por su padre según los principios de Rousseau. Además escribió un opúsculo, Manual para madres. J.J.Rousseau sobre la educación de los hijos, donde reprodujo los principios fundamentales de Rousseau. (Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter II, VII.) [9] Parece que era contrario a las teorías económicas de Adam Smith. (Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. II, chapter XII.) [10] Por citar otro importante autor homeopático consolidador del enfoque espiritualista de la Homeopatía, y al que Masi Elizalde hace expresas referencias. [11] Kent,James Tyler.- Filosofía de la Homeopatía. Ed. Albatros. Buenos Aires. [12] Uno de los primeros traductores de Swedenborg al inglés. [13] Treuherz,Francis.- The Origins of Kent’s Homœopathy. Journal of the American Institute of Homeopathy, vol. 77, nº 4, December 1984, pp. 130-149. Campbell,A.- The Two Faces of Homœopathy. London, 1984. Nicholls,P.- Homœopathy and the Medical Profession. London, 1988. Van Galen, Emil.- Kent’s hidden links: the influence of Emmanuel Swedenborg in the homœopathic philosophy of James Tyler Kent. Homœopathic Links, 3 (1994), pp. 27-38. Antón Pacheco,José Antonio.- Filosofía y homeopatía: la influencia de Swedenborg. Revista Española de Homeopatía, nº 3 (1996), pp. 19-21. [14] Hahnemann,Samuel.- Escritos Menores, Tomo I, Esculapio en la balanza, pág. 197 . Ed. Academia de Homeopatía de Asturias. Mieres (Asturias). Una de las citas clásicas en las que Hahnemann parafrasea a Tomás de Aquino (traducción del autor del artículo a partir de la traducción inglesa): “¡Oh hombre! ¡Qué sublime es tu linaje! ¡Qué grande y como-divino tu destino! ¡Qué noble el objeto de tu vida! ¿No estás tú destinado a acercarte subiendo por una escalera de impresiones sagradas, de actos que ennoblecen, de todos los conocimientos sagaces, hacia el Gran Espíritu que adoran todos los habitantes del Universo? ¿Puede ese Espíritu Divino que te dio tu alma y te dio alas para tales altas empresas, haber designado que debieras ser oprimido desamparada e irremediablemente por esos trastornos corporales triviales que llamamos enfermedades? ¡Ah, no! El Autor de toda la bondad, cuando permitió que las enfermedades dañaran a sus hijos debió haber dictado los medios por los cuales esos tormentos pudieran ser disminuidos o removidos. Vamos a trazar las impresiones de esto, la más noble de todas las artes que ha sido consagrada para el uso de los mortales.” [15] De quien hace referencia por su condición de médico, como autor del famoso Canon de la Medicina. (Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. II, chapter XII.) [16] Ilustrado: perteneciente a la Ilustración, movimiento filosófico y literario del s. XVIII que se caracterizaba por la confianza en la razón para resolver todos los problemas de la vida humana. [17] Hahnemann,Samuel.- Organon de la Medicina. [18] Haehl,Richard.- Samuel Hahnemann. His life and work. Vol. I, chapter XI,XXI y XXVII. [19] Precisamente Hahnemann utiliza la palabra dynamis como sinónimo de fuerza vital, ya en la 5ª edición de su Organon del Arte de Curar, y todavía más en la 6ª (por ejemplo, § 15). [20] Hahnemann,Samuel.- Escritos Menores, Tomo I, pág. 197. Ed. Academia de Homeopatía de Asturias. Mieres (Asturias). [21] Peleteiro,Joaquín.- Puntos coincidentes respecto a la concepción del hombre, entre la Homeopatía y otros principios filosófico-religiosos. Actas de las 1as. Jornadas de Medicina Homeopática Unicista. Mallorca, Octubre, 1987. [22] Santo Tomás de Aquino.- Suma de Teología. Biblioteca de Autores Cristianos. La Editorial Católica. Madrid, 1988. [23] Masi Elizalde,Alfonso.- Concepto de enfermedad y curación, I-Introducción. ACTAS del Instituto Internacional de Altos Estudios Homeopáticos “James Tyler Kent”, Año I, Noviembre 1984, nº 1, pág. I-3. Buenos Aires. [24] Paschero,Tomás Pablo.- Homeopatía. 2ª ed. Ed. El Ateneo. Buenos Aires, 1983. En la “Clase Inaugural del Curso de Homeopatía del año 1983” (pág. 483) encontramos un ejemplo del pensamiento de Paschero al respecto: “La experiencia clínica revela que ningún enfermo se cura si no tiene la voluntad de curación, el deseo de curarse, de encontrarse a sí mismo, de estar en paz consigo mismo, de cumplir con la necesidad de ir creciendo, desarrollando sus facultades, sus capacidades de energía, inteligencia y afectividad o amor que implican su conciencia de ser, y esta voluntad de ser condiciona el cuerpo y el alma en un solo sentido, una sola dirección: la realización personal en la unión con el Todo, con la mente universal.” Publicado en la Revista Española de Homeopatía. 2006; 18: 41-48. Click Here to Read More.. Publicado por Isidre Lara i Llobet 1 comentarios Etiquetas: Crítica homeopática, Epistemología homeopática, Historia de la Homeopatía
|